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Aztecas: Organización social

Pirámide social azteca

Pirámide social azteca

Una de las características de la sociedad azteca fue el grado de jerarquización que exhibía. Básicamente dividida en dos sectores, los nobles o pipiltin, y el pueblo o macehuales, conocieron numerosos estratos que, con sus singularidades, eran parte de uno u otro grupo. Entre los primeros se destacaron especialmente los sacerdotes y los guerreros, quienes de alguna manera sintetizaban los grandes trazos del poder azteca: la conquista militar y espiritual. Sin embargo, la organización social azteca proporcionaba los medios para que su gente pudiera vivir reunida armoniosamente: ofrecía alimento, habitación, útiles de trabajo y vestido. Satisfacer las necesidades de una po­blación en aumento formaba parte de las preocupaciones del Estado.

Los aztecas se dividían en varias clases sociales dependiendo de su participación en la distribución de los bienes y privilegios del Imperio. Durante su apogeo -a comienzos del siglo XVI- en Tenochtitlan se distinguían los siguientes grupos sociales:

Sacerdotes:

Estaban a cargo del culto y las ceremonias rituales. Dada la importancia de la religión entre los aztecas, su número era muy importante y se calcula que sólo en Tenochtitlán había unos 5.000. Eran reclutados entre los hijos menores de la nobleza y se educaban bajo una severa disciplina. Posteriormente, cuando completaban su formación, eran reubicados en los distintos templos, para realizar tareas de asistencia a los sacerdotes más experimentados en los servicios, cantos y sacrificios. Los sacerdotes también recibían las confesiones de las personas y les brindaban su consejo.

Sacerdote azteca en una sangrienta práctica religiosa

Sacerdote azteca en una sangrienta práctica religiosa

Pipiltin:

Eran los nobles, miembros de los clanes fundadores de Tenochtitlán. Poseían tierras en forma individual, donde explotaban a los plebeyos, siervos y esclavos. Sus hijos recibían una formación especial en los centros de instrucción llamados calmecac. De aquí egresaban listos para asumir los principales cargos del Estado, incluso el Huey Tlatoani. Estaban exonerados de pagar tributo y podían tener muchas esposas.

Pochtecas:

Eran los comerciantes que habían alcanzado un estatus especial por sus riquezas. También podían tener tierras en forma individual y disfrutaban de ritos y costumbres exclusivos de su gremio. Incluso tenían un tribunal de justicia diferente. Muchos de los pochtecas llevaban a la gran feria de Tlatelolco mercaderías de lugares lejanos como Honduras y Guatemala. En muchas ocasiones eran convocados por el Huey Tlatoani para desempeñarse como embajadores o espías.

Los pochtecas

Los pochtecas adoraban a Yiacatecuhtli, de quien afirmaban les había enseñado el arte de comerciar.

Macehuales:

Eran los hombres del pueblo, miembros de los calpullis o comunidades. Se dedicaban principalmente a la agricultura o las artesanías. Trabajaban en las tierras colectivas de sus calpullis, pagaban tributos al Estado y cumplían con el servicio militar obligatorio. Muchos de ellos trabajaban en las propiedades de los pipiltin, donde eran llamados mayeques o braceros.

Tlatlacotin:

Eran los esclavos obtenidos en las guerras, los condenados por la justicia o los sometidos voluntariamente para saldar una deuda. Podían recuperar su libertad. Ellos mismos o sus parientes podían pagar su rescate. Los hijos de los tlatlacotin no heredaban su condición de esclavos.

El Derecho

El Derecho en la sociedad azteca

La sociedad azteca regulaba la conducta de sus habitantes por medio de la costum­bre. La pertenencia a una comunidad da­ba seguridad y garantizaba la subsisten­cia, mientras que separarse de ella o ser expulsado significaba la muerte a manos de los enemigos o el aislamiento. Un as­pecto importante del cuerpo de leyes de los aztecas era el que tenía que ver con aquellos actos abiertamente realizados contra la sociedad. Las transgresiones a las normas comunitarias, implicaban la pérdida de los derechos civiles.

A medida que la población fue aumentando hasta el grado en que sólo los dirigentes eran conocidos por la sociedad, se fue restringiendo el sentido comunitario y de cooperación. Así, al dismi­nuir la responsabilidad solidaria, los robos y otros delitos de pequeña importancia aumentaron. Los conflictos y las injus­ticias también aflo­raron, con la cre­ciente complicación de las tareas y de las formas de subsisten­cia. De hecho, fue ne­cesario crear tribunales encargados de ejercer su jurisdicción en asuntos de la comunidad.

La pena de muerte

Ejecución por apaleamiento

El destierro o la muerte era la suerte que esperaba al malhechor que ponía en peligro cualquier bien pertenecien­te al conjunto de la comunidad. El robo en camino real era castigado con pena de muerte y las raterías en el mercado significaban la muerte instantánea, generalmente por medio de la lapidación. El robo de maíz, considerado elemento principal de vida, cuando estaba en crecimiento en el campo era un grave delito que requería la pena de muerte o la esclavitud. Sin embargo, un caminan­te podía impunemente satisfacer su hambre cortando mazorcas de las hile­ras colindantes del camino.

El hurto de oro, plata o jade y de sustan­cias preciosas reservadas para los orna­mentos religiosos era también un delito que se castigaba con la muerte. El asesinato, aun el de un esclavo, traía consigo la misma pena y los rebeldes y los traidores corrían idéntica suerte. El adulterio se castigaba con gran seve­ridad y aun con la muerte cuando se co­metía fuera de los límites de las leyes del divorcio. En cuanto al incesto, el cas­tigado tenía como destino final la horca.

La esclavitud

La esclavitud en la sociedad azteca

El origen de la esclavitud, muy difun­dida en el México precolombino, se atribuye a distintas causas: se podía llegar a ser esclavo por secuestro o cautiverio de guerra, muchos delitos como ser deudor moroso también eran castigados convirtiendo a éste en esclavo; incluso el padre podía vender a su hijo como un esclavo. Con todo, entre los aztecas, pertenecer a este grupo servil no implicaba ser despojado de todos los derechos. De hecho, podían tener propiedades per­sonales, aunque sin el consentimien­to del amo o sin motivo fundado no podían venderlos. Por otra parte, los hijos de los esclavos eran libres y no compartían necesariamente el futuro de sus padres. Las tareas de los esclavos en la sociedad azteca eran especialmente utilitarias, encargándo­se de los trabajos de carga y de los domésticos.

Referencia:
GIMENO, D. (2008). Grandes Civilizaciones de la Historia. Editorial Sol 90.

Edad Antigua