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Roma: Imperio

Expansión del Imperio Romano
Expansión del Imperio Romano

En un principio, tras su fundación en el año 753 a.C., Roma fue una Monarquía etrusca. Más tarde, en 509 a.C., se convir­tió en una República del Latio y, finalmente en el 27 a.C., en un Imperio. El lugar fundacional de la ciudad de Roma se sitúa en lo alto del monte Palatino, junto al río Tíber. A partir de ahí, la ciudad se extendió por otras seis colinas llamadas Aventino, Capitolino, Quirinal, Viminal, Esquilino y Celio.

La creación de la figura del "dictator" fue el más claro indicio del destino de Roma. Sólo faltaba que, en lo político, Roma asumiese lo que ya era realmente en los planos económico y mi­litar: un gran imperio. Al fin y al cabo, sancionar el "Imperium Romanum" no significaba otra cosa que ponerle nom­bre al "poder romano" ya existente y forjado durante la República. Tres siglos an­tes de César Augusto, la antigua ciudad-estado del Latió ya había adquirido nu­merosos dominios y los había converti­do en provincias, ya sea bajo la adminis­tración del Senado o bajo la gestión consular. Para su expansión, Roma también había celebrado pactos de adhesión con algunos estados aliados, que termi­naron por convertirse en protectorados.

Su principal competidora en aquella época fue la ciudad de Cartago, primera gran víctima de la Repú­blica, que ya estaba decidida a hegemonizar la cuenca del Mediterráneo en am­bos lados de la península Itálica. Al mismo tiempo, las Guerras Púnicas, en cuyo transcurso Roma aniquiló a Cartago, obli­garon a Roma a salir de sus fronteras naturales. En este pro­ceso, Roma adquirió nuevos dominios, sus posesiones se hicieron tan extensas, que pronto fueron difícil­mente gobernables por un Senado inca­paz de moverse de la capital ni de tomar decisiones con rapidez. Asimismo, un ejér­cito creciente reveló la importancia que tenía poseer la autoridad sobre las tropas, de cara a obtener beneficios políticos. Así, fue como surgieron políticos ambiciosos, cu­yo objetivo principal fue el poder. Éste fue el caso de Julio César, caudillo ro­mano que no sólo conquistó el territorio de la Galia y amplió los dominios de Roma, si­no que desafió por primera vez la autori­dad del Senado.

Julio Cesar
Obra de Nicolás Coustou. Julio César (Roma, julio de 100 a.C.- marzo de 44 a.C.)

El ascenso al poder de Julio César y, tras su muerte, su hijo adoptivo Cayo Octavio (César Augusto), significó una vuelta a la centraliza­ción del poder, esta vez al servicio de un vastísimo imperio. Julio César fue elegi­do "pontifex maximus" y "dictator" vita­licio, lo que de hecho le asignaba mayo­res poderes que los usufructuados por los antiguos reyes. En el marco de una conjura organiza­da por el Senado, Julio César fue asesi­nado en el año 44 a.C., los senadores, representantes tradicio­nales de lo más granado de la nobleza pa­tricia, temían que el nuevo modelo se asentase sobre concesiones a los plebe­yos, lo que de hecho era inevitable y finalmente se dio.

Para expandirse hacia afuera, Roma debía desactivar las tensio­nes internas. Entre el 28 y el 12 a.C., César Augusto obtu­vo los poderes tribunicios, junto a los car­gos de "pontifex maximus" y "princeps senatus", convirtiéndose en un monarca de facto. Aunque las instituciones de la República continuaron existiendo, fue só­lo una existencia nominal.

César Augusto o Cayo Octavio
César Augusto o Cayo Octavio (Roma, septiembre de 63 a.C.- Nola de 12 a.C.)


César Augusto aseguró el poder imperial con importantes reformas y una unidad polí­tica y cultural centrada en los países de la cuenca del Mediterráneo, que, como un título de propiedad, era el "Mare Nostrum". Esta situación se mantuvo vigente hasta la llegada del emperador Diocleciano (244-311), quien trató de sal­var un imperio que, por ser tan vasto, escapaba de los marcos de control habituales. Fue Diocleciano quien, por primera vez, dividió el imperio para fa­cilitar su gestión. El imperio se volvió a unir y a separar en diversas ocasiones, al ritmo de guerras civiles, usurpaciones, secesiones y repartos entre herederos al trono, jefes políticos y caudillos de las legiones. A la muerte de Teodosio I el Grande en el año 395, el Imperio Romano quedó definitivamente dividido entre sus dos hijos: Arcadio recibió el Imperio de Oriente y Honorio recibió el Imperio de Occidente.

Finalmente, una serie de desplazamientos poblacionales en Asia Central empujaron a otros pueblos sobre Europa y poco a poco su presión contra el Imperio Romano se hizo sentir, no bastaron las legiones para contenerlas. Eran los “barbaros” en una oleada tan imbatible que para el año 476 uno de ellos, el hérulo Odoacro depuso a Rómulo Augústulo, últi­mo emperador de Occidente. El Senado envió las insignias de Roma a Constantinopla, la capital del Imperio Romano de Oriente, simbolizando la capitu­lación del Imperio Romano de Occiden­te. El imperio oriental proseguiría varios siglos más bajo el nombre de Imperio Bi­zantino, hasta que, en 1453, Constantinopla cayó en manos otomanas.

Mapa de la división del Imperio Romano
Mapa de la división del Imperio Romano

La impronta dejada por la civilización romana fue tan decisiva y profunda, que los intentos de restaurar el vie­jo imperio se sucedieron du­rante siglos. Entre otros intentos, sobresale el de Justiniano I, uno de los más notables gobernantes del Imperio Bizantino. Bajo su reinado, Bizancio se expandió militar­mente hacia Occidente, distinguiéndose el general Belisario, uno de los grandes estrategas de la Antigüedad. Todo este inmenso esfuerzo fue hecho por Justiniano en función de la llama­da "Renovatio imperii romanorum", “la restauración del Imperio Ro­mano”. Aunque es recordado como "el último emperador romano", Jus­tiniano no advirtió que Occidente entraba en una nueva etapa de su his­toria: en Europa occidental, la Edad Antigua daría paso a la Edad Media.

En pleno medioevo surgió otro pro­yecto restaurador de las viejas glorias de Roma: el Sacro Imperio Romano Germá­nico. Llamado "Heiliges Rómisches Reich Deutscher Nation", en alemán y "Sacrum Romanum Imperium Nationis Germaniae", en latín, fue la unión política de un conglomerado de estados surgidos en Eu­ropa central.

Sacro Imperio Romano Germánico
Sacro Imperio Romano Germánico
 

Fuente: Grandes Civilizaciones de la Historia. Editorial Sol 90, Barcelona, 2008.

Edad Antigua