Roma republicana: Primeras monedas

Durante los primeros tiempos de la República romana, las transacciones comerciales se realizaban básicamente a través del intercambio directo de mercancías o servicios, aunque existía una unidad muy utilizada para valorar el coste de ciertos productos, el ganado. Este sistema de trueque, muy práctico en sociedades rurales y poco desarrolladas, empezó a sustituirse por el pago con grandes piezas irregulares de bronce, conocidas como “aes rudes”.
Sin embargo, como el valor del cobre dependía de su peso, y los “aes rudes” no estaban fabricados con una forma y un peso concreto y fijo, este sistema se reveló poco práctico, pues requería ir pesando las piezas de bronce para conocer exactamente su valor. Así fue como entre los siglos V y III a.C., apareció el “aes signatum”, que eran también grandes piezas de bronce, pero con un tamaño (en forma de paralelepípedo) y un peso fijos y determinados por el Estado.

Las nuevas conquistas permitieron la expansión del pueblo romano por gran parte de la península Itálica y el incremento de las actividades comerciales con otras ciudades y puertos, lo que hizo preciso una forma de pago más eficaz. En ello andaban cuando en el año 281 a.C. Roma inició una guerra contra la ciudad griega de Tarento, en el sur de Italia, y entró en contacto con su sistema monetario. Así nacieron las primeras monedas de plata (conocidas como romano-campanas), que imitaban el estilo griego, con la inscripción y las figuras de Marte y Apolo, y una cabeza de caballo, y que seguramente fueron acuñadas en las cecas de Nápoles.

Pocos años después (alrededor del año 268 a.C.) Roma acuñó su primera moneda de plata, el denario, que se convirtió (junto con sus divisiones: quinario, sestercio, etc.) en el patrón monetario hasta el año 46 a.C.; el patrón plata sustituía así al patrón cobre representado por el as (aes). Estas primeras monedas lucían por una cara la efigie de una Roma personificada, tocada con casco, y por la otra la imagen de los Dioscuros (Cástor y Pólux).
A finales del siglo III a.C. se produjo una emisión de piezas de oro (el áureo), pero la moneda no entró en curso hasta la finalización de la Segunda Guerra Púnica, en el año 201 a.C. El uso de estas monedas no se generalizó hasta la época de Julio César, y particularmente hasta el año 46 a.C., en que el patrón plata se vio atacado por el curso regular y continuo del áureo, una moneda que, resultaba de gran utilidad para sufragar los gastos que comportaba el afán expansionista de Roma.

Un denario equivalía a diez ases y se marcaba con una X. Un áureo equivalía a 25 denarios. Del término “denario” deriva la palabra actual “dinero”. El origen de la palabra “moneda” procede de la época en que la ceca romana se situaba al lado del templo dedicado a la diosa Juno Moneta. Juno era la diosa del cielo y la luz, y el epíteto “moneta”, del verbo “Moner” significaba “advertir”, “avisar”.