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Mao Tse-tung

 
 

Mao Tsé tung o Mao Zedong (1893-1976). Presidente del Partido Comunista de China, fundador de la República Popular China y su máximo dirigente desde 1949. Mao es uno de los más interesantes rebeldes del mundo moderno. Su larga carrera política, llena de éxitos enormes, pero no exenta de errores significativos, arroja un resultado ampliamente favorable: en China ya no se siente hambre.

Mao Tse-tung Mao Tse-tung

Nació el 26 de diciembre de 1893 en Shaoshan, provincia de Hunan. Fue el mayor de los tres hijos de un rico campesino prestamista. En su adolescencia, Mao actuó impulsado por un sordo sentimiento de rebeldía. Víctima del tradicionalismo -había sido casado a la fuerza a los catorce años-, se dedicó a pregonar el advenimiento de costumbres modernas. Mientras tanto, se había topado con profesores y alumnos ostensiblemente radicales. Este círculo de relaciones, junto con la guerra nacional de China contra los caudillos militares y extranjeros, ganaron a Mao definitivamente para la revolución. En 1921, se casó con Yan Kai-jui. Pero en ese año hubo un acontecimiento mucho más importante: la fundación del Partido Comunista Chino, en la cual participó. A renglón seguido, se trasladó a su provincia, donde se destacó como magnífico organizador sindical y estudiantil. Al poco tiempo, la revolución china tuvo un considerable fracaso; pero Mao, sin desmayar, organizó un poderoso ejército campesino. Sin embargo, las políticas del Comité Central del partido estorbaban su accionar, lo cual llevó, en 1933, a la destrucción del 90 por ciento de las fuerzas comunistas ancladas en las ciudades.

Entonces Mao organizó la Gran Marcha, salvando a su ejército de un inminente desastre, por medio de una fantástica travesía por todo el país. Poco después, se casó, por cuarta vez, con Chiang Ching. Para entonces, fines de los años treinta, los japoneses habían invadido a China. Mao forzó a su archienemigo Chiang Kai-shek a una alianza para evitar el desmembramiento del país. Luego de derrotadas las potencias del Eje, en 1945, la alianza se derrumbó y estalló la guerra civil. Al salir triunfador, Mao pudo proclamar la República Popular China, en 1949. En 1965, lanzó la «Gran Revolución Cultural Proletaria», que hundió al país en el caos. Impotente para moderar los efectos nocivos de una oleada gigantesca que él mismo había desatado, rodeado de facciones que aguardaban desde ambos flancos y habiendo perdido su capacidad para arbitrar las tendencias, el gran revolucionario expiró el 9 de septiembre de 1976.

Mao y la relación con su padre

Mao Tse-tung, joven  Mao Tse-tung, joven.

Está establecido que el padre de Mao Tse-tung fue un hombre hirsuto, demasiado malo, incluso para ser humano. Tiránico y obsesivamente ahorrativo, tenía a su familia sometida al estricto régimen patriarcal que estipulaban los reglamentos confucianos. Mao no heredó ni el carácter ni los gestos de su padre. Pero, en cambio, frente a él aprendió a luchar. El hogar se convirtió en un vivaz laboratorio de combate, y el futuro dirigente comprendió entonces que ante la autoridad era preciso oponer la energía, no la sumisión.
 
Se casó muy joven
 
En China, siempre fueron frecuentes los matrimonios concertados, lo cual colocaba en situación muy difícil a los cónyuges; y este atrabiliario procedimiento fue aplicado, igualmente, al futuro jefe de los comunistas chinos. Cuenta la anécdota que, después de la ceremonia, Mao, hombre de indudable buen gusto, levantó el velo de su joven esposa y como la encontrase sencillamente horripilante, se negó, en consecuencia, a cumplir su deber de esposo.

En todo esto hay más importancia de la que se suele atribuir, porque este incidente, en efecto, reforzó más aún en el muchacho su rebeldía, creándole además un blanco social, no individual, cuales eran las viejas costumbres feudales y patriarcales de China.

Mao Tse-Tung, Earl Leaf, Chou En-Lai y la primera esposa de Mao
Mao Tse-Tung, Earl Leaf, Chou En-Lai y la primera esposa de Mao.

Las primeras luchas a las que adhirió el joven Mao
 
No olvidemos que, en ese momento -segunda década del siglo XX-, China estaba conmocionada por violentos conflictos sociales que, en principio, habían dado al traste con la cruel y atrasadísima dinastía Manchú y que, posteriormente, buscaban un cauce que la condujera al régimen republicano y a la unidad nacional.

La intelectualidad, a su vez, estaba enfrascada en un debate contra las viejas costumbres e ideas. Mao adhirió con entusiasmo a dicha corriente, que preconizaba el respeto a los hijos, el derecho al amor, etc.; en fin, lo que podríamos llamar las reivindicaciones del corazón. Mas no se crea que era algo inútil o simplemente inofensivo; se trataba de defender al individuo, anulado dentro de la monótona rigidez de la sociedad autocrática, que llegó aun a prohibir los periódicos dedicados a luchar por la libertad de expresar los sentimientos amorosos.
 
Su segundo matrimonio
 
De la rebeldía, Mao pasó a la lucha sin cuartel por la democracia. Había profundizado seriamente sus conocimientos y cultivado su capacidad física; además, a todas luces, maduraba hasta que apareció en él un rasgo nuevo: su capacidad de dirigir. Estuvo al frente de muchos enfrentamientos, defendiendo la República y el federalismo.
 
Sus profesores lo observaron. El mejor de ellos, Yang Chen-chi, terminó intimando con Mao. Yang era venerable, y tenía, además de sabiduría y paciencia, una hermosa y cultivada hija. Así, a medida que el discípulo se hacía más aventajado, más se acercaba a la familia Yang y, un año después de que el anciano profesor muriera rodeado de respeto, su hija se casó con Mao, en 1921.
 
El matrimonio, lejos de apartar a Mao de las filas revolucionarias, lo sumió mucho más en la lucha. El recuerdo de su suegro; la nueva madurez obtenida por esta primera relación sentimental, y, finalmente, el propio carácter abnegado y heroico de Yang Kai-jui (asesinada en 1927 por Chiang Kai-shek), lo empujaron con renovada fuerza al torrente revolucionario.
 
Se volvió comunista
 
Algunos cronistas, tal vez demasiado cándidos, sólo han provocado risas al afirmar que Mao se hizo comunista por odio al padre, de suerte que, según esta versión, fue un trauma el que cambió la historia china y mundial… pero la realidad era que China sufría una verdadera oleada de marxismo. Las grandes potencias se repartían descaradamente el país, haciendo que el hambre, la miseria, el vicio, lo asolaran. No obstante, los sentimientos patrióticos de todos los chinos eran salvajemente violentados y existía entre el pueblo la firme determinación de que era necesario salvar la nación. El movimiento nacionalista, encabezado por Sun Yat-sen, había puesto de presente que sí era posible encontrar una salida y, como por otra parte, la Revolución Rusa, que había resistido exitosamente la invasión de 14 potencias occidentales y hecho realidad las reivindicaciones sociales básicas, era extremadamente popular, mucha gente empezó a simpatizar con el comunismo; y Mao no fue una excepción y, aunque apenas tiene 25 años, está casado, espera su primer hijo... y carece de plata, ya es militante activísimo y se ha iniciado a la edad en que otros comienzan a desertar.
 
A la edad de 27 años, Mao asistió al Primer Congreso del Partido Comunista de China el 23 de julio de 1921. En ese primer congreso Mao Zedong dijo: «el marxismo salvará a China». Dos años más tarde fue elegido miembro del Comité Central en el Tercer Congreso. 

La Primera Revolución
 
Pese a que el marxismo dejaba entrever su papel de ideología dirigente de los revolucionarios, el movimiento por la independencia y la democracia aún estaba predominantemente en manos de los nacionalistas.

La fundación y desarrollo del Partido Comunista Chino pertenece a la leyenda: con 12 delegados, Mao entre ellos, representando a 53 comunistas, fue creado formalmente en 1921. Dos años después sólo había quinientos militantes en todo el vasto territorio chino. Pero, de repente el partido dio un salto y, en 1927, antes de la derrota sangrienta de la revolución, contaba con cincuenta mil hombres.

Mao tuvo que ver con este proceso en dos sentidos. Por un lado, aunque todavía no despuntaba en él plenamente el ideólogo, sí era el principal organizador del partido, reconocido explícitamente como tal. Por otro, estando de acuerdo con la alianza con el partido nacionalista Kuomingtang (KMT), repudiaba la táctica pasiva frente a éste de parte del Comité Central y propugnaba que se diera apoyo armado a los violentos y espontáneos levantamientos de los campesinos chinos.

El Ejército Rojo
 
La creación del Ejército Rojo de Obreros y Campesinos fue una epopeya. Comencemos advirtiendo que éste mérito lo comparte Mao con un hombrecito indescriptiblemente feo, genio militar y bastante afable, llamado Zhu-Te. Después de todo, al comienzo el gobierno, muy confundido, hablaba del famoso guerrillero comunista Mao-Zhu.
 
Uno de los grandes aportes de Mao fue comprender el papel del campo y del campesino en la nación china, porque siendo su país gigantesco, y estando dividida la reacción, era posible -alegaba Mao- crear «oasis», bases rojas de apoyo, de donde la resistencia guerrillera extrajera su fuerza. El tiempo le dio la razón y se la quitó a tantos de sus adversarios dentro del propio partido comunista, especialmente a los que habían propugnado la línea de la revolución urbana, proletaria y sindicalista, por considerarla una vía más rápida y eficaz que la demorada guerra campesina que reclamaba el obstinado Mao Tse-tung.

Mao y Zhu-Te Mao y Zhu-Te.

La Gran Marcha

El Comité Central del Partido Comunista Chino, no estaba feliz con Mao. Este, a su vez, sólo le obedecía a medias. Empero, llegó un momento en que era imposible encontrar una vía media: o la línea de la dirección del partido, que consistía en darle prioridad al trabajo en las ciudades y en propiciar grandes batallas decisivas, o la de Mao, que hacía énfasis en el trabajo campesino y la guerra de guerrillas. Así se planteaba el dilema. Por la lógica de la disciplina partidista, debía imponerse el Comité Central. El resultado fue un desastre. Los comunistas perdieron el 90 por ciento de sus fuerzas. Chiang Kai-shek, quien contaba con un consejero militar alemán, parecía enloquecer de alegría.
 
Ante esto, Mao trazó una táctica de salvación que, a primera vista, se consideraba algo descabellado. Zhu-Te no puso objeción, pues, en todo caso, no había otra salida. El plan de Mao consistía en atravesar 12.000 km., de todo tipo de clima y geografía, sometidos a los ataques de las tropas nacionalistas, y avanzando siempre con el Norte como dirección final, pues se trataba de alcanzar el refugio de Yunán. Víctimas de sucesivas campañas de acoso y cercamiento, sufriendo intensamente, lo lograron en poco menos de un año, asombrando al mundo.
 
Pese a que dejó el camino sembrado de muertes, el Partido Comunista Chino, además de obtener un resonante triunfo moral, atravesó el país, logrando miles de adeptos entre los campesinos. Por lo demás, el Comité Central decidió, por fin, colocar a Mao al frente del partido.

La Gran Marcha de Mao La Gran Marcha de Mao.

La alianza con Chiang Kai-shek
 
Mientras sucedía lo anterior, en 1931, Japón había invadido a China, y, aunque, los comunistas clamaron por la unidad nacional contra el militarismo japonés, su llamamiento cayó en el vacío.
 
Chiang consideró que los japoneses eran los indicados para hacerle el favor de acabar con los molestosos comunistas. No dijo ni una palabra contra el genocidio que una potencia extranjera perpetraba contra sus connacionales; ni siquiera cuando, con la divisa de «los tres todos» (quemarlo todo, inundarlo todo, destruirlo todo) mataron dos millones y medio de personas en una provincia de cuatro.
 
No obstante, Chiang tenía demasiados compromisos con el bloque anglofrancés, como para no comprometerse con él en la guerra mundial, que se aproximaba a ojos vistas. Por lo tanto, era posible obligarlo a participar -aunque no fuera más que pasivamente- en la defensa nacional. Agreguemos, finalmente, que el pueblo chino, eminentemente patriótico, seguía a los comunistas sólo a condición de que éstos demostraran ser los mejores defensores del país. Así, pues, la incómoda e insólita alianza con Chiang (a quien hacía poco llamaban en su oposición cotidiana «pandillero fascista») era necesaria.

Volvieron a enfrentarse con Chiang
 
No sólo la furia nacionalista del pueblo chino -que todos reconocían enorme-, sino el triunfo de los Aliados contra las potencias del Eje (en este caso, principalmente, las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki) dieron el triunfo a los comunistas de Mao y a los nacionalistas de Chiang Kai-shek, en 1945.
 
Mientras tanto, empezó a perfilarse el espectro de un país remoto, Grecia, vívido ejemplo de cómo, una vez liquidada la invasión fascista de fuerzas italianas y alemanas, los británicos habían logrado entronizar un gobierno militar dictatorial, el cual de inmediato se ocupó de destruir a su aliado de ayer, el Partido Comunista Griego. Y sobre la funesta posibilidad de que en China se repitiera el modelo griego, y sobre cómo hacer para conjurar esta amenaza, Mao disertó en su famoso informe ante el VII Congreso del Partido Comunista Chino.
 
Por su lado, Chiang, megalómano y corrupto, buscaba utilizar a los EE.UU. para mantener las prerrogativas de su casta. Estos, a su vez, veían en Chiang a alguien que defendería sus intereses en Asia. Sin embargo, el campo revolucionario era demasiado sólido y compacto como para dejar alguna sombra de duda sobre el resultado de su guerra con Chiang, quien, sumamente desacreditado, se sostuvo sólo gracias a una generosa transfusión de dólares para su agónica camarilla. Pero tal vida artificial no podía durar mucho, y el 1 de octubre de 1949 se proclamó la República Popular China, y los comunistas, con Mao a la cabeza, llegaron al poder.

Mao Tse-tung

Los seis primeros años de poder comunista se caracterizaron por una hábil combinación de firmeza y flexibilidad. Pero la represión comenzó pronto contra los cuadros del régimen vencido y continuó en sucesivas ocasiones. Siguió el modelo soviético para la construcción de la sociedad socialista mediante la redistribución de la tierra, la creación de una industria pesada y el establecimiento de una burocracia centralizada. Sin embargo, desarrolló una alternativa comunista china que reflejaba la diferente demografía de su país, su propia experiencia con los campesinos y su hostilidad hacia la burocracia. En 1957 inició la aplicación de su política mediante el denominado Gran Salto adelante, intentando sustituir el Estado burocrático por un sistema celular de comunas locales autónomas. El Gran Salto fracasó a principios de la década de 1960.
 
Comienzo de su relación con Chiang Ching
 
Hagamos un paréntesis. En medio de sus arduas actividades políticas, Mao se había casado por tercera vez con Ho Tzu-Chen, dedicada compañera que le había dado dos hijos.

Al llegar a Yunán tras la Gran Marcha, Mao Tse-tung fue cautivado por una actriz de cine, Chiang Ching. Se divorció pues, de Ho, lo cual causó gran malestar, y no ha de extrañarnos la oposición del Buró político a la nueva relación, porque, sea como sea, cuando el objeto de nuestra admiración comete acciones a ras de ciudadano común, sentimos generalmente una oleada de rencor y decepción. Por lo demás, había poderosos argumentos contra el romance: Ho era una buena y experimentada camarada, mientras que Chiang era la «Manzana Azul». Pese a que Mao persistiera obstinadamente en su elección, el resto de la dirigencia comunista la veía como una arribista insignificante, aunque, tal vez, esto no fuera un juicio injusto, pues la cuarta mujer de Mao era un infortunado caso de exuberancia, porque demasiado bonita, agradable, sumamente astuta y penetrante, tenía ambiciones desmesuradas y aptitudes naturales para la intriga: su tremendo carácter habría de revelarse años después.

  Mao y Chiang Ching Mao y Chiang Ching.

Para una mejor comprensión, vale precisar que esta Chiang Ching es la mismísima viuda de Mao que ha sido encarcelada y enjuiciada a comienzos de los años ochenta como integrante de la llamada «banda de los cuatro», que no es otra cosa que el ala de izquierda del Partido Comunista Chino.
 
Los continuos problemas con Stalin
 
Si bien las posiciones de Stalin y de Mao concordaron relativamente bien hasta mediados de la década del 30, también es cierto que a raíz de la «Gran Marcha», la táctica de la Internacional Comunista, representada en China por Wang Ming, entró en conflicto con las disposiciones maoístas sobre la guerra campesina.
 
En la II Guerra Mundial, los dos dirigentes comunistas volvieron a estar -esta vez íntegramente- de acuerdo, mas, finalizada la gran conflagración, volvieron a separarse, pues Stalin no creía en el triunfo inmediato de la Revolución China.
 
El caso es que, en 1950, ambos jerarcas protocolizaban la alianza chino-soviética mediante un amplio tratado. Y hay que concluir que, si bien nunca existió la unanimidad y los chinos fueron siempre reacios a seguir una dirección internacional, las relacionas entre Stalin y Mao fueron buenas hasta la muerte de aquél.

Encuentro entre Stalin y Mao Zedong en diciembre de 1949
Encuentro entre Stalin y Mao Zedong en diciembre de 1949

Ruptura con la URSS
 
Kruschev, calvo y grasiento, impulsivo y desaforado, tenía más de cortesano que de líder político, Mediante hábiles maniobras, logró fusilar, encarcelar o anular toda la plana mayor stalinista -Beria, Molotov, Mikoyan- y hacerse al poder. En el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, denunció acremente a su predecesor. Junto con esto, Kruschev sustentó nuevas teorías como las del reparto del mundo entre las dos grandes potencias y la revolución pacífica, lo cual originó una violenta disputa entre los dos colosos del socialismo. Mao impulsó una persistente campaña propagandística, destinada a demostrar que los rusos habían traicionado a los pueblos y, luego de la invasión soviética a Checoslovaquia, en 1968, se hizo evidente que la ruptura era definitiva.
 
La «Gran Revolución Cultural Proletaria»
 
Finalizado el «Gran Salto», en medio de multitud de autocríticas y reconvenciones, la nación empezó a vivir un período de relativa estabilidad; empero, había varios factores perturbadores. Por un lado, estaba el espíritu burocrático y el deseo espontáneo de buscar comodidades y dar por cancelada la revolución y, por otro, había una serie de facciones interesadas en desbaratar el aparato partidista y estatal para apoderarse ellas mismas del poder. Finalmente, pero no menos importante, estaba el influjo mal asimilado de la propaganda contra la URSS, que generaba el ingenuo deseo de estar en todo mucho más a la «izquierda» que los mismos soviéticos.
 
Bajo esta triple presión, Mao proyectó, en 1965, la Gran Revolución Cultural Proletaria, cuyo objetivo era acabar con la producción mercantil e instaurar de inmediato el comunismo. Un comunismo ultrapolitizado, ascético, religioso, campesino, opuesto en términos generales a cualquier síntoma de corruptora abundancia material.
 
Es lógico que este delirio izquierdista haya terminado, también, en el fracaso. De todos modos, Mao, relativamente flojo en cuestiones de economía, es uno de los más grandes políticos del siglo XX y figura histórica de primera magnitud.

Conocido a través de su libro Los pensamientos del presidente Mao (popularmente el Libro rojo), fue venerado en China. Fue jefe supremo de China en 1970. Demostró una habilidad extraordinaria para mantenerse en el poder, a costa de reiterados fracasos que causaron decenas de millones de víctimas. Mao Tsé-tung falleció el 9 de septiembre de 1976 a la edad de 86 años en Pekín.

Referencia:
Congrains Martin, Enrique. Colosos de la Humanidad, políticos y gobernantes. Forja, Bogotá