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Socialismo

“Economía y desigualdad”

Las raíces del socialismo moderno se remontan al interés de la Ilustración por el progreso humano y su respuesta a los problemas sociales y desigualdades económicas, puestos de relieve por el auge del industrialismo. “La felicidad es una idea nueva en Europa”, escribió en 1791 el revolucionario francés Louis de Saint-Just (1767-1794). Para el inglés Jeremy Bentham (1748-1832), padre del utilitarismo, la búsqueda de la felicidad no es una empresa individual, sino colectiva. Los utilitaristas sostienen que lo más importante de toda legislación es si aumenta o reduce «la mayor felicidad del mayor número de personas». Según los socialistas, para lograr este objetivo los gobiernos tienen que intervenir en los asuntos sociales y económicos, declarando la guerra a las injusticias, las desigualdades y las diferencias de clase que son el resultado inevitable del capitalismo industrial.

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Nacionalismo

La creación de una comunidad consanguínea”

El concepto de nacionalismo se basa en la creencia en que existen características que distinguen un grupo de personas de otro. La palabra procede del latín natio, que significa «lugar de nacimiento», de ahí surge la idea de un grupo tribal o social basado en una consanguinidad real o imaginaria. El nacionalismo es el principio político que afirma que las poblaciones con características nacionales comunes deben tener libertad para organizarse en estados soberanos e independientes. El nacionalismo moderno se remonta al siglo XVIII, uno de sus más grandes impulsadores fue el filósofo alemán Johann Gottfried von Herder (1744-1803)

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Democracia

“El gobierno del pueblo”

Técnicamente, la democracia puede ser solamente un método: “la elección por el pueblo de algún tipo de gobierno representativo”. Pero una auténtica democracia es algo más que un simple ejercicio para hacer creer a la gente que gobierna la nación y que así se deje gobernar. En realidad, la democracia tiene más que ver con los medios que con los fines. La justificación comunista para llamar democracias a las «repúblicas populares» de la Europa oriental de posguerra era que, puesto que el Estado poseía los medios de producción y distribución y los utilizaba en beneficio de sus ciudadanos, actuaba por el bien del pueblo. Desde luego, aquella defensa de sistemas totalitarios con partido único era incompatible con el concepto occidental de democracia.

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