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Juegos: El lansquenete y el póquer

 
 

póquer

A pesar de los cuatro siglos que separan sus respectivos nacimientos, el lansquenete y el póquer forman parte de esos juegos que poseen una mala reputación. Se les asocia con el engaño, el bluff, un dinero ganado rápidamente y perdido con la misma rapidez. Las condiciones que acompañaron el nacimiento de estos juegos como variedades de la baraja francesa, favorecen en parte la opinión de que se trata de los juegos más apreciados por tahúres y ladrones.

El lansquenete: Un juego de mercenarios

El lansquenete entra en la categoría de los juegos de azar, por tanto, de apuestas de dinero. Nació en el siglo XV, recibe su nombre de los que lo crearon y se apasionaban con él: los lansquenetes, mercenarios alemanes que, durante las guerras de religión que ensangrentaron a Europa, alquilaron sus «servicios» unas veces a los católicos y otras a los protestantes. Eran particularmente temidos, tanto por sus enemigos como por la población civil, aterrada por los robos y violaciones, que no dejaban de realizar en el curso de sus desplazamientos. El Gargantúa de Rabelais (conjunto de cinco novelas escritas en el siglo XVI por François Rabelais, en francés) cita las reglas de aquel juego.

Lansquenetes
Lansquenetes. Grabado de Daniel Hopfer, sobre 1530.

Reglas del juego

Se comienza designando un banquero, a suerte. Ese jugador baraja seis cartas de 2 piezas. Puede jugar un número de personas ilimitado. Después de haber cortado la baraja, el banquero señala la cantidad que se apuesta, sin ninguna limitación. El jugador de su derecha puede elegir entre tres opciones: aceptar el envite del banquero él solo, en cuyo caso serán los dos quienes jueguen; considerar la apuesta demasiado elevada y pasar; o, lo que sucede normalmente, cubrir la suma del banquero parcialmente, compitiendo con él. En los dos últimos casos, los siguientes jugadores también «hablarán», hasta que la apuesta primera haya sido cubierta del todo. Entonces se da lugar a las cartas.

El banquero descubre la primera carta del mazo y la coloca a su izquierda. Descubre una segunda carta y la deja a su derecha. Si ambas son de igual valor, hay «trago» y el banquero se queda con todo lo apostado. En caso de que no ocurra esa eventualidad, va descubriendo una a una las siguientes cartas del mazo hasta que aparecen dos iguales. La carta de la izquierda representa al banquero, la de la derecha a los jugadores. Cuando la última carta es la que iguala a la del banquero, éste es quien gana; en caso contrario, el resto de los jugadores se reparten el envite de aquél, con lo que cada uno recoge su suma y otra equivalente. El banquero ocupa ese puesto mientras gana; al perder, le releva su vecino de la derecha.

 El lansquenete estuvo de moda en Francia durante el reinado de Luis XIII
El lansquenete estuvo de moda en Francia durante el reinado de Luis XIII y causó estragos en los sueldos de los mosqueteros. Colbert, comisionado de guerra del reino, lo juzgó de peligroso e intentó prohibirlo, aunque sin éxito como ocurrió ocasiones posteriores.

Es un hecho probado que cuanto más se basa un juego en la suerte, mayores son las cantidades que se disputan. Este juego es de una simplicidad extrema y permite desarrollarlo con rapidez, algo esencial cuando se juega dinero, ya que satisface la avidez de recuperar las cantidades perdidas. Con el pasar del tiempo el lansquenete fue reemplazado por otros juegos más refinados y pasó de moda. En los garitos, al poco tiempo se jugaba al póquer, juego que acogió gran popularidad en Europa y que, naciendo en una época de comercio trasatlántico, se extendió de puerto en puerto, a partir del Atlántico norte, por los Estados Unidos, donde hoy en día tiene un campeonato anual que atrae a apostadores del mundo entero que se dan cita en Las Vegas.

El póquer

El póquer, como el mus, pertenece a los juegos de armar combinaciones. Las secuencias están muy presentes en estos juegos, en los que cada jugador trata de agrupar sus cartas, cosa que no existe en juegos de hacer bazas como el bridge o la brisca. Se trata de un juego de azar en el que los jugadores intentan transformar su suerte utilizando la psicología del contrario, sugiriéndole una conducta. El nombre del juego procede del inglés «poker» que significa «atizador» y, justamente, los oponentes se «atizan» mutuamente durante la partida. Los norteamericanos son los primeros jugadores de póquer, apostando cada año miles de millones de dólares a este juego. La misma fiebre recorre a toda Europa, aunque en Estados Unidos hay más cantidad de aficionados.

El póquer
El póquer, juego de apuestas, en el que los jugadores, con todas o parte de sus cartas ocultas, hacen apuestas sobre una puja inicial, es actualmente uno de los juegos de mesa más popular a nivel mundial.

Combinaciones del póquer

Por orden creciente de valor, las siguientes: nada, es decir, diferentes las cinco cartas; pareja, o sea, dos cartas iguales y las otras tres no; doble pareja o dúplex, dos parejas y una carta distinta; trío, con tres cartas del mismo valor; escalera, cuando las cinco cartas son seguidas, siendo de distintos palos; full, si forman un trío y una pareja; color, cinco cartas del mismo palo, pero no seguidas; póquer, con cuatro cartas iguales; escalera de color, si las cinco forman una secuencia que es del mismo palo.

Manos del póker
Manos del póker

Reglas del póquer

Si los jugadores son cuatro, de las 52 cartas de la baraja se retiran los 2, 3, 4 y 5. Antes de repartir las cartas, cada jugador pone delante de sí la cantidad que va a jugarse, con la que se formará la caja. Se designa al azar quién debe ser el primero que distribuya las cartas y éste da cinco a cada uno.

A continuación del reparto, el jugador a la derecha del que ha dado hace un envite, sin mirar sus cartas (es el blind, «la tapada»), Para jugar, cada uno pone la misma cantidad. Cuando acaba la ronda, apuesta el jugador de la derecha del que ha hecho el blind y los demás deben cubrir la apuesta o retirarse. La apuesta mínima equivale al doble del blind, pero los jugadores pueden incrementar la cantidad al hablar. Hechas las apuestas y siendo iguales para todos los que jueguen, éstos se descartan de las que no les interesan para un juego alto. Cada uno puede desprenderse de una a cuatro cartas y el que reparte se las repondrá con las cartas que quedan aún sin distribuir.

La partida puede finalizar por una de estas formas: por abandono de todos los jugadores menos uno, el vencedor, quien recoge todo lo apostado, sin que tenga que enseñar sus cartas. Si dos o más jugadores han aceptado la apuesta, muestran su juego y gana el que lleve la combinación más fuerte. En el caso de que hayan abandonado todos los jugadores, las apuestas permanecen en juego para la siguiente partida.

póquer
El torneo moderno de póquer se hizo sonado en los casinos estadounidenses tras el comienzo de las Series Mundiales de Póquer en 1970. El 29 de abril de 2010, el póquer fue aceptado como deporte mental por la Asociación Internacional de Deportes Mentales (International Mind Sports Association - IMSA).

El arte del bluff

La teoría de los juegos enseña que lo más importante es tratar de cortar constantemente las relaciones entre juego y actitud. Convendrá, por tanto, parecer muy seguro de sí mismo teniendo malas cartas, embarazado ante una buena mano, excitado con un juego estupendo, y seguir manifestándose desconfiado, etc. La neutralidad emocional será una actitud tomada ocasionalmente, combinándola con las precedentes. La mezcla precisa de todas esas posibilidades tiene como objeto confundir a los oponentes. Naturalmente que la mímica y los gestos forman parte de esta expresión de una realidad o su opuesta. El resto corresponde al azar. Un buen jugador puede reducir sus pérdidas en buena medida, a pesar de tener la suerte en contra durante cierto tiempo.

El póquer es un juego de combinaciones en el que el farol o bluff ocupa un lugar predominante. El bluff sólo atañe a unos cuantos juegos, pero en ellos puede jugar un papel imprescindible. La función primordial se basa en desorientar al adversario, jugando con el contraste entre la realidad de las cartas y la actitud que se adopta. Para ello se apuesta mucho dinero, incluso más que los demás (para hacer pensar que el juego es muy bueno), pero se debe aceptar la posibilidad de que se esté compitiendo contra otro farol de otro participante. Hacer un farol es una acción que requiere mucha valentía y mucha actitud, es una acción muy arriesgada que puede hacer perder mucho dinero, o de lo contrario también ganarla.

El arte del bluff
Es raro que, durante una partida de póquer, el azar no ruede varias veces a favor de los jugadores. A igual «mano», la mejor máscara tiene todas las probabilidades de conseguir ganar la partida.

 
 
 

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