Trayectoria de la política en la década de 1920: Francia
La recuperación
Las batallas más cruentas de la guerra de 1914 se habían efectuado sobre territorio francés y, en consecuencia, sus habitantes afrontaron la reconstrucción con heridas más profundas. Debido a la pérdida de alrededor de tres millones de vidas humanas, la población de Francia se redujo considerablemente a pesar de la incorporación de Alsacia y Lorena; el impacto demográfico fue todavía más grave si se toma en cuenta que las pérdidas humanas afectaron primordialmente a la población joven. Por otra parte, los efectos morales sobre la sociedad francesa eran muy intensos, y los antiguos combatientes, al enfrentar las dificultades de su reingreso en la vida civil, procuraron mantener las relaciones de amistad creadas durante el tiempo que pasaron en las trincheras, lo cual condujo a la formación de asociaciones de ex combatientes que, resentidos por la guerra, tendieron a considerar que la patria se encontraba en deuda con ellos.

Trayectoria de la política en la década de 1920: Gran Bretaña
La secuela de la guerra
Las pérdidas humanas de Inglaterra a causa de la guerra fueron muy inferiores a las de Francia, y el territorio británico no experimentó los destrozos materiales que sufriera ese país. La población civil no padeció las grandes privaciones de sus aliados continentales, pues aunque en Gran Bretaña hubo cierta escasez de víveres y prendas de vestir, no había desempleo y aumentaron en gran medida las instituciones de servicio social. Los más beneficiados fueron los obreros no calificados; la guerra redujo permanentemente la brecha entre sus tasas de salario y las de la fuerza de trabajo especializadas. Las pérdidas materiales también fueron pocas, y lo más grave fue el hundimiento de un 40% de la flota mercante, pero ésta se recuperó en poco tiempo. En el aspecto económico, el efecto más negativo se dio en la producción debido a la suspensión de muchas actividades y a que la industria se concentró en promover la fabricación de artículos demandados por la situación de guerra, en detrimento de los que serían necesarios en el futuro.

Trayectoria de la política en la década de 1920: Estados Unidos
La década de los veinte y el nuevo estilo de vida
Tras la Primera Guerra Mundial, las infraestructuras europeas estaban destruidas y los campos de cultivo arrasados. La necesidad europea de ayuda externa para la reconstrucción convirtió a Estados Unidos en la primera potencia económica mundial. Así, consolidó su participación en el comercio mundial y fue el principal acreedor de los países europeos.

La etapa de prosperidad
La Primera Guerra Mundial no significó para los estadounidenses la dolorosa experiencia que vivieron los países europeos. En corto tiempo, salieron de una guerra lejana que no llegaron a comprender del todo y que, por una parte, no les dejó secuela de ruinas materiales y, por otra, les abrió los mercados que habían monopolizado Francia e Inglaterra. Además de muerte y destrucción, la guerra como algo paradójico trajo aparejada una serie de desarrollos tecnológicos aplicables en la vida civil. Pasada la confrontación, por un período se reanimó la economía, con base en la electricidad, los motores de combustión, la utilización del carbón y la aplicación con mayor amplitud de la química, en particular en la agricultura. A lo anterior se agrega la organización de la producción, conforme al criterio de la racionalización.
Régimen de Stalin en la Unión Soviética
Aunque ideológicamente opuesta a las dictaduras de Mussolini y Hitler, también Rusia estableció un régimen dictatorial y totalitario durante el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial. Tras la muerte de Lenin, en 1924, dirigentes como Stalin, Trotsky, Kamenev y Zinoviev, se disputaron la sucesión en el poder. Fundamentalmente entre Trotsky y Stalin que tenían caracteres y posiciones políticas diferentes.

Periodo entreguerras: Ajustes territoriales y nuevos Estados europeos
Los acuerdos internacionales de paz permitieron la creación de nuevas naciones y el restablecimiento de otras que habían estado bajo el dominio de los imperios vencidos en la Primera Guerra Mundial; además establecieron severas sanciones contra los países derrotados, particularmente contra Alemania. El panorama geopolítico de Europa surgido de esos acuerdos presentaba importantes transformaciones.

Periodo entreguerras: El problema de las reparaciones y el desarme alemán
En 1921, la comisión encargada de evaluar la deuda alemana por concepto de reparaciones de guerra fijó un total de 132.000 millones de marcos oro, equivalentes a 35.000 millones de dólares. Ésta era una enorme suma de dinero que Alemania no estaba en condiciones de pagar, en opinión del economista John Maynard Keynes quien participó como representante británico en la comisión. Además, Alemania debía entregar a los Aliados toda su flota mercante, todos los ferrocarriles, y parte de su producción de carbón y hierro. Esas exigencias eran exorbitantes, sobre todo en las circunstancias por las que atravesaba Alemania que, devastada por la guerra, era reducidas sus zonas industriales y disminuida su población como resultado de la cesión de territorios a que fue obligada por los acuerdos internacionales de paz.

Periodo Entreguerras: Los Tratados de Locarno
El "Espíritu de Locarno" y la distensión internacional
En 1925, continuaban en pie las tensiones provocadas por los tratados de paz firmados tras la guerra.

En febrero de 1925, el canciller G. Stresemann (1878-1929) anunció la disposición de Alemania a firmar un tratado en el que se garantizara el respeto a las fronteras establecidas en Versalles. Esta iniciativa constituía un giro radical en la posición alemana, que hasta ese momento había mantenido un abierto rechazo hacia los acuerdos establecidos por las potencias vencedoras. La reunión respectiva se realizó en Locarno, Suiza, entre los días 5 y 16 de octubre de 1925 con la participación de los ministros de Inglaterra, Francia, Alemania e Italia, además de los representantes de Bélgica, Polonia y Checoslovaquia.
La Sociedad de Naciones
En el periodo final de la Primera Guerra Mundial, la paz impuesta escindió a Europa entre los Estados partidarios de conservar los principios de Versalles y los que, con Alemania a la cabeza, deseaban revisarlos a su favor. Ante la inestabilidad que hacía prever la nueva situación, e inspirada en la filosofía del presidente Wilson, se creó en París una nueva organización internacional, la Sociedad de Naciones.

La Revolución mexicana

A partir de 1910 en México se dieron una serie de transformaciones políticas que cambiarían en adelante el curso de su historia. Pero más aún, la Revolución mexicana influiría considerablemente en varios aspectos de América Latina, haciendo evidentes los cambios que se estaban gestando con el inicio del siglo XX en la sociedad, la economía, las clases políticas y la mentalidad de la población. La Revolución mexicana fue el primer movimiento social revolucionario ocurrido en Latinoamérica en el siglo XX. Sus ideales pretendían configurar una ciudadanía mexicana plena de derechos y libertades políticas, así como el mejoramiento de las condiciones sociales de los pobladores, principalmente el alfabetismo y el acceso a la tierra. La creación de una Constitución, en 1917, fue el logro más importante de este movimiento.
La República de Weimar
Establecimiento de la República
En el verano de 1918 estaba claro, incluso para los militares y nacionalistas más exaltados, que Alemania había perdido la guerra. El intento del gobierno por desviar las tensiones sociales internas hacia aventuras imperialistas en el exterior había fracasado, y ahora tendría que enfrentarse a esas tensiones sociales magnificadas por la derrota.

La gran depresión
La caída de la Bolsa de Nueva York en 1929 fue el punto de partida de una gran crisis económica mundial que marcó la década de los años treinta. Fue la crisis de mayor trascendencia en el sistema capitalista, pues afectó a todos los países, a todos los sectores económicos, a todas las clases sociales.

Su intensidad fue de tal magnitud que provocó una profunda transformación en el sistema capitalista. La catástrofe no sólo adquirió dimensiones económicas y sociales, sino también emocionales e ideológicas, y desintegró la confianza en el modelo de la prosperidad americana. Además, la depresión agravó la crisis del Estado liberal y favoreció el ascenso del nazismo, que condujo a la Segunda Guerra Mundial.
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