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Isaac Newton

 
 

Isaac Newton Isaac Newton

Isaac Newton (1642-1727), aparte de ser un hereje solitario y neurasténico, es uno de los talentos más insignes del género humano: el cálculo diferencial e integral, la ley de la gravitación universal, la formulación de la mecánica clásica, los principios de la óptica y el telescopio reflector, entre otras tantas minucias, se deben a él. Fue un físico, filósofo, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés.

Newton nació en Inglaterra el 4 de enero de 1643, aunque en ese entonces el calendario usado era el juliano, y correspondía al 25 de diciembre de 1642, día de la Navidad, en la localidad de Woolsthorpe, condado de Lincolnshire, Inglaterra, y fue un niño débil y enfermizo. Sus padres fueron Isaac Newton y Hannah Ayscough, dos campesinos puritanos. Huérfano de padre casi al nacer, fue trasladado a casa de su abuela. A los doce años ingresó a The King's School, en Grantham (Escuela del Rey). Se hospedó en casa del boticario Clark, donde vivió feliz y trabó amistad con la señorita Catherine Storey, única mujer con quien mantendría lazos afectivos.

Cuatro años después fue solicitado por su madre para que la ayudara en los quehaceres de su granja. Pero Newton, que ya había realizado algunos ingenios mecánicos y leído libros técnicos, se hastiaba y no rendía. Al no corresponder a las expectativas maternas, pudo volver a la escuela. Allí mostró su indiscutible genio. En 1664 tenía una beca en matemáticas y estaba completamente familiarizado con esta ciencia. La casualidad ayudó entonces al género humano. La peste bubónica hizo que Newton se retirara de la vida académica y se concentrara en sus trabajos científicos. Fue en este período de recogimiento obligado cuando hizo sus grandes descubrimientos.

No tardó mucho para que le llegara el reconocimiento nacional. Fue nombrado sucesivamente miembro y presidente de la Royal Society (Sociedad Real) de Londres. Pero sus éxitos no se quedaron en el reducido ámbito científico. En efecto, fue también parlamentario, próspero personaje y director de la Casa de la Moneda. En 1705, la reina Ana le concedió la nobleza por sus investigaciones; fue el primer científico que recibió un galardón semejante. Cargado de honores, autor de un texto que será siempre un hito en la historia de la ciencia Philosophiæ naturalis principia mathematica (del latín: Principios matemáticos de la filosofía natural), también conocido simplemente como Principia, Newton dio fin a su larga y fructífera vida en 1727.

Principia Portadilla de Principios matemáticos de la filosofía natural.

Su infancia

Aunque no se puede afirmar tajantemente que Isaac fue un niño desdichado, es indudable que no tuvo muchas alegrías. Debe recordarse que su nacimiento fue prematuro, y su constitución enfermiza y endeble; no se esperaba que llegara a la mayoría de edad. Huérfano de padre a los tres meses, fue enviado a casa de su abuela, cuando su madre volvió a casarse; es de suponer que el nuevo hogar, ascético y frío, si bien lo acostumbró a la soledad y la reflexión, no pudo proporcionarle las diversiones propias de su edad.
 
Su vocación por las matemáticas

Su ambiente era más bien rústico. No contaba con un tutor que lo orientara (más adelante, afortunadamente, lo encontró). Lo más probable es que su natural habilidad se moldeó en un medio donde se desarrollaba espontáneamente la destreza manual, el sentido de lo mecánico. A los doce años empezó a salir de esa crisálida gris e informe que, en general, constituye la primera década de la existencia, y comenzó a idear algunos «inventos» bastante sencillos -e inútiles, por cierto; aún tenían sólo carácter de juego-, algunos de los cuales maravillaban a los vecinos.

estudios sobre la luz realizados por Newton
Grabado del siglo XIX que ilustra los estudios sobre la luz realizados por Newton.

Newton estudiante

En la escuela, Newton no era un muchacho destacado. Tampoco era un pupilo malo, como sí lo fueron otros grandes sabios; apenas era regular. Sin embargo, la interrupción de sus estudios se debió a factores ajenos a su voluntad: su madre lo retiró del colegio porque necesitaba un ayudante en la granja. De paso, anotemos que, en la agricultura, Newton sí se destacó como pésimo, perezoso y negligente.

Su reencuentro con los estudios se produjo ya a un nivel más elevado, en la Universidad de Cambridge. Si bien tampoco allí comenzó con buenos auspicios, muy pronto se halló bajo la guía de Isaac Barrow quien, además de orientarlo, le consiguió una beca para estudiar matemáticas. Se acababa de gestar un genio.

Cambridge 
Universidad de Cambridge, donde estudió Isaac Newton.

Descubrió el cálculo

Como tanto el cálculo infinitesimal como el diferencial pertenecen a las matemáticas superiores, y constituyen herramientas indispensables para nuestra actual bonanza industrial; y como hoy para dominar uno y otro se necesitan conocimientos universitarios, bien se puede imaginar que sólo un genio pudo haberlos ideado.
 
Al respecto, existe una discusión. Algunos afirman que fue Leibniz, el gran filósofo alemán, quien concibió primero el cálculo. Otros se inclinan por Newton. Dada la integridad y elevada inteligencia de ambos científicos, es presumible que ninguno haya plagiado al otro y que, más bien, en una curiosa pero no única coincidencia, hayan hecho el mismo descubrimiento trascendental al mismo tiempo, después de trabajar de una manera absolutamente independiente.
 
Otros descubrimientos
 
Pero Newton no sólo se concentró en la teoría matemática. Como muchos otros prohombres del Renacimiento, abarcó diversos aspectos del saber humano, sin dejar de profundizar en todos ellos. Veamos algunas de sus contribuciones:
 
* Introdujo variantes en el telescopio.

* Descubrió que la luz blanca no difería por su carácter de la de otros colores, sino que ésta era producto de la descomposición de aquélla. Importantísimo asunto, esencial para la subsiguiente historia de la óptica.

* Formuló, en términos generales, las leyes de la termodinámica.

* Tuvo intuiciones extraordinarias. Por ejemplo, llegó a enunciar la posibilidad de conversión de la materia en radiaciones y viceversa.

  Newton

A veces parece inexplicable, casi arte de magia, que un mortal común y corriente pueda llegar a conclusiones que revolucionan el curso de la humanidad. En otras ocasiones, cuando se estudia con más detenimiento, se ve que esos resultados ya flotaban en el ambiente, y eran casi cosa tangible. Sólo profundizando más se puede llegar a comprender que la esencia de la genialidad es precisamente ésa: la capacidad de comprender lo obvio. Sólo el genio puede recoger todos los datos que le proporciona su época y sintetizarlos, poniendo a veces muy poco de su propia cosecha.
 
Si bien Newton tuvo que realizar grandes esfuerzos de elaboración y teorización en muchas de sus invenciones -apenas pensemos en el cálculo-, la más conocida de ellas implicó, ante todo, resumir y concluir lo que Kepler y Galileo y, habían encontrado. Así, se ve que no fue, entonces, que una providencial manzana aclarara la mente de Newton; fue que trabajó mucho en el asunto y tuvo estupendos predecesores que ya habían planteado el problema, acercándose, por lo tanto, a su solución.
 
Su aporte fundamental

Naturalmente, al tener a su favor sólo uno de los anteriores hallazgos, Newton hubiera sido ya considerado como una figura prominente en la historia de la ciencia. Pero gracias a otro descubrimiento fue como Newton llegó a ser conocido por las generaciones siguientes: la ley de la gravitación universal.
 
En apretada y elemental síntesis, dicha ley establece que los objetos ejercen atracción unos sobre otros en relación con su masa. Esta fuerza, la de atracción, es la que, por ejemplo, hace que una manzana caiga al suelo. Newton demostró que el patrón de comportamiento de la manzana podía perfectamente aplicarse a la Luna en su relación con la Tierra, a ésta con el Sol, y así sucesivamente en lo inconmensurable del universo.

Elegido miembro de la Royal Society de Londres
 
Ser miembro de la Royal Society (Sociedad Real) -recordemos que Newton terminó alcanzando su presidencia-, era el máximo honor que en aquel entonces se podía conceder a un científico, por lo que resulta curioso que nuestro biografiado obtuviera la solemne membresía gracias a su realización menos destacada.

Telescopio reflectivo Telescopio reflectivo de Newton.

En efecto, Newton introdujo dos mejoras en el telescopio. Por un lado, creó un “telescopio reflector”, con mayor capacidad de aumento. Por otro, para menguar el efecto de equivocación cromática, introdujo un lente cóncavo que, como contraprestación, deformaba la imagen. Con el tiempo, se logró construir un telescopio acromático, pero ese mérito no corresponde ya a Newton. Lo anterior sólo sirve para corroborar que las importantes sociedades de científicos, incluso cuando premian justamente el genio, se equivocan en sus apreciaciones y confunden a menudo lo trascendental con lo elemental.
 
Era poco sociable

Por ejemplo, después de haber sufrido la acusación de plagio, procuró no volver a publicar, pese a que tenía entre manos descubrimientos maravillosos. Hirsuto y lacónico en las polémicas, reconcentrado, silencioso, pero a la vez distraído y sosegado en la soledad, expresa en todo la imagen vulgarizada del científico que tanto se ha difundido en nuestros tiempos. Su famosísima obra Principios matemáticos de la filosofía natural se dio a la publicidad sólo gracias al tesón de un admirador, Halley, quien tuvo que correr con los gastos de impresión.
 
Por extraño que parezca, Newton tuvo algo muy parecido a una novia: la señorita Storey. El afecto que los unía venía de la infancia, y parece que al estudioso lo seducía la idea de casarse y levantar un hogar. Pero infortunadamente en ese entonces prevalecían absurdos prejuicios moralistas que se expresaban en multitud de trabas y reglamentos. El matrimonio impediría a Newton posesionarse de su cátedra en Cambridge. Así, puesto a escoger entre la Storey y la ley de gravitación universal, se decidió por ésta última. Newton fue, pues, un hombre soltero.
 
HISTORIA DE UNA MANZANA PROVIDENCIAL
 
Está muy difundida la siguiente anécdota: Newton descansaba plácidamente debajo de un árbol y, de repente, cayó una manzana sobre su cabeza, despertándolo. Este episodio iluminó al genio, haciéndole concebir la ley de la gravitación universal. Sobra decir que la versión ha dado la vuelta al mundo.

Sin embargo, la historieta es apócrifa. Cuando se preguntó a Newton cómo había obtenido la ley, contestó: «Pensando sobre ello insistentemente.» Fue Voltaire, con su característico humor negro, quien inventó lo de la manzana. No fue el único gran enemigo que tuvo, ante la posteridad, Newton; Goethe consideró odiosa su teoría de la descomposición de la luz, y lo atacó acremente en varios libelos, larguísimos e imposibles de digerir.

LAS LEYES DEL MOVIMIENTO UNIVERSAL
 
Un elemento de la grandeza es la sencillez. Los siguientes son los postulados de Newton acerca del movimiento, en el primer tomo de su libro Principios matemáticos de la filosofía natural, el mismo donde se formuló por primera vez la ley de la gravitación universal:
 
* Todo cuerpo continúa en su estado de reposo o de movimiento uniforme en línea recta, a menos que lo obligue una fuerza externa a cambiar ese estado de inercia (por eso, cuando decimos que Fulano se "dejó llevar por la ley de la inercia”, quizá sin saberlo estamos valiéndonos de una idea newtoniana).
 
* El grado en que cambie el movimiento es proporcional a la fuerza que obre, si el cambio ocurre en la dirección en que obra la fuerza.
 
* Para toda acción hay una reacción igual y opuesta.
 
Si bien Einstein restó su carácter absoluto a esas hoy sencillísimas verdades, su papel trascendental en el desarrollo de la ciencia está fuera de toda duda.

¿Fue un plagiario?
 
Para mal, sus trabajos en óptica fueron impugnados por el entonces presidente de la Sociedad Real, un tal Robert Hooke, que hoy no se oye ni siquiera nombrar, y quien juraba haber realizado ya los experimentos con prismas que Newton reclamaba como suyos. En pocas palabras, Hooke insinuó de manera muy evidente que Newton había cometido un plagio contra él.
 
Aunque, incluso desde antes de Newton, se venían haciendo experimentos para determinar la naturaleza de la luz -el extraordinario Galileo hasta había tratado de medir su velocidad, anticipando en cuatro siglos a Einstein-, y es posible que el «importantísimo» Hooke haya hecho algo al respecto, es indudable que el mérito de un científico no sólo reside en experimentar sino también en interpretar, cosa que, en este caso, hizo Newton, antes y mejor que nadie.
 
Sus ideas teológicas eran prácticamente herejías
 
Los genios de los siglos XVI y XVII eran universales. No sólo explicaban los aparentes misterios de la naturaleza, sino que se preocupaban también por el más allá. Newton, al contrario de Galileo y Copérnico, gozó de un ambiente relativamente libre y definitivamente protestante. Gracia a esto, pudo ir bastante lejos en su heterodoxia teológica. Negó la existencia de la Santísima Trinidad y, sibilinamente, la divinidad de Cristo. Concibió al Universo como un mecanismo perfecto, con sus propias leyes, donde Dios tenía muy poco que hacer. Además, buscó una interpretación literal de la Biblia. Es indudable que su situación hubiera sido muy comprometida en un medio católico.

Su vida pública
 
Se mezcló en rencillas mezquinas. Su talento no residía en la comunicación con los demás sino en el trabajo personal. Empero, vale la pena reseñar los diversos honores a los que se hizo acreedor:
 
* Profesor de matemáticas de Cambridge (1669).

* Parlamentario (1689).

* Presidente de la Royal Society (Sociedad Real) de Londres (1703).

* Director de la Casa de la Moneda (1696).

* Noble (1705).
 
Pero su mejor título consiste en ser, junto con no más de otros diez privilegiados, uno de los más grandes genios de la historia de la humanidad.

Padeció durante su vejez diversos problemas renales, incluyendo atroces cólicos nefríticos, sufriendo uno de los cuales murió —tras muchas horas de delirio— la noche del 31 de marzo de 1727 (calendario gregoriano).

Referencia:
CONGRAINS MARTIN, Enrique. Colosos de la Humanidad, científicos e inventores. Forja.