Globalización y la sociedad civil

A pesar de que el Estado moderno surge como una propuesta de gobierno desde la sociedad y en oposición a las monarquías, actualmente la sociedad es vista como un elemento opuesto al Estado, pues el aumento excesivo de poder estatal sobre los individuos condujo a un progresivo alejamiento entre los fines propios de cada elemento. De un lado, el Estado-nación asume el control total de las personas, de todos los aspectos de sus vidas; de otro lado, la sociedad llega a dividirse en aquellos que ejercen una función dentro del orden estatal y los que se identifican simplemente como ciudadanos con derechos e intereses opuestos al control total del Estado. Es precisamente en este punto donde hablamos de sociedad civil, pues es esa parte del cuerpo social entero que vigila y exige el cumplimiento de los derechos individuales, así estos se opongan a los intereses promulgados por el Estado.

La sociedad civil y la globalización

En un inicio, con el desarrollo de la sociedad burguesa en la época del Renacimiento, la sociedad civil estaba conformada, básicamente, por asociaciones profesionales, empresariales o laborales que lograban mediar entre los individuos y el Estado para conseguir condiciones económicas y políticas favorables. A medida que la educación se popularizó, el desarrollo empresarial se extendió y el uso de las telecomunicaciones se generalizó, la conectividad entre las personas aumentó y se formaron organizaciones civiles cada vez más influyentes, lo cual obligó al Estado a ceder ante muchas de las solicitudes de carácter exclusivamente social.

Ahora bien, en una etapa más reciente, con la enorme transformación que los avances tecnológicos imprimieron a las comunicaciones y al transporte, la conectividad y la movilidad tomaron una dimensión transnacional, es decir, dejaron de estar limitadas por las fronteras nacionales. Esto posibilita que colectividades e individuos actúen en escenarios internacionales, sin que lo hagan necesariamente como representantes de los intereses estatales. Lo anterior significa que el campo de acción de la sociedad civil podría ser ahora el planeta entero, y da origen a lo que se conoce como las organizaciones no-gubernamentales de alcance transnacional (ONG), las cuales buscan convocar a las sociedades civiles nacionales para proteger los derechos humanos y para encontrar solución a los problemas que aquejan al mundo; problemas que reducen la calidad de vida de las personas, generan conflictos que terminan en toda clase de desgracias y ponen en peligro la existencia misma del planeta.

cooperación
La sociedad civil ha llevado a concreción el ideal de cooperación que hay en los derechos humanos.

Igualmente, debido a la inmediatez con que son transmitidos los sucesos locales, todo lo que sucede en un lugar específico del planeta llega a ser conocido en todo el mundo, especialmente cuando se trata de acontecimientos que afectan a la humanidad y que comprometen a los diferentes ámbitos de la vida social. Así, actualmente es posible que una persona en cualquier lugar del mundo se entere y decida hacer algo en contra de la pobreza extrema, las hambrunas, las guerras civiles, las dictaduras, la sobreexplotación de recursos naturales y el calentamiento global. Esto significa que estamos presenciando una desterritorialización de las relaciones humanas, de la identidad individual y de la acción social, lo que aminora las posibilidades de control que el Estado-nación intenta imponer a los individuos y aumenta la influencia de los grupos sociales en el plano internacional. Lógicamente, esto ha sido un signo del debilitamiento estatal, ya que al Estado le es cada vez más difícil dirigir en un único sentido la actividad de sus ciudadanos e impedir la intervención, así sea solo mediática, de los habitantes de otros territorios nacionales.

Referencia:
Oviedo Correa, Y. (2011). Norma sociales para pensar 10. Grupo Editorial Norma.