Roma republicana: Patricios y plebeyos

En los primeros tiempos de la República, solo los patricios (clase social alta y privilegiada) podían acceder a los cargos públicos, y por tanto eran quienes controlaban el poder. De hecho, no solo las magistraturas estaban reservadas a los patricios, también en los Comicios Centuriados (que eran las asambleas populares en las que se elegían a los magistrados más importantes del estado) su voto tenía un peso superior al de los plebeyos (clase social baja compuesta por trabajadores libres, artesanos y pequeños agricultores), que constituían la gran mayoría de los ciudadanos romanos. Esta situación originó desde el principio de la República un malestar generalizado entre los plebeyos, que en el año 494 a.C. recurrieron a un acto de desobediencia para reivindicar sus derechos: ante la amenaza exterior de otras poblaciones latinas, los plebeyos se negaron a empuñar las armas y abandonaron la ciudad para retirarse al monte Aventino.

Gracias a esta medida de presión lograron que se crearan tanto las asambleas de la plebe (Concilia plebis) como una magistratura reservada solo a los plebeyos, la de los tribunos. Inicialmente compuesta por 2 miembros, más tarde 4 y finalmente 10, los tribunos de la plebe eran figuras inviolables que tenían el deber de defender a los plebeyos de las arbitrariedades de los magistrados; gozaban, asimismo, del derecho de veto sobre las resoluciones del Senado y de los Comicios Centuriados.
En el año 450 a.C. la plebe logró otra importante victoria: la publicación de las Leyes de las XII tablas. Hasta entonces no había leyes escritas, y su aplicación estaba en manos de los miembros del colegio sacerdotal de los Pontifex, integrado exclusivamente por patricios. Los plebeyos obtuvieron la designación de diez magistrados extraordinarios (decemviri legibus scribundis), que fijaron por escrito las leyes que hasta el momento habían sido transmitidas de forma oral. Nacidas para garantizar la igualdad de derecho para todos los ciudadanos romanos, según la leyenda las nuevas normas fueron esculpidas sobre 12 tablas de bronce y expuestas en el Foro.

Con el tiempo, la importancia política de los plebeyos fue aumentando, tanto que en el año 367 a.C. lograron la aprobación de las Leyes Licinias-Sextias, en las cuales no solo se limitaba a 500 iugera (unas 125 hectáreas) la posesión que un ciudadano podía tener de tierras públicas, concentradas hasta entonces en manos de los patricios, sino que también se abría a los plebeyos el acceso al consulado, la magistratura más importante de la República que, hasta entonces, había estado reservada únicamente a los poseedores de patrimonio.
Tras la aprobación de las Leyes Licinias-Sextias, el primer cónsul de origen plebeyo fue Lucio Sextio Sextino, nombrado en el año 366 a.C. Compartió su consulado junto con Lucio Emilio Mamercino, hijo del siete veces tribuno consular del mismo nombre.
