Globalización y medio ambiente
¿Se protege el medio ambiente?

En el proceso de globalización, el debate sobre el ambiente ha tenido un papel fundamental. Desde la aparición de las primeras críticas a la industrialización, por sus efectos nocivos sobre la naturaleza y el ambiente en general, no se ha dejado de discutir acerca del valor que tiene la preservación y conservación de los recursos naturales renovables y no renovables con que cuenta el planeta. Esto se percibe en:
■ La nueva noción de desarrollo. Si bien el desarrollo se conceptualizó en un primer momento como crecimiento económico y más tarde se le incluyeron elementos relacionados con la distribución del ingreso y la justicia social, ahora el concepto está estrechamente relacionado con la conservación del ambiente. De esta manera debemos hablar de desarrollo sustentable o sostenible, el cual implica el crecimiento económico, pero teniendo gran cuidado de mantener la justicia social y la conservación de los recursos naturales.
■ Legislación ambiental. En los últimos tiempos se ha creado una importante legislación ambiental, la cual se orienta básicamente hacia los estándares de calidad que deben tener las empresas y sus productos para producir el menor impacto ambiental. Muchos gobiernos parten de esa normativa para evaluar los productos y las empresas con posibilidades de ingresar en el mercado interno de su país, es decir, aquellos productos contaminantes (según sus criterios) y aquellas empresas de alto impacto ambiental no pueden entrar ni funcionar en su territorio.

¿Se perjudica el medio ambiente?
A pesar de que empresas y gobiernos han ido tomando conciencia del cuidado del medio ambiente, sin embargo, el proceso de globalización influye en el deterioro del medio ambiente. Veamos algunos ejemplos:
■ Los países europeos, así como Estados Unidos, han basado su alto desarrollo industrial en la degradación y destrucción del ambiente y de los recursos naturales. Esto se debe a su idea capitalista de progreso y desarrollo, que no reconoce otro objetivo que no sea la rentabilidad.
■ Los estándares de protección ambiental exigidos a las empresas y productos sólo pueden ser cumplidos si se trabaja con tecnología de punta, recurso escaso en los países pobres. Por lo tanto, esta normativa ha servido para la consolidación de los grandes monopolios industriales de los países industrializados, en la medida en que excluyen de la posibilidad a empresas de los países en vías de desarrollo.
■ Las grandes corporaciones no dejan de quebrantar las normas. Hace poco, las grandes empresas se desplazaban por el mundo hacia donde la mano de obra fuese más barata, buscando incrementar su nivel de productividad a través de la sobreexplotación del factor trabajo. En esos movimientos lo deseado era quebrantar la legislación laboral que tantas luchas costaron a los trabajadores. Más recientemente, las transnacionales ya no sólo se desplazan buscando escapatoria de la legislación laboral, sino también de la legislación ambiental. Como no todos los países cuentan con el mismo poder para la implementación de las leyes, ahora la "migración empresarial" se dirige hacia aquel territorio donde menos obstáculos existan a la hora de ejecutar actividades proclives a la degradación ambiental. No por casualidad son los países latinoamericanos los más débiles en la protección del ambiente, motivo por el cual las firmas más importantes del mundo han instalado sus maquilas en nuestro continente.

Ambientalismo de mercado
Cada vez se habla más de estudiar y de introducir mecanismos de mercado para enfrentar el cambio climático, asumiendo el mercado tanto real como ficticio, así como la mercantilización de los recursos naturales y sus servicios (esto es su privatización e incorporación a la disciplina del mercado) como mecanismos claves para resolver en forma efectiva los problemas ambientales, particularmente el cambio climático.

Con base en este concepto, varios gobiernos y organizaciones internacionales han tomado decisiones como:
■ Conceder el manejo de ciertas reservas naturales (parque nacional Noel Kempf Mercado, por ejemplo) a una entidad privada; con ello se busca aportar a la reducción del cambio climático.
■ Con el mismo propósito, estudiar el mercado de emisiones en distintos países y diseñar programas y acciones para reducir las fuentes de emisión de gases de efecto invernadero.
■ Reestructurar varias instituciones gubernamentales.
Existe, por ejemplo, un acuerdo entre ambientalistas y economistas para implantar una cuota verde, como impuesto a la gasolina, y con ello atenuar su efecto en la economía. La economía de mercado garantiza por su parte que se aprovecharán los recursos de la mejor manera. Esto significa que las empresas y las personas que gastan gasolina y tienen que pagar una sobretasa, se motivarán a consumir el mínimo de gasolina que evidencia el verdadero costo del combustible y de la contaminación ambiental que produce. Como resultado, los consumidores tenderán a adoptar otros medios de transporte y vehículos más eficientes.

Por su parte, los ambientalistas están de acuerdo con la medida, por cuanto significa que quien causa daño paga por las consecuencias que genere en el medio, lo cual han demandado desde hace tiempos estos grupos. Insisten, sin embargo, en que parte de los ingresos recaudados por esta "cuota verde" se destinen a atenuar el impacto de la contaminación y al aprovechamiento de los recursos, de modo que el resultado conducirá a la humanidad hacia la condición sostenible.
Lo que se preguntan, sin embargo, quienes impulsan la idea es si este tipo de medidas es políticamente viable. Los defensores de la medida opinan que sí, pero es probable que el público responde negativamente cuando se le pregunte si está de acuerdo con que se le aumenten los impuestos.
Radicalismo verde
El radicalismo verde es un discurso que recoge varias voces, principalmente de activistas ecologistas y académicos, que manifiestan su inconformismo frente al modelo de crecimiento dominante, así como frente a su consiguiente institucionalización y distribución ecológica inequitativa. En menor medida, el radicalismo verde incluye también el discurso de organizaciones indígenas. El elemento común es la crítica a los mecanismos de mercado y las estrategias de adaptación al cambio climático, a los que considera un simple "maquillaje verde" del modelo económico que promueve una distribución ecológica inequitativa, no respeta los límites y ciclos de la naturaleza y profundiza la desigualdad y exclusión.