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Los Viajes de Cristóbal Colón

Durante la segunda mitad del siglo XV, los reinos de España y Portugal acentuaron sus esfuerzos por lograr una expansión marítima. Mientras los portugueses recorrían el Índico, España finalizaba la Reconquista con la toma de Granada, último reducto musulmán en la península. Dicho éxito conllevó la unificación territorial alrededor de los Reyes Católicos, quienes en ese mismo año aprobaron, a partir de las capitulaciones, el proyecto del genovés Cristóbal Colón (1451-1506) de llegar al continente asiático navegando hacia el oeste, siguiendo el paralelo 28° a través del Océano Atlántico. Cada uno de los cuatro viajes de Colón tuvo una distinta finalidad; hay consenso sobre el segundo y el tercero, que se hicieron para establecer colonias en el nuevo continente y para recoger perlas, respectivamente; y sobre el cuarto, o «alto viaje», realizado para buscar el estrecho que permitiera pasar a las Malucas; en cambio, no ha sido posible llegar a un acuerdo respecto al propósito del primer viaje colombino.

Colón sabía que navegando hacia el poniente, en línea recta, se toparía con tierra firme. Que esa tierra era la India oriental y que allí en Cipango reinaban el Gran Kan y el Preste Juan. Que a ellos debía dar embajada y que su misión era establecer los contactos suficientes para establecer una política de alianza encaminada a restarle poderío a los árabes. Todo eso sabía, pero también la ruta, la distancia en leguas, los vientos y las corrientes marinas. Su «secreto» lo compartía con el fraile Marchena, si acaso con Diego de Deza, y es posible -todavía falta probarlo- que con los Reyes Católicos: había obtenido la información náutica del náufrago Sánchez de Huelva. Con todos estos elementos, ¿por qué no aceptar como estratégica la misión política de Colón y entender que las demás supuestas finalidades eran sólo tácticas? Entonces, se puede deducir que todo lo demás estuvo supeditado al establecimiento de una ruta fija y regular hacia el poniente, para abrir el camino y permitir, seguidamente, el flujo de contactos necesarios con Occidente. La tesis de Humboldt, « ...encontrar el camino más corto para ir a la India», expuesta a comienzos del siglo XIX y la de Manzano y Manzano, «llegar a Cipango y a Catayo en busca de la región aurífera de Montecristi», expuesta hace poco, como secundarias, parecen implementar la principal, de la que es buen expositor Enrique de Gandía, y que no es otra que la primitiva y explícita de Colón: «Que yo llegase a las Indias y dar la embajada de Vuestras Altezas a aquellos príncipes y cumplir lo que me habían mandado».

Primer viaje

Al amanecer del 3 de agosto de 1492 salió Colón con su pequeña tripulación (90 o 120 personas, porque aún no se ponen de acuerdo los investigadores) en dos carabelas, La Pinta y La Niña (o Santa Clara), comandadas por los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, y una Nao, La Gallega, rebautizada como Santa María, que costaron alrededor de dos millones de maravedís de los cuales Colón puso una cuarta parte, prestada por la Casa Berardi, los Pinzón y los Niño otro tanto y los Reyes Católicos algo más de un millón. De los hombres a bordo, uno era homicida y tres reos coludidos con él, cuatro extranjeros, los Pinzón de Palos y los Niño de Moguer, quienes completaron la tripulación con los vecinos.

Se puede dividir el primer viaje, de 32 semanas, en seis etapas:

De Palos a Canarias (3 a 9 de agosto). Llegaron a Canarias porque estas islas eran castellanas y no se podían sobrepasar sin invadir aguas portuguesas, según el tratado de Alcácovas. Colón sabia, empero, que podía navegar hacia occidente por el paralelo 28° gracias a los alisios del norte. Salieron de Palos porque Cádiz, puerto oficial de la Corona, estaba dedicado al embarque de los judíos expulsados; los marinos paleños constituían el mayor contingente de la tripulación y, además, porque sobre Palos había una orden que lo castigaba a servir durante un año con dos barcos a la Corona. Es la razón por la cual las carabelas se sumaron a la flotilla. Visitó a Beatriz de Bobadilla, gobernadora de la isla, además aprovechó Colón el paso obligado por las islas para reparar el timón de La Pinta y cambiar el velamen de La Niña. Finalizadas las reparaciones, desde la isla de Gomera, se lanzaron a la travesía del Atlántico el 6 de septiembre.

De Canarias a Guanahaní (6 de septiembre a 12 de octubre). Ruta hacia el occidente, en línea casi recta, hasta recorrer 800 leguas, más de las previstas. Intentos de Colón y algunos marineros de devolverse.

El 7 de octubre las carabelas, siguieron el vuelo de una bandada de aves, que según Vicente Pinzón, hermano de Martín Alonso, debían dirigirse hacia tierra, entonces enérgicamente, insiste en el rumbo y fuerza a Colón a continuar el proyecto de ir hasta las islas que aparecen en los mapas traídos de Roma. A partir del 10 de octubre, 68 días después de haber zarpado de Palos, se presentaban cada vez más pruebas de estar cerca de tierra: aguas de otros colores, vientos variables, restos de vegetales flotando y más aves, entre otras. Colón ordenó a los vigías estar todavía más pendientes de cualquier señal.

Algunos días más tarde, dos horas después de la medianoche del 12 de octubre, apareció la tierra avistada desde la noche anterior, cuando una lucecilla supuesta pero imposible de ver a la distancia en que se estaba, por la curvatura del planeta, les hizo predecir el «descubrimiento». La superstición fraguada después del viaje, sirvió para despojar al marino Rodrigo De Triana y al judío converso Juan Rodríguez Bermej, del premio de diez mil maravedís y un jubón de seda a quien avistara tierra. Desde la proa de La Pinta, no desde la Santa María, Rodríguez dio la voz de tierra. El intérprete Luis de Torres confirmó lo que decía el guardia -he ahí tierra- al propio Colón, quien también debía entender el hebraico, pero que en su diario dijo que se trataba de una voz indígena: guanahaní. Los habitantes de este lugar eran taínos, con los que los recién llegados tuvieron una interacción amistosa. De acuerdo con las crónicas, Colón se refería a ellos como personas “hermosas” y “bien proporcionadas”.

De Guanahaní (Walting, en las Bahamas) a la que llamó San Salvador, a la isla de Haití, pasando por Cuba (12 de octubre -16 de enero de 1493). Colón cree encontrarse en Cipango (Japón) y próximo al estrecho que, por el Sinus Magnus, debe llevarlo hasta Catayo. Arriba estaría el archipiélago descrito de antiguo por Marco Polo y pintado por Abraham Cresques en 1375. Más al occidente estaría el océano Oriental Indio que aparecía en Toscanelli, en Behaim, y luego el continente, que habían dibujado el propio Behaim y Martellus con el nombre de India Oriental. Arribaron el 28 de octubre a la isla de Cuba, bautizada con el nombre de Juana, y posteriormente el 5 de diciembre arribó a la isla que denominó La Española (en las Grandes Antillas, mar Caribe). Tan apremiado estaba por entregar las cartas credenciales al Gran Kan que al paso por Cuba envió a sus emisarios a buscarlo. Con la misma idea se adelantó Pinzón: quería ganarle a Colón y ser el primero en Cipango (Haití).

A causa de las aguas poco profundas, el 24 de diciembre de 1492, encallo la Santa María. Colón y sus hombres utilizaron su madera para hacer un fuerte, al que llamaron Navidad. Allí, algunos de ellos decidieron quedarse al mando de Pedro de Arana y Colón regreso a Europa a bordo de La Pinta, convencido de haber arribado a Asia. Como pruebas de su hazaña llevaba plantas, animales y habitantes de las islas.

De La Española a las Azores (16 de enero - 17 de febrero de 1493). Con las dos carabelas Colón inicia el retomo eligiendo la mejor ruta y a favor de los vientos. Pero llega equivocadamente a la isla portuguesa de Santa María, en las Azores cuando pensaba arribar a Canarias, por culpa de una tormenta.

De Azores a Lisboa (24 de febrero - 4 de marzo de 1493). Después de que el 13 de febrero pasado un fuerte temporal separase a las carabelas "La Niña", en la que viaja Colón, y "La Pinta", al mando de Martín Alonso Pinzón, esta última atraca el 1 de marzo en el puerto de Baiona (Pontevedra, España). Como las relaciones entre Colón y Pinzón están muy tirantes, éste pretenderá dar la primicia del descubrimiento a los Reyes Católicos, pero éstos le responderán que es Colón quien debe hacerlo. El día 4, la carabela "La Niña", con Colón a bordo, tocará tierra en Lisboa (Portugal). Martín Alonso Pinzón, el capitán de "La Pinta", fallecerá a finales de este mes enfermo de sífilis, en el monasterio de La Rábida, en Palos (Huelva), su tierra natal. Colón, enfadado con él, ni siquiera se acercará a visitarlo. Imprevisto encuentro con el Rey Juan II de Portugal, quien argumenta que las islas que se hallen al occidente le pertenecen por el tratado de 1479 (Alcácovas), porque están al sur de las Canarias. Es la misma razón que le asiste para demostrar, más adelante, que son portuguesas las posesiones de Brasil, que se permutan por las Antillas en Tordesillas (1494).

De Lisboa a Palos (13 de marzo - 15 de marzo 1493). Colón se dirige a sus benefactores -los Reyes, Sánchez y Santángel- informándoles de su viaje. La noticia, por el momento, no causa mayor interés, pero la difunde Pedro Mártir de Anglería (en su carta a Juan Borromeo, en 1493) así: «Un tal Christophorus Colunus retornó de las antípodas occidentales; en un lugar que enviado por mis Reyes, con sólo tres barcos, penetró en aquella provincia reputada por fabulosa, volviendo con pruebas palpables, muchas cosas preciosas y en particular oro, que se produce en aquella naturalmente. Pero pasemos a cosas menos ajenas». En abril, Colón llegó a Barcelona donde fue recibido por los Reyes Católicos. El informe que Colón escribió a los Reyes explicando lo que había visto en las nuevas tierras se dio a conocer en buena parte de Europa. Los resultados obtenidos por Colón animaron a la Corona a preparar el segundo viaje.

Segundo viaje

Los reyes confirmaron a Colón todos sus títulos. Aún se ignoraba completamente el real tamaño de las tierras encontradas, creyéndose que se trataba tan sólo de unas islas en las afueras de China o Japón. Este segundo viaje tenía una finalidad más de colonización que de exploración, como fue el primero.

Frente a una gran expedición de 17 naves y un poco más de 1200 hombres, zarpo de Cádiz en su segundo viaje (25 de septiembre de 1493 - 11 de junio de 1496), entre sus acompañantes figuraba el cartógrafo Juan de la Cosa, Alonso de Ojeda, Juan Ponce de León, entre otros, acompañados de muebles, semillas, ganados, misioneros, nobles caballeros con sus monturas y todo lo demás que fuera necesario. Encaminado a reconocer tierras en la disputa de España con Portugal, y por ello a fundar asentamientos coloniales, Colón consiguió visitar las Antillas menores, la isla de Puerto Rico y Jamaica.

A su paso por Haití constató la mala ventura que había acompañado a los primeros colonos de Navidad: rivalidades internas por la posesión de mujeres indias y oro fueron aprovechadas por los caciques Guacanagari, Caonabó y Mayreni para castigar a los intrusos. Sin embargo, Colón funda la población de La Isabela (llamada así en honor a la Reina, el 6 de enero de 1494), dejo encargado del gobierno a su hermano Bartolomé y organiza una expedición a Cibao (Cipango o Haití) a las órdenes de Alonso de Ojeda. Conoce después la isla de Jamaica y recorre a Cuba por la costa meridional. Convencido de que era una península de China, hace creer a toda la tripulación que han llegado al lugar donde oriente y occidente se encuentran y la obliga a jurar que Cuba es tierra firme y no isla. El 10 de marzo de 1496 Colón parte de regreso a España en una flota de dos embarcaciones, la Niña y la India, siendo este último el primer barco europeo construido en América. El 11 de junio regresarán a Cádiz.

Al regresar a España trato de vender a espaldas de la Corona, quinientos indios que había capturado, lo que disgusto profundamente a la Reina Isabel y motivo la desconfianza del pueblo en general, que comenzó a ver con malos ojos al extranjero, quien por otra parte, se mostró como un pésimo administrador y peor organizador.

 

Tercer viaje

Durante el tercer viaje (30 de mayo de 1498 – 25 de noviembre de 1500), largamente preparado, entra por la isla de Trinidad, conoce la desembocadura de Río Orinoco (Mar Dulce) y presupone que se encuentra cerca del Paraíso Terrenal, en las fuentes del gran río. Sin embargo, y a pesar de sus dudas, no tiene conciencia de hallarse prácticamente en el continente sudamericano. Bojea por la isla Margarita y se dirige a La Española, donde reinaba el desorden como consecuencia del pésimo gobierno de su hermano Bartolomé, lo que motivo el envío desde España de un investigador, el Comendador Francisco de Bobadilla, quien hizo detener al Almirante y a sus hermanos Diego y Bartolomé que fueron conducidos a España para ser juzgados. En este periodo, se presentaron expediciones que fueron conocidas como viajes menores; entre los principales estuvieron las de Américo Vespucio y Alonso de Ojeda, que exploraron las costas de Guyana y Venezuela en 1499, y la de Vicente Yáñez Pinzón, que descubrió la desembocadura del río Amazonas en 1500. Este mismo año, la Corona portuguesa apoyó la expedición de Pedro Álvarez Cabral que llego a las costas de Brasil. Cuando Colón regreso a España, los monarcas decidieron no confiarle más la administración de las tierras colonizadas, le quitaron las funciones de Almirante y Virrey por la mala administración financiera y el comercio ilícito de oro con los nativos y nombraron a Nicolas de Obando como nuevo gobernador de La Española.

Cuarto viaje

Tras su rehabilitación ante las autoridades reales,Colón emprendió un cuarto y último viaje (10 de mayo de 1502 - 7 de noviembre de 1504), pero con la condición de descubrir y colonizar, pero no de gobernar. Luego de visitar las Antillas, se dirige a Centroamérica, desde la isla de Guanaja (Honduras) hasta el Darién en Colombia. Las ideas de entonces son más confusas aún en la mente de Colón: buscaba el paso al Sinus Magnus pero a su vez no estaba seguro de su ubicación, de manera que cuando los indios le informaron que a nueve jornadas había un gran mar, no les hizo caso. Supo también de la existencia de México y trabó contacto comercial con una galera totonaca o yucateca que llegó hasta Guanaja, pero tampoco le dio importancia. En cambio invirtió demasiado tiempo en buscar perlas en la costa panameña: en Chiriquí se olvida de su misión exploratoria y se dedica a robar oro.

Llega hasta la punta Marmórea, último punto que toca en el continente, y se regresa a Cuba. ¿Dónde queda punta Marmórea? Tradicionalmente se ha identificado con la actual punta Mosquitos, en Panamá. Mauricio Obregón estaba seguro de que se trataba de cabo Tiburón, en Chocó, en los límites de Colombia y Panamá (Colón en el mar de los Caribes, Bogotá, 1990). De regreso, naufrago en las costas de Jamaica donde permaneció un año en medio de muchas penurias, hasta que finalmente pudo viajar a Santo Domingo, Ciudad que había fundado Bartolomé en La Española. De allí partió de regreso a España, donde había fallecido Isabel la Católica, su protectora (26 de octubre de 1504). Colon reclamo por algún tiempo el reconocimiento a los derechos consagrados en las Capitulaciones de Santa Fe, pero nadie lo quiso escuchar. Decepcionado se retiro a Valladolid, donde murió en 1506 en humilde albergue sin haberse enterado jamás que había sido el descubridor de un Nuevo Mundo.

 
 
6 de enero /