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John Locke

Abandono del realismo

A partir de Descartes, la filosofía deja definitivamente lo que considera el modo natural de pensar: el realismo. Descartes ha puesto en duda la realidad exterior, y de esa duda sólo escapa la primera verdad: el yo pensante. Pero con ello se produce una auténtica revolución en el pensamiento: desde ese momento ningún filósofo podrá comenzar sin un análisis del conocimiento.

El empirismo inglés, en el cual suele incluirse la obra filosófica de John Locke, conoce ya los problemas y soluciones propuestos por el cartesianismo. Aunque el «yo que piensa» es el punto radical y seguro de partida, plantea el problema de cómo salir de sí mismo. Existo yo como algo pensante, como algo que piensa cosas, pero, ¿cuál es el origen de las ideas que yo tengo de esas cosas? Necesariamente sólo puede ser la experiencia, en griego empeiría, de ahí la denominación de empirismo. No hay, en absoluto, idea alguna antes de la experiencia, no hay ideas innatas.

El análisis del conocimiento

Locke parte del problema de si verdaderamente la razón es capaz de alcanzar las metas que desde el siglo VI a. C. se había propuesto. Para saberlo será necesario indagar en la estructura íntima del conocimiento humanoLo que para Descartes eran «pensamientos», es decir, todo contenido mental, para Locke son «ideas». Es preciso investigar el origen de esos pensamientos que yo, como ser pensante, tengo, analizar esas ideas y ver cuál es su naturaleza, qué son, dónde se originan y cómo se forman. Este análisis servirá para conocer el origen y los límites y posibilidades del conocimiento humano. Para ello Locke adopta un punto de vista «psicológico», estudiando los procesos psíquicos de la mente por los cuales adquiere los conocimientos.

Locke comienza su filosofía teniendo como punto de mira las conclusiones de la filosofía cartesiana. Por ello supone que existen tres sustancias: la sustancia pensante (el alma, el yo que piensa), la sustancia extensa (el cuerpo y las cosas externas) y Dios, sustancia infinita, creadora y garante del paso del yo a las cosas externas. Descartes afirmaba que existen ideas innatas y que una de ellas lleva a la existencia de Dios. Locke niega que existan las ideas innatas. El alma es en un principio un «papel en blanco», «una tabla rasa», donde al nacer no hay nada escrito: todo ha de ser impreso por la experiencia. La experiencia es la única fuente de conocimiento.

Fuentes de la experiencia

Las fuentes de la experiencia para Locke son la sensación y reflexión. En ellas se da y se forma el conocimiento. Sensación es la modificación de la mente (alma, tabla rasa) cuando por medio de los sentidos algo la excita y produce una modificación por ligera que sea; por ejemplo, la frialdad de la mesa. Reflexión es el apercibirse el alma de lo que en ella acontece. Es decir, la experiencia interna, el darme cuenta de lo que en mí ocurre: pensar, dudar, querer, etc.

Clases de ideas

Las ideas, según Locke, pueden dividirse en dos clases ideas simples e ideas complejas:

Las ideas simples son percibidas de forma pasiva por la mente a través de los sentidos: un color que veo un sonido que escucho, un olor que siento. Las ideas complejas constituyen la propia actividad de la mente que, con el material constituido por las ideas simples, forma agrupaciones complejas: agrupando ideas simples de los sentidos se forma la idea compleja rosa.

La idea de sustancia

Entre las ideas complejas, la más notable es la idea de sustancia, que es aquella que unifica las ideas simples de tal modo que siempre las percibo juntas, sirviéndolas de soporte. Percibo rosa como un todo y no como sensaciones aisladas. Locke afirma que la idea de sustancia es el supuesto y desconocido soporte de esas cualidades con cuya existencia nos encontramos. Como nosotros no podemos conocer por experiencia sensible ese sustrato, Locke afirma que la sustancia es un «no sé qué» que suponemos que existe, pero que permanece desconocido. En realidad, no conocemos lo que son las cosas en sí mismas, cómo son fuera de nuestras ideas, sino sólo aquellos aspectos que nos muestra la experiencia, la cual es el límite de nuestro conocimiento y también su origen.

Las ideas simples son, pues, los elementos últimos de la realidad que yo conozco, son como átomos últimos de mi conocimiento. Reproducen la realidad de los seres externos, pero esta reproducción está formada por elementos psicológicos (mentales) que reflejan la realidad ontológica (realidad externa a la mente que percibe).

Cualidades primarias y secundarias

Locke distingue dos tipos de cualidades en las sustancias, en las cosas.

Cualidades primarias. La extensión, la forma, el movimiento, no dependen de mí, sino que pertenecen a los cuerpos mismos, a la realidad exterior de la que yo los recibo.

Cualidades secundarias. El color, el sabor, la temperatura, son cualidades que no están en las cosas mismas, son modificaciones subjetivas del espíritu: puedo notar amargo o dulce un vino según yo esté enfermo o sano.

Teoría política

En un teórico estado de naturaleza anterior a la vida en sociedad todos los seres humanos son libres, iguales e independientes, pero -en contra de la opinión de Hobbes- existiría el derecho de propiedad y el respeto mutuo, y no existiría la guerra de «todos contra todos», pues la ley de naturaleza coincide con la razón.

El contrato social

El Estado ha sido creado por los hombres mediante contrato para defender mejor la propiedad. Para ello el individuo cede ciertos derechos al Estado. Locke propone la separación de poderes (monarca-parlamento), oponiéndose al absolutismo. Los dos poderes deben estar controlados por los ciudadanos, y la cesión de derechos es revocable.

No puedo comprender cómo los hombres podrían transgredir las reglas morales con confianza y serenidad, si fueran innatas y estuvieran estampadas en sus mentes. Contémplese un ejército ocupado en el saqueo de una ciudad, y júzguese qué observación o sentido de los principios morales tienen los soldados acerca de los ultrajes que llevan a cabo. Robos, asesinatos y violaciones son los deportes de los hombres que se hallan libres de castigo y censura. ¿No ha habido naciones, entre las más civilizadas, para las que la exposición de niños y el abandonarlo en los campos para que perecieran de hambre o fueran devorados por las bestias salvajes, constituyeron algo tan poco condenables como el engendrarlos? [ ... ] Creo que podemos afirmar con seguridad que cualesquiera que sean las reglas prácticas no pueden suponerse innatas.

JOHN LOCKE, Ensayo sobre el entendimiento humano, cap. 11,9

Referencia:
Archila, L. (2000). Filosofía. Editorial Santillana S.A.