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La televisión en Colombia: Inicio y desarrollo

La televisión en Colombia: Inicio y desarrollo

Desde el 13 de junio de 1954, los colombianos observaron el comienzo de una nueva era, llegaba la televisión al país. Años antes, en 1936, ya había sido vivida la experiencia televisiva por dos colombianos que se encontraban en Europa, un militar y un ingeniero. El militar se llamaba Gustavo Rojas Pinilla, quien había sido ascendido al grado de mayor y fue comisionado para recibir en Berlín una máquina para fabricar cartuchos. El ingeniero era Joaquín Quijano Caballero, hijo del cónsul de Colombia en Alemania, quien vivía y trabajaba en ese país.

Para ese entonces, Alemania estaba de fiesta. Los Olímpicos de Berlín fueron televisados en directo y llegaron a sitios públicos en seis ciudades alemanas. Quijano Caballero llevó a Rojas Pinilla a observar los ensayos de televisión en color, y el militar de inmediato comenzó a preguntarse cuándo podría llevar dicho invento a Colombia. Eso fue posible dieciocho años más tarde.

La llegada al poder de Gustavo Rojas Pinilla, siendo ya General de las Fuerzas Armadas de Colombia, el 13 de junio de 1953, se dio cuando la violencia partidista cruzaba extremos irracionales. Colombia era entonces un país de ciudades dispersas, que sólo el auge de la economía cafetera comenzaba a integrar. El censo de 1951 había registrado un total de once millones de habitantes, el 61% por ciento de los cuales vivía en el campo, y el resto en las cabeceras municipales. La población analfabeta representaba el 42,5 por ciento. Colombia continuaba concentrándose en Bogotá. Los múltiples diarios regionales del siglo XIX habían dado paso a periódicos nacionales editados en la capital. Estos eran órganos del poder político, alrededor de los cuales se agrupaba también el dinero.

Gustavo Rojas Pinilla

Gustavo Rojas Pinilla (12 de marzo de 1900 - 17 de enero de 1975). Ocupó la presidencia de Colombia, tras un golpe de Estado el 13 de junio de 1953 hasta el 10 de mayo de 1957.

La radio era tal vez el único factor integrador del país. Era la época del radioteatro, de la radio como espectáculo. Pero, el general Rojas tenía una clara idea del poder de la televisión, del poder de los medios y de la propaganda. Por otra parte, la bonanza cafetera había producido mucho dinero. Así, la ODIPE (Oficina de Información y Propaganda del Estado) comenzó a interesarse en el asunto. Fernando Gómez Agudelo fue nombrado director de la Radiodifusora Nacional y en noviembre recibió la instrucción de montar la Televisora Nacional y tenerla lista para el primer aniversario del gobierno. Comenzaba así una carrera contra el tiempo.

El equipo transmisor, de la Siemens, estaba listo en Alemania para ser despachado a Líbano, pero cambió de rumbo. Se completó con aparatos Dumont, de Estados Unidos. Quijano Caballero desplegó todo su conocimiento técnico, llevaba diecisiete años estudiando la topografía del país y la forma de instalar una red eficiente entre las montañas; expertos internacionales que habían visitado Colombia no lo creían posible. José Santos Quijano escribió desde Nueva York, para las «Lecturas Dominicales» de El Tiempo, en abril de 1954: «En Colombia, la televisión no será una simple novedad. Será un milagro».

Mientras tanto, Quijano Caballero instalaba una antena de emisión en el Hospital Militar y montaba un enlace con el nevado del Ruiz. El 1° de mayo de 1954 se hicieron las pruebas iniciales de señal. Bernardo Romero Pereiro relataba que se puso una cámara en los almacenes J. Glottmann de la calle 24 con carrera 13 en Bogotá, y que la prueba consistió en registrar a todos los que pasaban por allí.

Estudio de televisión en Bogotá

Estudio de televisión en Bogotá. La ayuda de técnicos extranjeros, especialmente cubanos, fue fundamental para el arranque de la televisión en Colombia, que se hizo con equipos traídos desde Alemania y Estados Unidos.

Para completar este proyecto televisivo a nivel nacional, faltaba algo muy importante: no había quién manejara los equipos. El primer año de gobierno se cumpliría pronto, así que Gómez Agudelo viajó a Cuba, país reconocido por la calidad de su producción televisiva. Por ese entonces, uno de los canales de televisión de la isla dejó cesante a todo un equipo de producción. Goar Mestre, el zar de las comunicaciones en Cuba, puso en contacto a Gomez Agudelo con Gaspar Arias, que fue contratado por un mes. Con él vinieron siete técnicos dispuestos a enseñar y a poner al general Rojas en pantalla el 13 de junio de 1954.

La transmisión comenzó a las 9:00 p.m. Esa noche llovía en Bogotá y se cree que había 1.000 receptores encendidos. Muchos fueron instalados en las calles, en lugares públicos y en restaurantes, que aprovecharon la ocasión para congregar clientela. Los diarios calcularon una sintonía de diez televidentes por aparato. Se hizo control remoto desde el Palacio de San Carlos. El general Rojas Pinilla habló, después de que la Orquesta Sinfónica de Colombia interpretara el himno nacional. Además, se transmitió lo siguiente: un noticiero internacional, un recital desde los estudios -a cargo de Frank Preuss, al violín, e Hilda Adler, al piano-, El niño del pantano, teleteatro adaptado por Bernardo Romero Lozano; un filme, un sketch cómico adaptado por Álvaro Monroy Guzmán para Los Tolimenses; otro filme enviado por las Naciones Unidas, un ballet y un telefinal con el himno nacional. Muchos de los que vieron el canal ocho en Bogotá y el canal diez en Manizales, sabían que ese día comenzaba algo nuevo en el país.

Televisores Philips, que se vendían a $354

Mientras tanto, el gobierno había comenzado la importación, desde Holanda, de televisores Philips, que se vendían a $354 en la Caja Agraria y el Banco Popular.

El desarrollo

Cuando comenzó la televisión en Colombia, en 1954, ya la conocían en Latinoamérica países como Brasil y México, desde 1950; Argentina, desde 1951, y Venezuela, desde 1952. Todo tenía que hacerse en directo y quedaban registrados los aciertos y los errores. Las escenografías iban y venían en los sótanos de la Biblioteca Nacional, en un estudio improvisado. La publicidad estaba representada en patrocinios. Quienes salían al aire se inventaban todo tipo de recursos para hacer la mención comercial como parte del cuento, amena y natural. Las cámaras eran unos inamovibles mastodontes.

Hernán Villa, venido de la radio, recibió las indicaciones de los cubanos y comenzó a oficiar como productor, una figura nueva en el mundo. Este se encargaba de manejar los controles mientras que el director, en el estudio, dirigía. Pero no existía una programación, ni siquiera un plan. Recordaba Villa:

“Cuando llegaba la hora de un programa y no teníamos nada, alguien le decía a Luis Bacalov, pianista y compositor: «Toque algo folclórico». y Luis tocaba. Para el próximo programa nos pasaba lo mismo, y entonces Luis se ponía unos bigotes, una peluca y tocaba una sonata de Beethoven”.

La televisión buscaba un lenguaje, y en Colombia tomó el de la radio

Casi todas las personas que empezaron trabajando en televisión procedían de la radio: actores, directores, locutores. La televisión buscaba un lenguaje, y en Colombia tomó el de la radio.

Bernardo Romero Lozano venía de la HJCK y de la Radio Nacional; allí desarrolló los mejores radioteatros de entonces, un repertorio de obras «cultas» que prácticamente trasladó a la pantalla, convirtiéndose en motor de la televisión nacional. Desde entonces, el teleteatro o «dramatizado» se constituyó en la columna vertebral de la programación y el gusto de la audiencia. Una de las actrices que había comenzado con él, Alicia del Carpio, dio vida poco después a Yo y tú, que fue durante muchos años el símbolo de la televisión y constituyó un intento importante de representación de nuestra idiosincrasia.

Según algunos actores de entonces, muchos se guiaron en su trabajo profesional por la escuela de Romero Lozano, y otros prefirieron los métodos del maestro japonés Seki Sano. Con las ideas del actor, director y teórico ruso Stanislavski (Constantin Serguéievich Alexéiev, 1863-1938), Sano organizó, en 1955, la Escuela de Artes Escénicas, dependencia de la Televisora Nacional. Muchos de sus discípulos tomaron después, definitivamente, el camino del teatro, y crearon grupos de planta que transformaron la actividad dramática en el país.

La televisión en Colombia

La audiencia crecía. El presidente Rojas Pinilla montó una red nacional que fue en su momento la primera red del mundo. Al final de su gobierno, el país estaba cubierto en un 70%.

En diciembre de 1956 la televisión se podía sintonizar así: en Bogotá, canal ocho; en Medellín, Cali y Alto Magdalena, canal siete; en Quindío, canal nueve; en Manizales, canal once; y en Tunja, canal diez. En 1956, una encuesta difundida por la revista Candilejas señalaba la existencia de 60.000 receptores en Bogotá, con unas siete personas por receptor. También revelaba que el 50 por ciento de la audiencia prefería los teleteatros, y el 30 por ciento los espectáculos musicales.

La televisión crecía, pero Rojas Pinilla comenzaba a tener problemas y, con él, su forma de manejarla. Entre 1954 y 1957, el medio dejó dos sensaciones: la primera, la de ser excesivamente culta, demasiado alejada de la realidad y la educación del pueblo colombiano; la segunda, la de haber servido como instrumento al general Rojas para inclinar a su favor la balanza de la opinión pública, que los periódicos, a pesar de la censura, amenazaban con poner en su contra.

El 3 de agosto de 1955 Gustavo Rojas Pinilla emitió un decreto para cerrar EL TIEMPO

El 3 de agosto de 1955 Gustavo Rojas Pinilla emitió un decreto presidencial para cerrar EL TIEMPO por la postura crítica que este periódico tenia con su gobierno.

Algunos recuerdan el comienzo de la televisión como una época feliz, económicamente hablando. «Uno iba a cobrar los sueldos al Palacio de San Carlos», decía Bernardo Romero Pereiro. Y Fernando Londoño Henao contaba:

“Mi primer contacto con la televisión fue en un coctel de celebración del Día de la Marina en Cartagena. Carlos Villaveces, ministro de Hacienda de Rojas Pinilla, dijo que él no le iba a dar más plata a la televisión porque no tenía presupuesto. Tenía que hacer algo. Venderla”.

Finalizando el año de 1955, Londoño Henao, presidente de Caracol Radio, le ofreció comprársela. Su idea era que un medio tan importante tenía que ser libre. Jorge Luis Arango no se la vendió, pero le alquiló la mitad del tiempo; así nació la televisión comercial. Lucio Duzán había conseguido el patrocinio de programas. Londoño trabajaría con tres minutos de cuñas. RCN y Caracol crearon la sociedad Televisión Comercial Limitada (TVC). «Autorícenme para perder un millón de pesos el primer año», había pedido Londoño Henao; al año, había ganado esa suma.

Punch entró a la televisión gracias a la iniciativa de su dueño, Alberto Peñaranda. En 1956 produjo Telehipodromo, el primer programa nacional de televisión comercial, y Telecirco. Ese año también comenzó el desarrollo de la televisión educativa, bajo la dirección de Humberto Martínez Salcedo; su modelo fue Radio Sutatenza.

Punch se fundó el 5 de octubre de 1956

Punch se fundó el 5 de octubre de 1956 y salió del aire el 19 de mayo de 2000. Transmitió programas como Vuelo Secreto, Odisea, El hijo de Nadia. También tuvo la licencia para transmitir programas como Baywatch, Acción Mortal, Ranger Texas, Lassie, entre otras.

De los años sesenta a los ochenta

La televisión comenzaba a encontrar su lugar en la sociedad colombiana. Televisión y desarrollo son sinónimos, lo mismo que televisión y capitalismo y televisión y electrónica, pues aquella hace necesarias grandes inversiones en el montaje de un buen sistema de generación y distribución de energía eléctrica. En 1950, la capacidad instalada nominal era de 238 megavatios, en 1955 había aumentado a 433 MW, y en 1960 ya llegaba a los 670 MW.

Al caer la dictadura de Rojas, sus obras fueron miradas con cierto desprecio por quienes ahora se embarcaban en el Frente Nacional: “Alberto Lleras detestó la televisión de entrada -decía Bernardo Romero Pereiro-. La consideraba un engendro de la dictadura”.

En el inicio de la década de 1960 las condiciones para la relación entre capital privado y televisión se habían afianzado; además, la inversión oficial fue mermando al caer los precios del café, pues el gobierno se veía obligado a atender otros sectores. Al mismo tiempo, la audiencia había crecido, y con ella el número de receptores. También se había acelerado la urbanización, otra condición para el crecimiento de la televisión y del capitalismo, pues permite concentrar en las ciudades, grandes audiencias compradoras de productos. En Colombia, la relación entre población urbana y población rural se había invertido, como lo demostraría el censo de 1964: el 47,2 por ciento de la población estaba en el campo, y el 52,8 por ciento en las ciudades. Bogotá, a la cabeza, crecía a un ritmo del 7,31% anual.

Instituto Nacional de Radio y Televisión

En 1963 se creó el Instituto Nacional de Radio y Televisión, por el decreto 3267 del 20 de diciembre. César Simmonds Pardo le puso el nombre de Inravisión. Se disolvió en 2004.

En 1964, el proyecto de abrir un canal local y comercial comenzó a abrir paso. Consuelo Salgar de Montejo ganó la licitación y, desoyendo las críticas, montó el canal nueve, al que llamó Teletigre. El inteligente manejo de la programación, respaldada por las series de la empresa estadounidense ABC, sirvió para que Teletigre obtuviera un éxito inmediato y causara serios problemas de audiencia e inversión al canal siete, donde permanecieron las otras programadoras. En 1970, el gobierno del presidente Carlos Lleras Restrepo canceló el contrato de concesión. lnravisión encargó el canal, mientras se hacía la segunda licitación, a Punch, RTI y Caracol Televisión. El 24 de mayo de 1969 se funda la programadora Jorge Barón televisión, nace El show de Jorge Barón y su estrella invitada, programa musical que hoy se conoce como El show de las estrellas.

Nuevos sucesos habían marcado a la televisión por esos años: las primeras grabaciones en video tape, en cintas de dos pulgadas (1964); las pruebas de televisión en color, con la transmisión de la posesión del presidente Carlos Lleras Restrepo (1966); la transmisión en color, vía satélite, de la visita del papa Pablo VI a Bogotá, con ocasión del Congreso Eucarístico (1968); la transmisión, en cooperación con la televisión venezolana y gracias a una verdadera hazaña técnica, de la llegada del hombre a la Luna (1969); y la inauguración de la estación terrena de Telecom en Chocontá (1970), con la que la televisión colombiana se integró a la red mundial de transmisión por satélite.

En los años siguientes la segunda cadena, antiguo canal nueve, se extendió a nivel nacional, y el crecimiento de la televisión fue relativamente silencioso. Habría que esperar hasta 1981 para que este fuera objeto de las mediciones estadísticas del DANE. Mientras tanto, el país se ocupó del escándalo que significó la implantación del color.

Los estudios Gravi -de Punch, RTI y Caracol Televisión- producían programas en color, para la exportación, desde enero de 1975. En 1978 el ministro de Comunicaciones José Manuel Arias Carrizosa, divulgó la decisión del gobierno de implantar la televisión en color. Se escogió el sistema NTSC como norma, y el 1° de diciembre de 1979 se iniciaron oficialmente las transmisiones. La audiencia de entonces se calculaba en nueve millones de personas en las horas pico.

penetración de los televisores en color

La división entre los que seguirían viendo televisión en blanco y negro y los que tendrían acceso al color sirvió de base para argumentar el costo social del cambio.

“La penetración de los televisores en color superó todos los parámetros establecidos en otros países. Las fuentes indican que la idiosincrasia de los colombianos, el snob y otros factores, han desbordado las previsiones y la gente no quiere quedarse atrás, gasta dinero que no tiene para comprar receptores en color”. (El Tiempo el 24 de junio de 1980).

Se calculaba que en Colombia había en ese momento cerca de 190.000 televisores en color instalados. Pero la situación era difícil por la crisis publicitaria y comercial, considerada «la peor de la historia», la insatisfacción respecto a la adjudicación de programas y la amenaza de los satélites y las antenas parabólicas, que permitirían captar hasta 23 canales. A esto se sumaban los problemas técnicos en la distribución de la señal y el color como un factor inflacionario.

El 10 y 11 de julio de 1980 El Tiempo realizó, por iniciativa de Gustavo Castro Caicedo, el Foro de Televisión. Varias de sus recomendaciones se convirtieron en realidades en los años siguientes: que se mantuviera el sistema mixto, que el Estado contemplara y regulara un nuevo organismo autónomo en el cual se delegara el manejo del medio, y que se estudiara la implantación de canales regionales.

En 1981 se produjo un acontecimiento que marcó a la televisión colombiana y la enrumbó comercialmente: la entrada de la A. C. Nielsen Company al país. La adopción de sus estudios de sintonía como criterio de distribución de la pauta publicitaria determinó una instancia decisoria y superior en la vida del producto televisivo: los anunciantes. Siendo un elemento de decisiones comerciales, la encuesta de sintonía instituiría poco a poco a un supremo y anónimo juez: el gusto del público. De este modo, la televisión entró en la «guerra del centavo».

Don Chinche

En la década de los 80’s se produjeron series y novelas que competían por el rating nacional. “Don Chinche”, por ejemplo, fue un programa ícono de esta época. Estuvo al aire de 1982 a 1989.

La medida más importante de esa década -que transcurrió en medio de licitaciones controvertidas, empresas que entraban y salían (aumentadas generosamente durante la administración de Julio César Turbay Ayala), y una consolidación del perfil de las realizaciones colombianas para televisión- fue la que permitió el establecimiento de los canales regionales y la televisión por cable. El presidente Belisario Betancur y su ministra de Comunicaciones, Noemí Sanín, impulsaron la televisión regional e inauguraron Teleantioquia; después entrarían en servicio Telecaribe y Telepacífico. El servicio de TV Cable fue autorizado en varias ciudades: Bogotá, Cali, Barranquilla, Cartagena, Medellín, Pereira y Bucaramanga.

Referencia:

ÁLVAREZ, C. (2007). Gran Enciclopedia de Colombia. Círculo de Lectores S.A.