Roma republicana: La amenaza gala

A principios del siglo IV a.C., una grave amenaza ponía en peligro la supervivencia tanto de etruscos como de romanos. A lo largo de los siglos anteriores, habían llegado en sucesivas oleadas desde los Alpes grupos de guerreros semibárbaros que habían acabado por establecerse en el valle del río Po y ocupar los asentamientos etruscos al norte de los Apeninos. Eran los celtas, o galos, como les llamaron los romanos.
Roma republicana: Las guerras latinas

Durante la monarquía, los distintos reyes habían conseguido ejercer el control sobre buena parte del Lacio. Sin embargo, durante los primeros años de la República romana hubo ciertas ciudades o tribus vecinas que se oponían a dicha expansión y que también pretendían controlar esta zona. Estas comunidades, que, aunque vivían de forma independiente compartían la misma lengua y las mismas creencias religiosas, estaban agrupadas en una coalición llamada Liga Latina.
Roma republicana: Las guerras samnitas

Las guerras entre la República romana y las tribus que habitaban en el Samnio, en la Italia central, se prolongaron durante 67 años, entre los siglos IV y III a.C. El conflicto se desencadenó como consecuencia del choque entre las miras expansionistas de ambos pueblos, en pugna por conseguir el dominio sobre los fértiles territorios del centro y sur de la península Itálica.
Roma republicana: Origen

La expulsión de Tarquinio el Soberbio, que según la tradición tuvo lugar en el año 509 a.C. por parte de un grupo de patricios, marcó el paso de la Monarquía a la República, la forma de gobierno que regiría el destino de la ciudad de Roma hasta el año 27 a.C. En un primer momento las magistraturas estaban reservadas a los patricios, pero pronto la plebe se rebeló y obtuvo una serie de concesiones fundamentales: la creación de la magistratura de los tribunos de la plebe, la redacción por escrito de las leyes (Leyes de las XII tablas), hasta aquel momento transmitidas de forma oral e inspiradas en las reformas de Solón en el gobierno griego, y finalmente la admisión al consulado (Leyes Licinias-Sextias).
Roma republicana: Patricios y plebeyos

En los primeros tiempos de la República, solo los patricios (clase social alta y privilegiada) podían acceder a los cargos públicos, y por tanto eran quienes controlaban el poder. De hecho, no solo las magistraturas estaban reservadas a los patricios, también en los Comicios Centuriados (que eran las asambleas populares en las que se elegían a los magistrados más importantes del estado) su voto tenía un peso superior al de los plebeyos (clase social baja compuesta por trabajadores libres, artesanos y pequeños agricultores), que constituían la gran mayoría de los ciudadanos romanos. Esta situación originó desde el principio de la República un malestar generalizado entre los plebeyos, que en el año 494 a.C. recurrieron a un acto de desobediencia para reivindicar sus derechos: ante la amenaza exterior de otras poblaciones latinas, los plebeyos se negaron a empuñar las armas y abandonaron la ciudad para retirarse al monte Aventino.
Roma republicana: Primeras monedas

Durante los primeros tiempos de la República romana, las transacciones comerciales se realizaban básicamente a través del intercambio directo de mercancías o servicios, aunque existía una unidad muy utilizada para valorar el coste de ciertos productos, el ganado. Este sistema de trueque, muy práctico en sociedades rurales y poco desarrolladas, empezó a sustituirse por el pago con grandes piezas irregulares de bronce, conocidas como “aes rudes”.
Roma: Creencias religiosas

La religión romana se fue conformando en sucesivas etapas, aunque mayoritariamente se basó en desviaciones procedentes de la mitología griega. Esta influencia se asentó sobre una religiosidad antigua, de tipo animista, que se mantuvo sobre todo en los cultos familiares. También se dio una absorción de divinidades locales a medida que el imperio romano conquistaba nuevos territorios. Roma solía conceder a los dioses propios de los pueblos sojuzgados los mismos honores que a los dioses antiguos que habían llevado consigo.
Roma: Imperio

Expansión del Imperio Romano.
En un principio, tras su fundación en el año 753 a.C., Roma fue una Monarquía etrusca. Más tarde, en 509 a.C., se convirtió en una República del Latio y, finalmente en el 27 a.C., en un Imperio. El lugar fundacional de la ciudad de Roma se sitúa en lo alto del monte Palatino, junto al río Tíber. A partir de ahí, la ciudad se extendió por otras seis colinas llamadas Aventino, Capitolino, Quirinal, Viminal, Esquilino y Celio.
Roma: Legado cultural
El legado cultural de Roma es tan vasto y diversificado como la extensión de territorio que abarcó su imperio y la variedad cultural de los pueblos que sojuzgó.
El latín

Inscripción en latín antiguo con una oración.
La imposición del latín como lengua oficial del Imperio romano se tradujo en la configuración, por primera vez, de un "lenguaje universal" -por supuesto, a la medida del universo entonces más o menos hegemonizado por su civilización- que sirviese de puente y elemento homogeneizador entre culturas de diferente signo lingüístico. Hasta la actualidad, el latín sigue siendo reivindicado por la Iglesia Católica como lengua "urbis et orbis" -textualmente, "para toda la ciudad y para todo el mundo"- y, de hecho, todavía lo utiliza en sus rituales religiosos y en los edictos y proclamas destinados a normatizar la vida de sus seguidores.
Roma: Monarquía

Mapa ilustrado del Imperio Romano.
La leyenda dice que el vuelo de las aves decidió el lugar y el momento exactos del nacimiento de Roma. Rómulo, quien junto con su hermano Remo había sido rescatado del Tíber y alimentado por una mítica loba, supo interpretar lo que era un guiño de los dioses. Con la estela de una bandada de pájaros, Júpiter trazó en el cielo el escenario reservado para una nueva ciudad, cuyo destino no podía ser otro que imperial.