Roma monárquica: Los siete reyes

En parte reales, en parte legendarios, en los siete reyes de Roma se resumen los caracteres sobre los que se fundó la civilización romana: violentos, heroicos, píos, amantes de la ley, reflejan el anhelo de conquista y el espíritu civilizador que marcó el destino de la ciudad hasta el final del Imperio. El período monárquico de Roma duró aproximadamente dos siglos y medio. Desde 753 a.C., y durante los siguientes 244 años, fueron siete los reyes que se sucedieron en el trono de Roma, hasta que en el año 509 a.C. fue expulsado el último rey, Tarquino el Soberbio, y abolida la monarquía.

Según una evaluación histórica razonable, es probable que el número de reyes que se sucedieron en el trono a lo largo de esos casi dos siglos y medio de monarquía romana, fuera sensiblemente superior. En caso contrario, significaría que cada soberano habría gobernado durante 35 años de media, algo poco probable teniendo en cuenta que la esperanza de vida de la época era muy baja, debido a las frecuentes guerras y a las numerosas enfermedades mortales. Por todo ello, los historiadores tienden a creer que la tradición solo nos ha transmitido el recuerdo de los reyes más importantes.

Los primeros cuatro reyes eran de origen latino-sabino (Rómulo, Numa Pompilio, Tulio Hostilio y Anco Marcio), y los últimos tres de origen etrusco (Tarquinio Prisco, Servio Tulio y Tarquinio el Soberbio). A cada rey se le atribuyen importantes iniciativas sociales, religiosas, militares, políticas y la realización de grandes obras públicas. Las hazañas de los cuatro primeros reyes latinos fueron perfectamente resumidas en un extracto de la obra de Tito Livio Ab Urbe Condita: “Después de Rómulo, el semidiós, el primer gran líder y fundador de la ciudad, que establece la constitución política, le sucede Numa, que enseña los rituales sagrados y el culto de las divinidades inmortales, e incita al pueblo a comportarse con piedad y justicia; a él le sucede Tulio, que funda la disciplina militar y practica el arte de la guerra; finalmente viene Anco Marcio, quien muestra a Roma, con la apertura del puerto de Ostia, su futuro comercial, y hace que la riqueza y las mercancías fluyan con el tráfico marítimo”.

En oposición a los reyes anteriores, el último rey, Tarquino el Soberbio, fue un tirano que oprimió a su pueblo y reafirmó la hegemonía de Roma por encima de los otros pueblos del Lacio. Se vio obligado a abandonar la ciudad en 509 a.C. por culpa de una ofensa de su hijo, Sexto Tarquino, a la mujer de su primo Tarquino Colatino (se cuenta que la violó y luego esta se suicidó). Aunque Tarquino el Soberbio regresó a la ciudad en varias ocasiones con el apoyo de distintos ejércitos, nunca se alzó victorioso ni jamás recuperó su corona.
