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Impresionismo

“Pintores de la vida moderna”

“Monet pintando en su jardín de Argenteuil” por Pierre-Auguste Renoir, 1873.

Durante la mayor parte del siglo XIX, los ojos del mundo artístico miraron hacia París. El interés del gran público por las artes generó fuertes pasiones y lealtades: las exposiciones, funciones teatrales y conciertos podían provocar ovaciones o abucheos clamorosos. El terreno estaba abonado para las nuevas ideas. En 1863 varios pintores jóvenes se conocieron en el estudio de Gabriel-Charles Gleyre (1808-1874). El grupo incluía a Claude Monet (1840-1926), Auguste Renoir (1841-1919), Alfred Sisley (1839-1899) y Jean-Frédéric Bazille (1841-1871).

Monet les presentó a un pintor algo mayor, Camille Pissarro (1830-1903), al que había conocido en 1859, y quien es considerado, actualmente, uno de los padres del impresionismo. Con este grupo también se relacionaban Édouard Manet (1832-1883), Edgar Degas (1834-1917) y Paul Cézanne (1839-1906), aunque sus proyectos eran algo diferentes.

El realismo, cuyo principal exponente era Gustave Courbet (1819-1877), aún tenía el foco de los artistas de vanguardia. Sin embargo, este nuevo grupo de artistas estaba harto de la idea de que el realismo debía representar la dura vida de los pobres. Había todo un mundo -un mundo de escenas urbanas de clase media, gente en bares y cafés- que era igualmente real. Y se trataba del mundo en el que vivían los artistas.

Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir y Édouard Manet, pintores franceses representantes del Impresionismo.

Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir y Édouard Manet, pintores franceses representantes del Impresionismo.

A este grupo de pintores tampoco les gustaba los intentos de artistas anteriores por demostrar que la vida corriente podía ser tan intemporal y monumental como aseguraba ser la pintura histórica académica. Según su concepto de la realidad, ésta era cosa de un momento y cambiaba constantemente. El realismo, si quería ser moderno y librarse del pasado, tenía que reflejar esos cambios.

El grupo trabajó en estrecha colaboración durante toda la década, desarrollando una técnica pictórica a base de pinceladas rápidas y colores brillantes. En 1874 se organizó una exposición colectiva de unos 30 artistas con ideas similares. Incluía un óleo de Monet que representaba la salida del sol en un puerto y se titulaba “Impresión, sol naciente”. El cuadro llamó la atención del crítico Louis Leroy, que aplicó al grupo el apelativo burlón de «impresionistas». El nombre finalmente perduraría.

1870-1880 fue la gran década del impresionismo, en la que los artistas produjeron la mayor y mejor parte de su obra, en un ambiente de críticas hostiles y de pobreza. Pero su integridad se vio recompensada en las décadas siguientes con una mayor comprensión, éxito económico y respetabilidad. Sin embargo, a partir de 1880, sus carreras siguieron caminos diferentes, y el impresionismo evolucionó por diversas ramas.

“Impresión, sol naciente”

“Impresión, sol naciente” es un cuadro de Claude Monet, que dio su nombre al movimiento impresionista. Se encuentra en el Museo Marmottan Monet de París. Fue pintado en 1872 y representa el puerto de Le Havre, ciudad en la que Monet pasó parte de su vida.

El salón de los rechazados

El bastión del arte académico en Francia era la Real Academia de Pintura y Escultura, fundada en 1667. Todos los años, la Academia celebraba una exposición de pintura y escultura recientes, que se llamaba «El Salón». Las obras expuestas eran seleccionadas por un comité, entre los miles de obras presentadas por los esperanzados artistas. La Academia ejercía una enorme influencia en los gustos del público y de los mecenas y clientes: era difícil que un artista pudiera ganarse la vida si sus obras no se habían expuesto en el Salón.

En 1863 la Academia rechazó tantas obras modernas que se produjeron protestas populares. El propio Napoleón III se sintió obligado a intervenir, y ordenó que se organizara una exposición con las obras rechazadas, que se llamó «Salón de los Rechazados». Allí se expusieron obras de varios artistas que más adelante serían famosos, como Manet, Pissarro y Cézanne. La exposición fue elogiada por unos pocos aficionados, pero denigrada por los críticos y el público en general, y se convirtió en tema de chistes en los periódicos.

Las relaciones entre la vanguardia y la Academia siguieron siendo tensas. Los impresionistas, que nunca se proclamaron rebeldes, procuraban exponer en el Salón siempre que podían. Pero la Academia iba perdiendo influencia, debido a la proliferación de galerías independientes, sobre todo a partir de la creación en 1884 del «Salón de los Independientes» para artistas modernos que no deseaban que se les asociara con el gusto académico.

Fachada del Palacio de la Industria

Fachada del Palacio de la Industria, donde se realizó la exposición llamada “El Salón de los Rechazados” en 1863. El edificio sirvió como sala para numerosas exhibiciones y eventos sociales hasta su demolición en 1897.

Impresiones fugaces

Para los indignados críticos y buena parte del público de la primera exposición impresionista (1874), los cuadros parecían simplemente sin terminar, como si fueran bocetos preliminares, indignos de exponerse al público. Pero esto no era casual: los impresionistas admiraban los bocetos del natural de los pintores anteriores, porque poseían la espontaneidad que les faltaba a sus obras terminadas.

Durante la década de 1860-70, los impresionistas desarrollaron técnicas que dieran inmediatez a su pintura, para poder captar los momentos fugaces de la realidad. El verano de 1869 fue especialmente fructífero para Renoir y Monet, que trabajaron juntos en La Grenouillere, una localidad turística a orillas del Sena, cerca de París. Pintaban a gran velocidad, utilizando un mosaico de pinceladas de color brillante para reproducir los efectos fragmentados de la luz sobre el agua agitada. En lugar de emplear los métodos tradicionales para elaborar formas a base de tonalidades graduales, utilizaban manchas yuxtapuestas de colores puros. Cargaban mucho los pinceles, y así creaban una superficie texturada. Además, los impresionistas abandonaron el negro -un color que rara vez se encuentra en la naturaleza-, utilizando azul en su lugar.

“Crepúsculo en Venecia”

“Crepúsculo en Venecia” es un óleo sobre lienzo pintado por Claude Monet, en 1908. La mayor preocupación de los impresionistas era captar los efectos de la luz. A Monet le obsesionó hasta el fin de su larga vida.

Debussy

A finales del siglo XIX, los esfuerzos de los impresionistas por plasmar en un lienzo un momento concreto del día, había llamado la atención de varios escritores y compositores. El músico que más a menudo se describe como «impresionista» es Claude Debussy (1862-1918), que abandonó las tradiciones de la progresión temática para crear evocaciones atmosféricas más abstractas. Una de sus obras más célebres es “El mar” (1905), una serie de «bocetos sinfónicos» que conjuran la sensación del mar. La intención impresionista se nota incluso en los títulos de los tres movimientos: Del amanecer al mediodía en el mar, El juego de las olas y Diálogo del viento y el mar.

Referencia:
STEWART, R. (2002). Ideas que transformaron el mundo. Círculo de Lectores.