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Egipto: Mitos y creencias


Akhenatón y su familia adorando al dios Atón durante el período monoteísta del Antiguo Egipto

El mundo religioso de los anti­guos egipcios, por la multitud de creencias que conjugó y su prolongada permanencia en el tiempo, resulta complejo. De carácter po­liteísta, la religión oficial, como todos los credos, pretendía dar respuesta a todos los interrogantes de la vida, en especial el de la muerte. A diferencia de lo que ocu­rría en otras civilizaciones, como, por ejemplo, la griega, la religión egipcia no mostraba desarrollos míticos con rela­ción a los dioses, ya que sus deidades, por exigencia de la propia naturaleza teocrá­tica de la sociedad, tendían a revestir un carácter absoluto e inmodificable. Sí, en cambio, existían mitos referidos a los grandes procesos de la realidad, co­mo, por ejemplo, la creación del mundo.

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Egipto: Nubia, el vecino del sur

Nubia, la tierra de los faraones negros.

La región que se extendía a lo largo del valle del Nilo entre la primera y la sexta catarata, llamada Nubia por los romanos y en la actualidad dividida en dos por la frontera entre Egipto y Sudán, fue en la Antigüedad un reino independiente muy codiciado.

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Egipto: Organización política y social


Pirámide Social del Antiguo Egipto

La organización social y política del Antiguo Egipto, de carácter teocrática, se basó en la relación entre la dimensión religiosa y la subsistencia básica que dependía del Nilo. Esta unidad entre la fe y la vida cotidiana prefiguró la concentración de todos los poderes, tanto materiales como espirituales, en un solo individuo: el faraón, que no en vano significaba “Gran Casa”. Como tal, ocupaba el puesto supremo en el gobierno y en la jerarquía sacerdotal, y al mismo tiempo era adorado como la divinidad suprema de un complejo panteón, al cual se sumaba la familia real.

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Egipto: Orígenes del pueblo egipcio

Orígenes del pueblo egipcio

El origen del pueblo egipcio es, todavía hoy, un tema controvertido. La mayoría de los egiptólogos lo consideran un pueblo de origen mixto en el que predominaría el elemento semítico, es decir, el de los descendientes de Sem, hijo de Noé. De ser así, los egipcios tendrían un origen asiático. En cambio, los historiadores de la Grecia clásica siempre creyeron que los egipcios procedían de una raza africana que habitaba en las regiones del sur del río Nilo y en Etiopía.

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Egipto: Período Tinita

Egipto: Período Tinita

La etapa correspondiente a las dos primeras dinastías egipcias (3000 - 2700 a.C.) se conoce como período tinita (o arcaico), llamado así porque Tinis, cerca de Abydos, en el Alto Egipto, es el lugar de origen de los primeros faraones. Manetón, sacerdote e historiador egipcio del siglo III a.C., afirmó que Tinis no solo fue cuna de los faraones sino también la primera capital del reino unificado, aunque no se han encontrado evidencias arqueológicas que lo corroboren. En cambio, se sabe que, poco después de la unificación, Narmer fundó en Menfis la capital del nuevo reino. Para su emplazamiento se eligió el simbólico lugar en el que el valle del Nilo se une al delta, la antigua región fronteriza entre el Alto y el Bajo Egipto. Menfis conservó su capitalidad durante buena parte del período dinástico.

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Egipto: Pirámides de Guiza

Pirámides de Guiza

El período conocido como Reino Antiguo, que va desde la unificación de los dos Reinos hasta el año 2200 a.C., fue la época de mayor esplendor de la historia egipcia. En esta etapa tres faraones de la IV DinastíaKeops, Kefrén y Micerino, erigieron las tres mayores pirámides de Egipto en la necrópolis de Guiza, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979.

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Egipto: Primer Período Intermedio

Mural en una necrópolis del Primer Período Intermedio en Heracleópolis

Dentro de la historia de la civilización egipcia el Primer Período Intermedio es una época de descentralización del poder, comprendido entre c. 2175 y 2040 a.C. A finales del Reino Antiguo (finales de la VI Dinastía), los efectos de las tensiones sociales acumuladas empezaron a dejarse sentir, y durante más de un siglo Egipto fue pasto de la anarquía y de la disgregación territorial, sufriendo desórdenes de varios tipos.

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Egipto: Ramsés II

Ramsés II capturando enemigos (un nubio, un libio y un sirio). Museo Egipcio de El Cairo.

Con una historia de vida entre la realidad y la leyenda, Ramsés II fue uno de los faraones más conocidos del Antiguo Egipto. Nieto de Ramsés I e hijo de Seti I, y a pesar de no ser el primogénito del faraón, Ramsés II fue el elegido por su padre para sucederle, de modo que actuó como corregente desde muy joven. Así, cuando en el año 1301 a.C. accedió al trono, tenía ya una larga experiencia en el gobierno del estado y en el campo de batalla.

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Egipto: Ramsés III y el declive del Reino Nuevo

Ramsés III. Detalle de relieve del Santuario del Templo de Khonsu.

Ramsés III es considerado el último gran faraón de Egipto. Perteneció a la XX Dinastía y gobernó entre 1184 y 1153 a.C. Sus victoriosas campañas contra los libios y su triunfo sobre los pueblos del mar, que amenazaban la continuidad del reino, dan una idea de la complejidad del momento histórico que le tocó vivir. A pesar de los esfuerzos para reverdecer la antigua gloria de Egipto, el reino de Ramsés III se vio sacudido por continuas tensiones sociales como, por ejemplo, la primera huelga conocida de la historia, que tuvo como protagonistas a los obreros que trabajaban en la construcción de su tumba en el Valle de los Reyes.

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Egipto: Saqqara, la primera pirámide de piedra

Saqqara, la primera pirámide de piedra

Djoser el primer soberano y fundador de la III Dinastía, reinó entre el 2667 y el 2648 a.C. y contribuyó de forma decisiva a la configuración económica y social sobre la que se desarrollaría posteriormente el Antiguo Egipto. Djoser basó su poder real en el culto al dios Atum-Ra, y asoció el sacerdocio del gran templo de la ciudad de Heliópolis a su gobierno. En la cosmogonía egipcia Atum-Ra es el creador supremo y padre del resto de las divinidades, así que, con esta asociación, Djoser vinculó el culto solar que se celebraba en Heliópolis al culto al faraón, de tal manera que su cargo adquiría un carácter divino.

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