contadores de paginas web

El folklore de Colombia: 1. Cundinamarca, Boyacá y Santanderes

Mitos

Se denominan mitos frecuentemente a una especie de personificaciones de las fuerzas naturales que rigen en la vida rural. Muchos de ellos poseen una categoría de creaciones filosóficas (teogonías) y de simbolizaciones artísticas (tótems) que vienen a representar una especie de grupos tutelares que serían a la vez amos de los seres mortales y servidores suyos merced a las advocaciones realizadas para conseguir su favor o ayuda. Son por ello, enemigos temibles que pueden transformarse en amigos poderosos. Todo depende del comportamiento que se observe y del respeto que se les otorgue. Es notable esta tendencia moral que en las tribus primitivas determina el trato que se debe a los animales y seres vegetales o a ríos, lagunas, montes, etcétera, terminando en aumento de categorías hasta la luna y el sol. De tal modo aparece el universo como una gran familia o una hermandad de todos los seres, que han de estar en armonía para el buen suceso de la vida humana.

Los mitos se dividen en mayores, menores y espantos. Los mayores constituyen una especie de deidades tutelares; los menores se asimilan a genios maléficos o traviesos; los espantos son simples visiones o sugestiones que se emparentan con los espíritus o ánimas de los muertos y se localizan en los lugares sombríos, lóbregos o medrosos como cementerios, graneros, casonas abandonadas, edificaciones muy antiguas, parajes solitarios, etc.

La Madremonte

Es un personaje tan notable como la Madre-Montaña de los griegos o su par americana, la Pacha-Mama de los incas. La Madremonte es una deidad tutelar que impera en la selva y rige los vientos, las lluvias y toda la naturaleza vegetal. No tiene representación material definida, lo que le presta un carácter de deidad de alta categoría. Tampoco la tuvo el Pachacamac de los incas, que sólo podía invocarse mediante un gesto particular, ni el dios supremo de los muiscas, Chiminigagua.

Escultura alusiva a La Madremonte en el Jardín Botánico de Medellín

Escultura alusiva a La Madremonte en el Jardín Botánico de Medellín

Dicen los monteros que La Madremonte vive en un rincón de la selva, a la sombra de una gran piedra. Cuando viene la época de las lluvias en las cabeceras de los ríos y estos crecen su caudal, el agua baja revuelta y arrastra su corriente toda clase de despojos: maderas podridas, frutos dañados, cadáveres de animales que han sido barridos por las lluvias y torrentes desde las orillas y que, descompuestos, emponzoñan las aguas haciéndolas nocivas para el baño.

La imaginación popular, para explicarse el efecto nocivo de estas aguas, sin apelar a razones científicas que no conoce, lo atribuye a que La Madremonte se bañó en el río y contaminó las aguas para que ningún mortal pretenda lavarse en ellas. La desobediencia es castigada por La Madremonte con la aparición de ronchas y pústulas en la piel, cosa que ocurre explicablemente por la infestación del agua crecida. El agua está embarbascada o picada, dicen los campesinos. Este mito parece identificarse con Daybagdodjira entre los indios barí-motilones del Catatumbo, tribu chibcha.

La Patasola

En Cundinamarca y Boyacá es sólo un personaje misterioso que rapta a los niños cuando lloran mucho o hacen travesuras. Se identifica en este caso con La Mancarita de Santander y por ello sería más bien un mito menor. Esta última se relaciona con una leyenda popular en que una mujer, a causa de sus perversiones y brujerías, perdió un brazo; fue la manca Rita, que tal era su nombre, y de allí nació la voz “Mancarita”. Por una reyerta con la madre en la cual Rita intentó asesinarla con un cuchillo, perdió el brazo que llevaba el arma. En cambio, en la región del Carare (Santander) aparece la verdadera Patasola, similar a la antioqueña.

Escultura de la patasola en el Parque mitológico del Espinal, Tolima.

Escultura de la patasola en el Parque mitológico del Espinal, Tolima.

El Mohán o Moján

Es otro espíritu tutelar de las aguas y en consecuencia de su importancia, mito mayor. Vive en los pozos oscuros de los ríos y quebradas tropicales y ahoga a quienes pretenden violar sus dominios; es pues el responsable de la muerte de los que perecen ahogados en los ríos selváticos. Su nombre corresponde a la voz mojas con que los chibchas denominaban a sus sacerdotes o hechiceros. Los campesinos de Cundinamarca atribuyen a los mojanes la crecida de los ríos.

Escultura del Mohán en el Parque de Mitos y Leyendas. Ibagué, Tolima.

Escultura del Mohán en el Parque de Mitos y Leyendas. Ibagué, Tolima.

La Candileja o Luz Viajera

Es considerada como compañera del Mohán, aunque se trata de un mito menor. Es una luminaria o luz a la cual, por no sabérsele el origen o causa, se atribuye una personificación fantástica. Así los fuegos fatuos causados por huesos o por metales enterrados, de cuya descomposición o alteraciones salen gases que se encienden al aflorar a tierra, o bien el resplandor lejano de algún tabaco encendido que lleva el caminante nocturno, o una luminaria que hace cierto recorrido y que es originada por la lumbre que alguna persona lleva desde un rancho a otro, o por cocuyos, cuyo cuerpo es luminiscente, etc. Todas estas son oportunidades de que se atribuya tal luz al personaje misterioso llamada La Candileja o Luz Viajera. Se le suponen virtudes mágicas para causar daño a las gentes.

Espantos

Entre los espantos propiamente dichos hay en esta zona algunos como El Coco, El Duende, La Mula de Tres Patas o Mula Coscoja que aparecía -siempre como ruido- en la antigua Santafé de Bogotá y otras ciudades y cuya marcha nocturna, en que posiblemente faltaba una herradura, asociaba la idea de una mula de tres patas. El Cura sin Cabeza, La Mano Peluda, La Mano Negra, La Vieja Inés (que camina y no tiene pies) y El Mandingas son los más conocidos.

Folklore musical

Tonadas y cantos indígenas

El concepto de la música para los indígenas representa una vivencia trascendental ya que ellos la toman, como sus restantes formas de arte -danza, teatro, magia- a modo de práctica religiosa o rito. En razón de este principio, su música no puede tener jamás el carácter de pasatiempo o recreación frívola que se halla en la música popular. Por ello su funcionalismo obliga a clasificarla en géneros de aplicación utilitaria.

Música Regional Muisca. Pequeña recopilación de música instrumental dedicada a la cultura muisca.

En esta zona se encuentra unos pocos cantos, tonadas y aires que se pueden enumerar así: el canto del bautismo entre los tunebos de la región limítrofe con Arauca es entonado por el “kareka” o brujo y se hace en una lengua fósil llamada «paleotegría». Se denomina en tunebo “Bakuna” este canto de iniciación. Otros cantos de los tunebos son el de las golondrinas, el del yerbatero (Guarhuna), el de los micos (Sitramá), el de las pavas (Róbtara), el Sanjaké y el Coñore, indeterminados; y el de los váquiros (Tusina). También están el llamado Chuvay, que es una danza de los achaguas; el llamado Cativia y el de la palma, de los sálibas y piapocos; el de la consagración de los tejidos, de los bari-motilones. Los de animales y el de la palma son de fertilidad y cosecha; el “Guarkuna” es de ensalmo médico; el de la Cativia y el Chuvay, indeterminados; el de la consagración de los tejidos es un canto de labor que indirectamente hace referencia a la vegetación y por ello sería de cosecha o fertilidad.

Tonadas y cantos mestizos

Estos implican una fusión entre formas musicales indígenas y aires o tonadas de la cultura hispana. En esta zona se encuentra un repertorio abundante de bambucos, torbellinos, guabinas, pasillos y danzas criollas, además de las formas dramatizadas en que se utiliza el torbellino.

Baile a ritmo de torbellino en el que se exaltan elementos del campesino como el perrero y sombrero, además de la habilidad de los danzantes al ejecutar figuras básicas características de este ritmo.

Instrumentos indígenas

En esta zona se encuentra el “botuto de tierra”, de los indígenas sálibas, y la maraca “dadóo”, el tambor katsatí, la trompeta de calabazo y la ocarina kara-kara, de los tunebos.

Instrumentos indígenas. Tambor, ocarinas y maracas

Instrumentos indígenas. Tambor, ocarinas y maracas

Instrumentos mestizos

Las bandolas de doce, catorce, quince y dieciséis cuerdas; los bombos o tamboras, el cacho de toro, los capadores en varias clases, la carraca o mandíbula de caballar, la concha de gurre o armadillo, las cucharas de palo, el chucho o alfandoque, la esterilla, el guache de totuma, la guitarra criolla, la hojita de guayabo o naranjo, el marrano, variedad de zambumbia; la matraca de trinquete, las ocarinas de tierra cocida, la pandereta, el pito de Santander, el quiribillo, la raspa o caña de ranura, la raspa o caña de sonajas, el redoblante, el requinto, los silbatos de arcilla, el tiple, el tiple-requinto, manifiestan una gran diversidad de instrumentos tradicionales que se pueden apreciar en esta zona del país.

Quijada de burro como instrumento musical

La quijada de burro, caballo o res, también conocida como charrasca, cacharaina, charaina, carretilla o kahuaha, se usa como instrumento de percusión en varios lugares de Hispanoamérica.

Folklore coreográfico

Danzas indígenas

La mayoría de las tonadas indígenas mencionadas llevan danza correspondiente.

Danzas mestizas

Bambuco, torbellino, guabina chiquinquireña (exclusivamente, porque la guabina veleña, que es la más auténtica, no lleva danza, sino que utiliza en los interludios el torbellino); pasillo y danza criolla no se danzan y ya sus antiguas coreografías cuando se presentan lo hacen a modo de reconstrucción histórica con el atuendo vestuario del siglo XIX y comienzos del XX.

Parafernalia y atuendo vestuario

En las danzas indígenas se utilizan numerosos atributos agregados al traje normal, constituidos por coronas ceremoniales, manípulos, ajorcas, brazaletes, bastones, máscaras, pinturas faciales y corporales, etc., que varían según los géneros de danzas y según las tribus.

Colectivo Cuerpo Ancestral Muisca

Colectivo Cuerpo Ancestral Muisca. Imagen del “Festival Danza en la Ciudad” realizado anualmente en Bogotá, el cual pretende visibilizar las prácticas artísticas de los grupos étnicos de la ciudad.

Juegos coreográficos

En esta zona abundan las formas dramatizadas que incorporan coreografía y música de las danzas típicas. Son especialmente abundantes las mojigangas o sainetes danzados como el angelito bailao, la caña, el disimulo o coqueta, la escoba, el juste, la manta jilada, la mantecada, la mita redonda, los pasamanos, los pastorcitos, las perdices, los saludos y el surumangué o surumanguito.

Referencia:
ABADÍA MORALES, G. (2007). Gran Enciclopedia de Colombia. Círculo de Lectores S.A.

Historia de Colombia