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Segunda Guerra Mundial: Causas

Veinte años después de terminar la Gran Guerra, se desató el conflicto más devasta­dor que ha padecido la humanidad. Cerca de 40 millones de muertos y otros tantos heridos, inváli­dos y huérfanos; ciudades enteras, campos, carre­teras, centros industriales, monumentos históricos fueron arrasados. Todo ello mediante el más acele­rado desarrollo científico y tecnológico para exter­minar al enemigo... para destruir seres humanos.

Segunda Guerra Mundial

LAS CAUSAS

Así como la Primera Guerra Mundial fue la consecuen­cia de la acumulación de tensiones que resultaron de las políticas expansionistas, la Segunda Guerra Mundial fue el resultado de las tensiones acumuladas desde los tratados de paz del anterior conflicto. Alemania, desfavorecida con la pérdida de terri­torios e indemnizaciones, había acrecentado su nacionalismo y buscaba resarcirse de alguna manera.

El ascenso del fascismo y la crisis económica generalizada, favo­recieron un crecimiento económico interno y autónomo, que fortaleció a países como Alemania, Italia y Japón: se podían lan­zar a un nuevo reparto del mundo. Además, el creciente nacio­nalismo, las apetencias imperialistas y las nuevas alianzas, tuvie­ron su parte en el origen de la Segunda Guerra Mundial.

Causas mediatas de la guerra

- Uno de los hechos que más influencia tuvo en el incre­mento de las tensiones fue el ascenso de Adolf Hitler al poder en 1933.

El partido nazi volvió a alentar el nacionalis­mo alemán, cuyo objetivo era la unión de los alemanes que vivían fuera de las fronteras del Reich, en un sólo espacio político. Además, Hitler se negó a cumplir las con­diciones impuestas por el Tratado de Versalles, y suspendió el pago de las reparaciones de guerra. En 1935, restableció el servicio militar obligatorio y remilitarizó Renania. El Tratado de Versalles y las crisis económicas de los años treinta fueron decisivos por la humillación y el caos económico que sufrió Alemania y por el fuerte resentimiento nacional contra Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Las crisis econó­micas facilitaron la instalación de gobiernos militaristas en varios países y desarrollaron, aun en los antiguos aliados, formas de nacionalismo protec­cionista que entorpecieron los intentos de colabora­ción internacional y de paz.

Hitler y el partido nazi

Tras el ascenso al poder de los nacional-socialistas, Alemania inicia su expansión y sus continuas exigencias territoriales

- La división ideológica entre el nazismo y fascismo de Alemania e Italia y las democracias occidentales.

Al margen de sus respectivas ambiciones territoria­les, los fundamentos políticos y jurídicos de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y demás países occidentales proclamaban y practicaban el ejercicio de libertades políticas y religiosas de sus ciudada­nos, el derecho al voto, la formación de partidos de oposición y el respeto en las elecciones a la volun­tad popular. Frente a este sistema democrático, los regímenes nazi y fascista de Alemania, Italia, Japón y otros países, proclamaban la supremacía del Esta­do sobre el ciudadano, imponían una ideología única —la del partido— y ahogaban cruelmente toda libertad individual. En la guerra civil española (1936-1939) se puso de manifiesto este antagonis­mo ideológico.

- El afán de la Unión Soviética de propagar su ideología comunista y recuperar los territorios perdidos en 1917.

Por ello no se enfrentó a la Alemania nazi desde el comienzo, con el propósito de que el nazismo y las democracias se exterminasen mutua­mente en un conflicto, para imponerse después. In­cluso la URSS le suministró petróleo a Hitler hasta 1939 y con anterioridad había colaborado al rearme de Alemania.

- La política agresiva y militarista de Alemania, Italia y Japón.

La expansión alemana. El antecedente inmediato de la Segunda Guerra Mundial fue la interven­ción de Mussolini y Hitler en la Guerra Civil española, esta, benefició a Hitler: le confirmó la debilidad de las democracias y le permitió probar el material bélico que estaba fabricando y nuevas tácticas de ataque que después generalizaría, al mismo tiempo que consolidaba su amistad con Italia, con la que formó, el 25 de octubre de 1936, el llamado Eje Roma-Berlín. La victoria de Franco le proporcionaba un régimen amigo. Alemania firmó, en 1936, el Pacto Antikomintern con Japón, al que se uniría más tarde Italia. A partir de 1937, Hitler intensificó el rearme, subordinando la economía alemana a la fabricación de armamento.

Mussolini y Hitler Mussolini y Hitler

Por otro lado, inició la segunda fase de su proyecto de expansión imperial: la creación de un Gran Reich, donde se unieran las tierras de habla alemana, incluidas aquellas que habían quedado fuera de la patria, como Austria, o zonas de Checoslovaquia o Polonia. El primer paso para conseguirlo fue la victoria, en el año 1935, en el plebiscito sobre al incorporación a Alemania del Sarre, región confiada a la Sociedad de Naciones por el Tratado de Versalles. Seguidamente pasó a remilitarizar la Renania, que había sido desmilitarizada según lo convenido en dicho tratado. Francia, sin el apoyo del Reino Unido, optó por no responder. De este modo, Hitler inició la expansión alemana sin que las democracias europeas intentaran detenerlo con firmeza. El Anschluss, la anexión de los Sudetes y la división de Checoslovaquia condujeron directamente a la Segunda Guerra Mundial.

El Anschluss o inocorporación de Austria a Alemania. Entre 1937 y 1939 Alemania aplicó una política expan­siva que no fue frenada por las democracias. El Tratado de Versalles prohibía la unión entre Alemania y Austria. Sin embargo, el 12 marzo de 1938, Hitler se anexó a Austria, después que el partido nazi austríaco preparó el ca­mino y las tropas alemanas ocuparon dicho país sin resistencia. Anexión que un plebiscito del pueblo austríaco ratificó, cuando ya había sido ocupada.

Anexión de los Sudetes. Animado por las muestras de debilidad de las democracias, Hitler se lanzó sobre la única democracia que subsistía en Europa central, Checoslovaquia. La excusa fue la existencia de una minoría alemana en la región de los Sudetes, región fronteriza y minera de Checoslovaquia. El intento de anexión produjo momentos de tensión entre Hitler y las demás potencias europeas, y acabó generando un ambiente prebélico, en el que los principales ejercitos de Europa se pusieron en estado de alerta.

El 29 de setiembre de 1938 tuvo lugar en Múnich una conferencia entre el Reino Unido, Francia, Italia y Alemania donde discutieron el plan sobre el futuro de Checoslovaquia (Conferencia de Múnich), con el fin de evitar la guerra. Los líderes de los países -Adolf Hitler de Alemania, Arthur Neville Chamberlain de Gran Bretaña, Benito Mussolini de Italia y Éduard Daladier de Francia-, se reunieron en la capital de Baviera, y el día 30 firmaron el acuerdo. El Reino Unido y Francia creyeron asegurar la paz y aceptaron la reclamación ale­mana y abandonaron a su aliada, Checoslovaquia, y los nazis no tardaron en invadir este Estado, incumpliendo sus promesas. Este intento de apaciguamiento fue inútil, porque en marzo de 1939 Alemania ocupó toda Checoslovaquia.

Pacto de Múnich

Reunión entre Chamberlain, Daladier,  Hitler y Mussolini (de izquierda a derecha) durante la Conferencia de Múnich.

La división de Checoslovaquia. Se predujo en marzo de 1939. Hitler presionó a los dirigentes eslovacos para que declararan su independencia de Checoslovaquia y se acogieran a la condición de Estado satélite del Reich. Por otro lado, el ejército alemán, la Wehrmacht, invadió las regiones checas de Moravia y Bohemia, que se convirtieron en un protectorado alemán, y ocupó Praga. Animado por los éxitos de la política expansionista de Hitler, Mussolini invadió Albania, el 7 de abril de 1939 . Italia y Alemania firmaron el Pacto de Acero en mayo de 1939, por lo que se reforzaba el Eje Roma-Berlín.

Por su parte Italia, gobernada por Mussolini, había invadido a Etiopía en África en octubre de 1935 en su afán de construir la colonia de África Oriental Italiana, ampliando sus posesiones desde Somalia. El nacionalismo italiano, fomen­tado por el descontento con los resultados de los tratados de paz tras la Primera Guerra, quiso reiniciar el colonialismo. Este hecho fue condenado por la Sociedad de las Naciones, quienes impusieron a Italia una serie de sanciones. Alemania abandonó la organización en 1933 e Italia lo hizo en 1937. Japón, el factor bélico y expansionista más importante en Asia y el Pacífico, nunca fue miembro de la Sociedad de las Naciones.

En 1931, Japón invadió Manchuria e instauró un protectorado, el Manchukuo. Un año después, ocupó la región al norte de la Gran Muralla y llegó hasta Shangai. La Sociedad de Naciones, incapaz de disuadir el militarismo japonés, expulsó a este país de la organización en 1933. Para 1937, Japón emprendió una segunda campaña militar contra China. A la invasión japonesa de China, en 1937, se atri­buye como el origen de la Segunda Guerra Mundial.

Estas tres potencias agresoras se unieron en El Pacto Tripartito, también conocido como el Pacto del Eje, firmado en Berlín el 27 de septiembre de 1940 por Saburō Kurusu, Adolf Hitler y Galeazzo Ciano, representando al Imperio de Japón, la Alemania nazi y el Reino de Italia, respectivamente, pacto llamado Eje Roma-Berlín-TokioEste pacto constituyó una alianza militar entre estas naciones, y oficialmente se conformaron las Fuerzas del Eje, opuestas a las Fuerzas Aliadas.

Eje

- La enemistad entre Estados Unidos y Japón, por sus respectivas ambiciones neocolonialistas en el Pacífico y el Lejano Oriente.

Causas inmediatas de la guerra

El 23 de agosto de 1939, nueve días antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, los ministros de Asuntos Exteriores del III Reich y de la URSS, Joachim von Ribbentrop y Vyaceslav Mikhailovich Molotov, firman en Moscú el pacto de no agresión germano-soviético. El pacto de no agresión entre Alemania y la Unión Soviética sorprendió al mundo, pues dos potencias de ideologías contra­rias y enemigas acordaron abstenerse de toda guerra y de integrar bloques contrarios a una u otra nación. Públicamente, Alemania y la URSS acuerdan no luchar entre sí; existe, no obstante, un protocolo secreto en el que se concede libertad de acción al Gobierno soviético en Finlandia, Estonia, Letonia, Rumania y el Este de Polonia. Sin duda, ninguno de los dos bandos se sintió defraudado; la URSS conseguía tiem­po para prepararse, mientras que Alemania se aseguraba la lucha en un solo frente. Con esta alianza, Gran Bretaña y Francia quedaron sin el apoyo de la gran potencia rusa y Alemania libre para continuar su expansión territorial.

Pacto de no agresión germano-soviético

Después de la invasión de nuevos países, la reacción democrática era inevitable, y se produjo una declaración franco-británica en la que se planteaba intervenir mili­tarmente en caso de agresión contra los Países Bajos, Bélgica o Suiza. Más tarde se firmó una alianza anglo-polaca que supuso la ayuda militar a Polonia en caso de agresión alemana contra ella.

Sin ningún tipo de advertencia o declaración de guerra previa, en la madrugada del 1 de septiembre de 1939, cumpliendo órdenes del nazi Adolf Hitler, un millón y medio de soldados alemanes, que forman parte de cinco ejércitos formados por tropas de infantería, tanques y caballería, penetran el corredor polaco de Dantzig (que separaba el territorio alemán en dos partes). Poco después, aviones alemanes bombardean las ciudades de Katowice, Krakovia, Tczew y Tunel con bombas incendiarias. En Varsovia los ataques aéreos comienzan a las 9:00 hora local. Ante esta vulneración del derecho internacional, Gran Bretaña y Francia, comprometidas por pactos con Polonia, declararon la guerra a Alemania (3 de septiembre). Inmediatamente Italia, por su pacto con Alemania, entró al lado de ésta. La URSS ocupó los Estados bálticos, atacó Finlandia y se anexionó la zona oriental de Polonia (17 de septiembre). Comienza de este modo lo que será la devastadora y cruel Segunda Guerra Mundial.

Mapa de la campaña de Polonia

Referencias:
GARRIDO, A. (2008). Historia del mundo contemporaneo. Grupo edebé.
HENAO, J. (1995). Procesos sociales. Editorial Santillana S.A.
MONTENEGRO, A. (1987). Historia del antiguo continente. Editorial Norma.
RUEDA, W. (2004) Contextos sociales. Editorial Santillana S.A.