Roma monárquica: La guerra contra los sabinos

“El rapto de las sabinas”. Nicolas Poussin. 1637-1638. Museo del Louvre.

Tras la fundación de Roma la historia y el mito siguen entrecruzándose para contar diferentes capítulos sobre su evolución y consolidación, historias que, de un modo u otro, configuran el universo mítico sobre el que se sostiene la cultura de la antigua Roma. Uno de los capítulos más trascendentes tras la fundación de la ciudad narra el conflicto con la tribu vecina de los sabinos. Según la leyenda, para poblar su recién creada ciudad, Rómulo atrajo primero a los jóvenes pastores de la zona, y después a las gentes errantes (bandidos, proscritos y marginados) de la región del Lacio.

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Roma monárquica: La Reforma de Servio Tulio

Servio Tulio (c. 578-c. 534 a.C.). Sexto rey de Roma.

Servio Tulio (c. 578-c. 534 a.C.) fue el sexto rey de Roma. Sucesor de Tarquinio Prisco (asesinado por los hijos del anterior rey, Anco Marcio). Inició unas importantes reformas políticas y administrativas. De entre su legado destaca la elaboración del primer censo de la población romana. Aunque las cifras varían según las fuentes que se consulten, parece ser que en esa época se censaron alrededor de 80.000 personas. El censo fue toda una evolución que mejoró el control y la gestión de las polis. Otra gran labor que inició fue la construcción de la Muralla Serviana, que rodeaba toda la ciudad.

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Roma monárquica: Los etruscos

Bailarines y músicos etruscos. Tumba de los leopardos, necrópolis de Monterozzi, Italia.

Etruria fue una región que comprendía los territorios limitados por el río Arno, por el norte, y el Tíber por el este y el sur, una amplia zona que actualmente ocupan las regiones de la Toscana, la Umbría occidental y el Lacio septentrional. Pues bien, los pueblos que habitaban en esta región fueron conocidos como etruscos. Ya desde la Antigüedad se planteó la cuestión del origen de los etruscos. Según algunos pensadores (como Diógenes de Halicarnaso) se trataba de una población autóctona, y no procedente de Asia Menor como sostenía el historiador Heródoto. En el período de su máxima expansión (siglos VII-VI a.C.) extendieron su dominio hacia el sur, hasta la Campania, y hacia el norte, más allá de los montes Apeninos.

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Roma monárquica: Los siete reyes

Los siete reyes de Roma

En parte reales, en parte legendarios, en los siete reyes de Roma se resumen los caracteres sobre los que se fundó la civilización romana: violentos, heroicos, píos, amantes de la ley, reflejan el anhelo de conquista y el espíritu civilizador que marcó el destino de la ciudad hasta el final del Imperio. El período monárquico de Roma duró aproximadamente dos siglos y medio. Desde 753 a.C., y durante los siguientes 244 años, fueron siete los reyes que se sucedieron en el trono de Roma, hasta que en el año 509 a.C. fue expulsado el último rey, Tarquino el Soberbio, y abolida la monarquía.

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Roma monárquica: Otros pueblos itálicos

Apeninos
Las montañas de los Apeninos fueron el hogar de un mosaico de pueblos itálicos de origen indoeuropeo

En el período neolítico, Italia estuvo habitada por poblaciones pre-arias. Fueron las grandes migraciones de los pueblos indoeuropeos que tuvieron lugar a partir del II milenio a.C. y en los siglos sucesivos las que redefinieron el mapa étnico de la península Itálica. En el momento de la fundación de Roma, en el norte de Italia se encontraban los lígures (aunque más hacia el noroeste, en un territorio que se extiende hasta parte de la actual Francia meridional) y los vénetos (más hacia el noreste). Provenientes seguramente de Iliria, los vénetos habían llegado en torno al año 1000 a.C., y desarrollaron una floreciente cultura llamada “atestina”, de Ateste, su principal población.

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Roma republicana y el Egipto ptolemaico

Mapa que muestra la división del Imperio de Alejandro Magno después de su muerte y la extensión de Roma republicana en la misma época.
Mapa que muestra la división del Imperio de Alejandro Magno después de su muerte y la extensión de Roma republicana en la misma época.

Tras la muerte de Alejandro Magno en el año 323 a.C., su imperio fue dividido entre sus generales (Antígono recibe Frigia; Casandro, Caria; Lisímaco, Tracia; etc.). De este modo, Ptolomeo, hijo de Lagos (de ahí el nombre de la dinastía lágida, con el que también se conocería a los ptolemaicos), que había sido uno de los más estrechos colaboradores de Alejandro, fue nombrado diádoco de Egipto, donde rápidamente se autoproclamó soberano, si bien no tomó el título de rey hasta el año 305 a.C. Coronado como Ptolomeo I Sóter (“el Salvador”), fundó la dinastía ptolemaica, que reinaría en Egipto durante los 300 años siguientes.

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Roma republicana y los fenicios

 Puerto fenicio de Tiro en el 1000 a.C. Ilustración de Giovanni Caselli.

Aunque los fenicios, pueblo de la costa oriental del Mediterráneo, se autodenominaba “cananeo”, el nombre con el que actualmente se le conoce, se debe a los griegos, que los llamaron “phoinikes”, porque las telas fenicias se teñían de un color rojo-púrpura (phoinix, en griego) que extraían del múrex, un molusco que abundaba en las aguas de sus mares.

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Roma republicana: Comercio de esclavos

“Mercado de Esclavos”. Gustave Boulanger. 1888.
“Mercado de Esclavos”. Gustave Boulanger. 1888.

El comercio fue sin duda el motor que llevó a la Antigua Roma al esplendor imperial, y los esclavos jugaron un doble papel en esta iniciativa económica. Por una parte, el comercio era próspero gracias al trabajo duro y gratuito de estos sirvientes. Por otra, los propios esclavos eran objeto de transacciones económicas y propiciaban la búsqueda de nuevas rutas comerciales.

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Roma republicana: Estatuto de los pueblos itálicos

Pueblos de la península itálica

Tras las importantes conquistas dentro de la península Itálica, Roma se vio obligada a administrar nuevos territorios y a establecer vínculos con los pueblos sometidos. Después de disolver la Liga Latina en el año 338 a.C. y de haber sometido a los pueblos de la zona del Lacio, Roma otorgó la ciudadanía romana a muy pocas comunidades, de modo que el resto siguieron siendo latinas.

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Roma republicana: Guerra contra Pirro

Estatua de mármol atribuida al rey Pirro de Epiro. Datada en el siglo I d.C.
Estatua de mármol atribuida al rey Pirro de Epiro. Datada en el siglo I d.C.

Tras haber derrotado a los samnitas, Roma se encontró frente a frente con las ricas ciudades de la Magna Grecia, algunas de ellas muy potentes, como Tarento o Nápoles. Ante el avance romano por la península, Nápoles decidió aliarse con Roma, mientras que Tarento decidió resistir. Tarento era una ciudad comercial muy rica, que en el pasado había pedido ayuda en varias ocasiones a las tropas de Epiro (un reino en el norte de Grecia) y de Esparta ante la amenaza samnita.

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