La Revolución Gloriosa

En 1660, dos años después de la muerte del líder político y militar Oliver Cromwell, que había derrocado y ejecutado a Carlos I de Inglaterra y que había proclamado una efímera república inglesa, la poderosa burguesía, harta de las guerras civiles que desde hacía años perjudicaban sus intereses económicos, llegó a un acuerdo con la nobleza para restaurar la monarquía en la persona de Carlos II Estuardo. A cambio, el rey aceptaba que fuera el Parlamento quien tuviera la potestad de elaborar leyes y aprobar impuestos. Fue durante este período cuando se excluyó a los católicos de los cargos públicos y cuando aparecieron los dos grandes partidos que se disputarían el poder en los años sucesivos: los whigs (liberales) y los tories (conservadores).

Los acuerdos entre monarquía y Parlamento se rompieron cuando Jacobo II, hermano católico del anterior rey, accedió al trono. Sus intenciones no fueron otras que imponer la autoridad real y católica sobre la Iglesia anglicana, los jueces, el Parlamento y el ejército. Y para asegurarse el favor de los ingleses, casó a su hija primogénita María con Guillermo de Orange, protestante holandés y jefe del ejército de las Provincias Unidas. Pero sus esfuerzos fueron en balde y el nuevo rey no encontró apoyo para restablecer una monarquía de corte absolutista: la nobleza era protestante y la mayor parte de la población no estaba dispuesta a volver al pasado.

Cuando nació el primogénito del rey Jacobo II (y, por lo tanto, futuro heredero católico), el Parlamento ofreció la corona de Inglaterra a Guillermo de Orange, yerno del rey, que aceptó y desembarcó en Inglaterra. Jacobo, por su parte, creyó que con su ejército podría derrotar a los invasores y no pidió ayuda a Francia, ya que esta decisión lo habría puesto en contra de la mayoría de sus súbditos.
El 5 de noviembre de 1688, en cuanto Guillermo de Orange pisó suelo inglés, no solo desertaron todos los oficiales protestantes, sino que la propia hija del rey, Ana, también se unió a las fuerzas invasoras. Un mes después Jacobo intentó huir a Francia, pero fue capturado. El príncipe de Orange, con el fin de evitar que su suegro fuera considerado un mártir, lo dejó partir hacia Francia, donde fue recibido con todos los honores por Luis XIV. En Inglaterra, el abandono del cargo por parte de Jacobo II fue considerado por el Parlamento como una “abdicación”.

El nuevo monarca, coronado en 1689 como Guillermo III, y considerado como el principal enemigo del catolicismo, pues luchaba contra Luis XIV, juró lealtad al Parlamento, cuyas prerrogativas y derechos fueron confirmados con la Bill of Rights (“Declaración de derechos”). Concluía así la Revolución de 1688, conocida como Revolución Gloriosa o Revolución Incruenta.