Revolución Industrial: Primera fase

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La invención de la máquina de vapor y los rápidos progresos técnicos, produjeron un gran impacto en la sociedad, especialmente porque comenzó a cambiar la función de la mano de obra. Hasta aquel entonces, los tejedores también trabajaban en actividades agrícolas, pero en la medida en que el trabajo rendía, abandonaron esta última actividad para dedicarse exclusivamente al tejido. Así se fue configurando un nuevo tipo de trabajador: el obrero.

A la par con la multiplicación de las máquinas y el incremento de la producción, se fue dando otro importante fenómeno: el crecimiento de las ciudades. Esta circunstancia se dio porque, a diferencia de los telares hidráulicos que tenían que estar a orillas de los ríos, las máquinas de vapor se podían instalar en cualquier lugar. Por esta razón, muchas ciudades se llenaron de fábricas que atraían a una gran cantidad de trabajadores.

El triunfo de la máquina sobre el trabajo manual dio lugar a cambios rápidos: en Inglaterra, florecieron el comercio y la industria, crecieron el capital y la riqueza, y como había tantos productos, se buscaron nuevos mercados a donde exportar. Pero, así mismo creció la ambición de los empresarios y la pobreza de los trabajadores, quienes recibían salarios que eran cada vez más bajos, a causa de la gran sobreoferta de mano de obra.


A causa de la pobreza, en Londres se llegó a crear un paralelismo que hacía referencia a la existencia de dos ciudades: una donde vivían los ricos, y otra totalmente opuesta, donde residían los más pobres.

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Revolución Industrial: Segunda fase

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A partir de 1840, se inició la segunda fase de la Revolución Industrial, denominada por muchos autores la “Revolución Técnica”. Entre finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, la economía inglesa había avanzado velozmente debido, entre otras cosas, a la construcción y mejoramiento de las vías de comunicación, tales como la construcción de numerosos canales y carreteras que unían los centros de producción con los lugares de consumo y con los puertos de exportación. De este modo, la creciente circulación de bienes abarató el precio de los productos. En 1755 había un canal de 16 km de longitud; para 1825, en plena Revolución Industrial, los canales sumaban 750 km y, 15 años después, ya había 4.900 km, sin contar con los ríos navegables.

Los avances técnicos y el desarrollo económico, comenzaron a transformar las costumbres y las relaciones entre las personas, de manera especial a partir de la década de 1840. En esta época, el aspecto más sobresaliente se centró en la revolución de los transportes y de las comunicaciones en general, pues de este modo, las distancias se redujeron considerablemente.

El ferrocarril

 Locomotora Rocket, construida por George Stephenson en 1814.

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Utilización del vapor en las máquinas

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El empleo del vapor como fuente de energía se remonta a la antigüedad. Desde Arquímedes de Siracusa (287-212 a.C), con su cañón de vapor conocido como el “architronito” inventado para proteger a su polis del bloqueo militar de los romanos. Esta arma necesitaba una caja de carbones sobre la cual se colocaba un recipiente lleno de agua, al calentarse, el vapor se dirigía hacia la parte inferior del recipiente proyectando las balas.

 
Arquímedes de Siracusa                                                                                  El Architronito

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