Juegos de destreza: Diábolo, balero y tabas

 

El diábolo

El Diábolo

El diábolo es de origen chino; a veces estaba agujereado para que emitiera unos sonidos agudos característicos. Comerciantes y vendedores ambulantes se servían de él para atraer clientes. Los diábolos suelen ser de madera, goma, a veces de marfil, concha e incluso de cristal. Están formados por una bobina de 10 cm de longitud compuesta por dos conos unidos en el vértice. El jugador tiene dos varillas unidas por un cordelito de, aproximadamente, 1,5 m de longitud. Después de colocar el cordelito en el eje del diábolo, el jugador lo levanta moviendo verticalmente una de las varillas. Moviendo éstas alternativamente, el diábolo rueda por la cuerda, después se puede lanzar hacia arriba y recogerlo.

 Ilustración de 1812 de una mujer jugando al diábolo
Ilustración de 1812 de una mujer jugando al diábolo. Su práctica disminuyó después de la Primera Guerra Mundial, pero a partir de los años 1980 comenzó una "etapa dorada" con la aparición de nuevos materiales y coloridos diseños que lo han vuelto a hacer popular.

El balero

Este juego, de origen francés, hizo las delicias de Enrique III. En la época de Luis XIV decayó su uso, para ponerse nuevamente de moda bajo Luis XV. Mientras recitaban los versos de Corneille, las actrices solían practicar el balero en escena, entre actuación y actuación. El objeto está formado por un bastón y una bola unidos mediante un cordoncito flexible y resistente. La parte de arriba del bastón es puntiaguda y la de abajo plana. La bola, casi siempre de madera, tiene un orificio. Existen baleros de todos los tamaños. Sosteniendo en el aire el bastón, hacia arriba o hacia abajo, el jugador debe impulsar hacia éste la bola de un golpe, de manera que el orificio de la bola caiga sobre la punta o la parte plana del bastón.

El balero
Es un buen juguete educativo cuyo principal propósito es el desarrollo de la motricidad fina del brazo del niño o del adulto.

La taba

Ya en tiempos de Platón, los niños paseaban por las calles con un saquito lleno de huesecillos. Plutarco cuenta que Alcibíades, cuando era niño, prefería ser arrollado por un carro de caballos a ver rotos sus «huesecillos». Los arqueólogos han encontrado restos de este juego en marfil, y cristal, dentro de tumbas griegas: en Roma los utilizaban para consultar el oráculo. En su origen, este juego se componía de cinco huesecillos provenientes del pie o de una articulación de la pata de un cordero (taba). En las cinco tabas se consideran cuatro posiciones: Jete: es la cara cóncava. Panza: es la cara convexa. Verdugo: tiene un pico que sobresale en uno de sus extremos. Rey: es la cara inversa u opuesta al verdugo.

La taba
Pueden participar entre dos y seis jugadores. Es muy sonado en las regiones rurales de América y Europa.

 

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