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Civilización China: Organización política

Qin Shi-Hoang y su guardia imperial

La civilización china se desarrolló a lo extenso de un territorio tan vasto, como complejo resultó su dominio. Atravesada por una historia conflictiva, a lo largo de milenios, se ha erguido como un universo dividido y siempre en tensión, con pocos períodos de calma. Decenas de dinastías la dirigieron, pero pocas pudieron mantenerla como una unidad política y económica. No obstante, alberga una de las culturas más brillantes de todas las épocas.

El desarrollo político de China estuvo signado por el establecimiento de una enorme cantidad de castas dirigenciales que, local o regionalmente, intentaron imponer una hegemonía. Así se fue tejiendo la compleja trama de dinastías que se sucedieron en el poder durante milenios. El sueño imperial de China se plasmó en el 221 a.C., cuando el soberano de Qin logró unificar a los demás reinos bajo una misma bandera. No por nada, este flamante emperador fue llamado Tianzi, que significa “Hijo del Cielo”.

EL PODER DIVINO: Si bien el Emperador era la personificación misma del poder en la Antigua China, muchos de ellos fundaron su autoridad junto a una eficiente corte que sumaba a los principales funcionarios administrativos y militares. Otros emperadores, en cambio, ejercieron una autoridad despótica y apenas sostenida por una pequeña comitiva. En toda su historia dinástica, China conoció el ejercicio del poder de una sola emperatriz.

Wu Zetian (624-705)

Wu Zetian (624-705) fue elevada a emperatriz cuando se casó con Gaozong de Tang y se convirtió en emperatriz viuda tras su muerte en el 683. En el año 690 proclamó su propia dinastía, a la que llamó Zhōu en un intento de evocar el esplendor de la antigua dinastía Zhou (1046-256 a.C.), lo cual duró poco, pues los Tang fueron restaurados al poder tras su abdicación forzada solo meses antes de su muerte.

Estructura jerárquica del poder político de la civilización China

Emperador

Jefe absoluto del poder político, el título de Emperador sumó el de “Hijo del Cielo” a partir de la dinastía Qin. Heredero y representante divino en la tierra, su poder era completo en todo lo concerniente a la vida social, religiosa económica y cultural de los súbditos. Como mediación de los dioses, las órdenes del emperador eran consideradas decretos sagrados. Su reinado era de por vida y la sucesión se transmitía de padre a hijo.

El Emperador siempre debía estar por encima de cualquiera de sus súbditos. Por lo general estaba posado sobre una tarima o sentado en un trono elevado. Aun los más encumbrados funcionarios y sacerdotes le debían las mayores muestras de reverencia y sumisión. Vivía en un extendido lujo, con ambientes finamente decorados con figuras emblemáticas de la cultura china, como los diferentes tipos de dragón.

Emperatriz: Era la esposa del emperador, quien tenía entre sus derechos el libre ejercicio de la poligamia. Sus concubinas vivían en el palacio y alguna de ellas podía alcanzar el privilegio de ser una preferida e, incluso, casarse con él.

Magistrados: Conformaban la burocracia estatal encargada de hacer cumplir las leyes, cobrar los impuestos, dictar justicia y realizar los censos. Responsables de sus actos ante el emperador, rendían cuentas de sus funciones sólo a éste.

Magistrados y escribas del Emperador Chino

Los magistrados y los escribas estaban siempre a la orden del emperador.

Escribas: Eran particularmente respetados por sus conocimientos, ya que sabían leer y escribir. Siempre había uno de ellos al lado del emperador, apuntando lo que le dictaba.

Sirvientes: Rodeaban en enormes cantidades al emperador y a su familia. Tenían una extendida jerarquización de tareas y a veces respondían con sus vidas por el incumplimiento de ellas.

Primeros gobernantes

Se conoce que fue la dinastía Xia la que inició la historia dinástica de China, con 17 reyes que se sucedieron en el poder entre los siglos XXI y XVI a.C. La dinastía Shang es la segunda dinastía y la primera documentada en la historia de China, la cual se desarrolló entre los siglos XVI y XI a.C., y tuvo 30 soberanos que dirigieron, en algunas ocasiones, por muy pocos años, la organización del reino.

Shāng Tāng, primer rey de la dinastía Shang

Shāng Tāng, primer rey de la dinastía Shang tras derrocar a Xiǎ Jié, último gobernante de la dinastía Xia.

La tercera dinastía fue la Zhou (siglo XI al 771 a.C.) El primer monarca de esta dinastía fue Wu Wang, quien apenas reinó entre los años 1122 y 1120 a.C. Según la tradición, descendía del legendario “Señor del Mijo”. Por entonces, el rey legitimaba su poder con oráculos adivinatorios. Wu Wang significa “marcial” y lo adoptó como nombre tras vencer a las tropas de Shang.

Dinastía Qin, el comienzo de un gran imperio

Entre los años 256 y 221 a.C., los gobernantes de la dinastía Zhou perdieron el control sobre las provincias que gobernaban, lo que ocasionó una serie de luchas internas por la supremacía en la región. En 221 a.C., el rey del pueblo Qin, Shi-Hoang, se autoproclamó Qin (primer emperador) y unificó a la región. Durante su mandato se establecieron las bases del Imperio Chino que duró hasta 1912 d.C.

El gobierno y la administración de Qin se basaron en una fuerte centralización del poder en manos del Emperador. La centralización también se vio reflejada en: la conformación de un ejército imperial; la construcción de vías de comunicación, para unificar el Imperio, y de la Gran Muralla, para defenderse de las agresiones externas; y, la estandarización de los pesos, las medidas y la moneda.

Guerreros de terracota

Qin Shi-Hoang construyó un enorme mausoleo acompañado por miles de estatuas a escala natural. Este fue hallado en 1974 y se conoce como los Guerreros de terracota.

De la dinastía Han a la Sui

La primera parte de la dinastía Han, llamada de los Occidentales, sumó doce emperadores. Wudi fue el más destacado de ellos, y reinó durante 54 años de gran prosperidad y expansión. Tras el breve interregno de la dinastía Xin, los Han volvieron a reinar, esta vez bajo la denominación de Orientales. Posteriormente hubo un período de inestabilidad en el que coexistieron varios reinos y se sucedieron seis dinastías, hasta que la Sui unificó los extremos septentrional y meridional del país.

Un milenio dinástico

Entre el siglo VI y el XVII numerosas dinastías se alternaron en el trono imperial, siendo las más destacadas la Tang, Song y Ming. Durante este largo período China continuó siendo un vasto territorio feudal, por momentos desmembrado y con ocasionales estados de unidad, pero en el que continuó estando presente, a pesar de las crisis sociales y políticas, un colosal desarrollo artístico y cultural. Entre los acontecimientos más resonantes en este desarrollo destacan las rebeliones campesinas locales y las invasiones de pueblos nómadas.

La Ciudad Prohibida

La Ciudad Prohibida vista desde la colina Jingshan. La Ciudad Prohibida fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1987 por la Unesco con la denominación de «Palacio Imperial de las dinastías Ming y Qing», debido a su importante papel en el desarrollo de la cultura y la arquitectura en China.

Dinastía Qing, la última dinastía del Imperio Chino

Establecido tras desalojar a la dinastía Ming en 1644, el imperio de los Qing estuvo signado por grandes conflictos sociales y políticos y un enfrentamiento creciente con las potencias europeas, deseosas todas ellas de ingresar a un mercado proveedor de materias primas de excepción. Las tensiones se expresaron tanto en rebeliones internas, como la de Taiping, y en confrontaciones abiertas con países europeos, siendo la llamada Guerra del Opio contra Inglaterra en 1839-1842, y contra Japón en 1894, las de mayor relevancia. La descomposición del Imperio concluyó en 1912, cuando se declaró la República.

La dinastía Qing ha sido considerada como una de las más temerarias y opresoras. Impusieron a la población china desde un estilo de peinado y una indumentaria propia de los manchúes, como así también su lengua, en un intento colonizador que no había sido ensayado anteriormente.

Los Qing alcanzaron un poder real sobre un territorio de 13 millones de kilómetros cuadrados. Los gobiernos de Yongzheng (1723 - 1735) y de su hijo Qianlong (1735 - 1796) constituyeron los puntos más altos del poder dinástico, en los que no faltaron crisis militares internas y fronterizas. Una de las más importantes tuvo que ver con el control sobre el Tíbet, donde la conveniencia de mantener un Dalai Lama afín a la dinastía era crucial por la notable influencia del budismo.

Mapa-de-virreinatos-durante-la-dinastia-qing: Mapa de virreinatos durante la dinastía Qing

Mapa de virreinatos durante la dinastía Qing

En 1720, ante el avance de los dzúngaros, tribu guerrera de origen mogol, se había intervenido militarmente la región y conseguido el reconocimiento de la autoridad imperial por parte del Dalai Lama, pero los gobiernos siguientes jamás pudieron desatender tan espinosa cuestión. Más tarde, el emperador Qianlong, condujo personalmente campañas militares en Xinjiang y Mongolia y sofocó exitosamente las sublevaciones en Sichuan y partes de China meridional, consolidando las conquistas territoriales realizadas por su abuelo y su padre.

Qianlong se mantuvo en el poder seis décadas, superado en la historia china sólo por su propio abuelo. Su gobierno también estuvo salpicado por una creciente burocratización y corrupción que terminó minando las bases de su poder y fue obligado a abdicar.

El Emperador Qianlong montado a caballo con una armadura ceremonial. Pintura del misionero jesuita italiano Giuseppe Castiglione.

El Emperador Qianlong montado a caballo con una armadura ceremonial. Pintura del misionero jesuita italiano Giuseppe Castiglione.

En la rebelión de Taiping, guerra civil de connotaciones religiosas y sociales, entre 1851 y 1864, se enfrentaron las fuerzas imperiales de la dinastía Qing contra las del llamado Reino Celestial de la Gran Paz (estado oposicional establecido por Hong Xiuquan, líder de la rebelión). El conflicto se desarrolló especialmente en el sur de China y las víctimas se calculan entre 20 y 50 millones de personas. Por sus controvertidas propuestas sociales reformistas, que incluían la abolición de la propiedad privada, fue combatida también por los Estados europeos, que apoyaron a los Qing, que se alzaron con el triunfo final.

Puyi fue el último emperador de la dinastía Qing. Nació el 2 de febrero de 1906 y cumplidos los tres años de edad fue proclamado emperador con el nombre de Xuantong. No obstante, por su corta edad, el poder fue regenteado por el príncipe Chun, su padre. Tras la revolución republicana de 1912, promovida por Sun Yat-sen y Yuan Shikai, el niño emperador fue obligado a abdicar al trono.

Puyi en 1935

Puyi en 1935. Después de su abdicación Puyi pudo conservar muchos de los privilegios que sus ancestros habían disfrutado. Se le permitió continuar viviendo (temporalmente) en la mitad norte de la Ciudad Prohibida.

Referencia:
COBOS PINZÓN, F. A. (2010). Hipertexto Sociales 6. Editorial Santillana S.A.
GIMENO, D. (2008). Grandes Civilizaciones de la Historia. Antigua China. Editorial Sol 90.
 

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