Pablo de Tarso
Con Saulo de Tarso la palabra y el mensaje de Cristo rompen las fronteras de la tierra que escuchó directamente la voz de Cristo y se universalizan.


En la teología de san Pablo la idea central es la de Cristo crucificado pero, sobre todo, resucitado, algo que era ajeno al mesianismo judío. Su mensaje de salvación tiene en ciudades como Antioquía, la tercera ciudad del Imperio romano y su gran centro industrial, nuevos y potentes focos de expansión. Es la ciudad donde por primera vez se conoce a los seguidores de Jesús como cristianos. De allí va a partir la rápida expansión del cristianismo por todo el mundo romano. Es en el pensamiento griego y el romano donde va encontrar san Pablo el molde que facilitaría la difusión del mensaje cristiano y su incorporación al pensamiento occidental.
La predicación de san Pablo y la coetánea fundación de iglesias –es decir, de “comunidades” cristianas– tendría en el mundo grecolatino su amplia área de difusión: Atenas, Corinto, Tesalónica, Efeso y, por fin, la propia Roma, donde iría a morir san Pablo. La esperanza en la resurrección a partir de la de Cristo –“Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe”– sigue siendo hoy un significativo testimonio de la actualidad y de la pervivencia del pensamiento de Pablo de Tarso.
Por último, y desde la perspectiva del propio mundo católico, no se puede olvidar que dos figuras claves como Juan Bautista Montini y Karol Vojtiwa eligieron el nombre de Pablo cuando accedieron al pontificado.