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Fernando de Magallanes

Fernando de Magallanes (1480-1521), también conocido como Hernando de Magallanes, fue un explorador y navegante portugués al servicio de España, que dirigió la primera ex­pedición que circunnavegó la Tierra, aunque él no pudo completar el viaje, ya que murió en plena travesía.

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El saber humano

La palabra saber 

Kant

La palabra saber tiene muchas significaciones. Se ha dicho en tér­minos generales, que consiste en conocer las cosas con certeza, es decir, con un conocimiento firme y suficiente. Más correctamente el filósofo alemán Immanuel Kant, lo define como "el asentimiento suficiente, tanto desde el punto de vista sub­jetivo, es decir desde el sujeto que observa, como desde el punto de vista objetivo, es decir desde el fenómeno que se deja observar". 

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Origen de la filosofía

Inmersos en nuestra cotidianidad y en la necesidad de atender los asuntos urgentes -las responsabilidades, los deberes, el trabajo, la supervivencia- , rara vez tenemos la oportunidad de plantearnos las preguntas de las que se ocupa la filosofía. Sin embargo, la filosofía ronda nuestra vida como un espíritu tute­lar; sin previo aviso se nos revela envuelta en una especie de hálito mágico y nos saca de la monotonía de la vida práctica. 

Así entendieron la filosofía algunos autores clásicos, como Boecio, quienes la imaginaron como una hermosa mujer que se ocultaba detrás del velo de los asuntos cotidianos, detrás de lo obvio, de lo evi­dente, algo así como una sombra que invitaba a dudar de lo estable­cido, de las convenciones de cualquier índole que se admiten como claras e incontestables.

Boecio y la filosofía

"Boecio y Filosofía" de Mattia Preti, Siglo XVII.

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¿Cuándo hablamos de filosofía?

¿Por qué hacemos lo que hacemos? 

Diariamente realizamos muchas actividades: en la casa, en el colegio, en la calle, en el parque… Para realizar bien nuestros deberes debemos comprender por qué los hacemos y de qué forma los podemos llevar a cabo. Cuando nos damos cuenta que realizamos bien estos deberes, nos sentimos más  seguros de nosotros mismos y emprendemos la siguiente actividad con una mejor disposición.

El pensador

El pensador. Auguste Rodin.

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Indicadores demográficos

El indicador

Las fuentes de información suelen arrojar lo que se conoce como infor­mación básica o en bruto. Sin embargo, para lograr caracterizar ciertos aspectos de la población analizada, la demografía realiza unos cálculos matemáticos a partir de dicha información, los cuales reciben el nombre de indicadores demográficos, los cuales, según las Naciones Unidas, "son estadísticas que nos facilita estudiar dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos con respecto a determinados objetivos y me­tas, así como evaluar programas específicos y determinar su impacto". Es importante anotar que la demografía no es la única disciplina que utiliza indicadores. De hecho, buena parte de las ciencias sociales lo hacen, destacándose entre ellas la economía.

La demografía se interesa por construir y utilizar indicadores acerca de los movimientos de la población.

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Demografía

Demografía

La demografía es la ciencia que estudia la población humanadescribe y explica los fenómenos referentes al proceso de poblamiento, la composición, el crecimiento y la distribución de la población humana. La demografía también estudia los factores que influyen en la localización y el número de personas: los nacimientos, la mortalidad, la fecundidad, la esperanza de vida y los movimientos de población como migraciones y emigraciones.

La actividad de calcular la población se vol­vió más compleja con el desarrollo del método científico y de la ciencia moderna. De esta forma, la descripción cuantitativa de la población progresó al tener en cuenta diversas variables como: el total de la población, su composición al considerar el número de hombres, mujeres, niños, adultos; la pertenencia étnica; y el análisis de las variaciones periódicas de los grupos y del total de la población, a partir de la medición de los nacimientos, las muer­tes y la migración.

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Historia de la filosofía: Grecia y Roma

Historia de la filosofía: Grecia y Roma

Desde sus orígenes más remotos la filosofía ha intentado ofrecer una explicación de la existencia y una visión racional de la realidad, por ello puede considerarse como la primera ciencia o el primer conocimiento científico apartado de la magia. El origen de la palabra es griego y significa literalmente amor a la sabiduría (filos, amor; sofía, sabiduría), sin embargo, hoy la definiríamos como método racional de conocimiento que congrega las diversas ramas del saber.

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Egipto: Mitos y creencias


Akhenatón y su familia adorando al dios Atón durante el período monoteísta del Antiguo Egipto

El mundo religioso de los anti­guos egipcios, por la multitud de creencias que conjugó y su prolongada permanencia en el tiempo, resulta complejo. De carácter po­liteísta, la religión oficial, como todos los credos, pretendía dar respuesta a todos los interrogantes de la vida, en especial el de la muerte. A diferencia de lo que ocu­rría en otras civilizaciones, como, por ejemplo, la griega, la religión egipcia no mostraba desarrollos míticos con rela­ción a los dioses, ya que sus deidades, por exigencia de la propia naturaleza teocrá­tica de la sociedad, tendían a revestir un carácter absoluto e inmodificable. Sí, en cambio, existían mitos referidos a los grandes procesos de la realidad, co­mo, por ejemplo, la creación del mundo.

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Grecia: Legado cultural y filosófico

Los Juegos Olímpicos


"Discóbolo de Mirón". Así se le llama a esta famosa escultura griega realizada por Mirón de Eleuteras al rededor del 455 a.C. Representa a un atleta en el instante anterior al lanzamiento del disco.

Según la tradición, el rey de la Élide, próxima al santuario de Zeus en Olimpia, organizó en 776 a.C. la primera olimpíada en honor del supre­mo dios de la religión griega. Un tor­neo de diversas competencias gimnásticas y militares (carreras, lanzamiento de disco y jabalina, ar­quería, pugilato, etc.) que desde entonces y cada cuatro años congregó pacíficamente a las poblaciones del Egeo. El evento se constituyó en un símbolo de la profunda identidad que ligaba a ese infinito conglomera­do de ciudades que jamás aceptarían ser subsumidas en un Estado unifica­do. El premio para las diversas prue­bas era la rama de olivo que ceñía al ganador e inscribía su nombre en la historia de los juegos. Incluso, mu­chos de estos triunfadores accedie­ron al derecho de ser inmortalizados en una escultura que se erigía en el bosque cercano al templo. Miles de espectadores de la Hélade concurrí­an, difundiendo luego por el mundo la influencia de los valores estéticos y morales de la cultura griega.

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