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Roma: Legado cultural

 
 

El legado cultural de Roma es tan vasto y diversificado como la extensión de territorio que abarcó su imperio y la variedad cultural de los pueblos que sojuzgó.

El latín


Inscripción en latín antiguo con una oración

La imposición del latín como lengua oficial del Imperio romano se tradujo en la configuración, por primera vez, de un "lenguaje universal" -por supuesto, a la medida del universo entonces más o menos hegemonizado por su civilización- que sirviese de puente y elemento homogeneizador entre culturas de diferente signo lingüístico. Hasta la actualidad, el latín sigue siendo reivindicado por la Iglesia Católica como lengua "urbis et orbis" -textualmente, "para toda la ciudad y para todo el mundo"- y, de hecho, todavía lo utiliza en sus rituales religiosos y en los edictos y proclamas destinados a normatizar la vida de sus seguidores.

De esta expansión del latín derivan, con mayor o menor incidencia, las no en vano llamadas "lenguas románicas"-como el castellano, el francés, el italiano o el rumano, entre muchas otras- que imperan sobre todo en Occidente.

El Derecho romano

Dentro de esta vigencia general del legado de Roma sobresalen algunos elementos particulares, como es el caso del Derecho Romano, cuyos símbolos arquitectónicos y principios jurídicos están presentes en todos los edificios vinculados con el ejercicio de la justicia -tribunales, juzgados, etc.- y códigos u otras compilaciones y publicaciones de tipo legal, jurídico o legislativo.

Los juristas coinciden en denominar como Derecho Romano al conjunto de normas y razonamientos jurídicos creados por los romanos desde la fundación de Roma, en el año 753 a.C., hasta la obra codificadora llevada a cabo por el emperador Justiniano I en el año 476 d.C., y que los hombres del Renacimiento bautizaron como el "Corpus Iuris Civilis". No existe ninguna obra de derecho o de jurisprudencia que, no mantenga algún vínculo con dicho código. El nacimiento de todo derecho responde a la necesidad de regular los diferentes conflictos sociales. En este caso, el Derecho Romano nació, en principio, del conflicto que acompañó prácticamente a toda la evolución de Roma: el existente entre los patricios y los plebeyos.

En la llamada Ley de las XII Tablas, formalizada en 451 a.C. y que constituye el primer sistema legal unificado para toda Roma, se nota la decisiva influencia del derecho griego ático, con la misma intensidad con que la impronta de la cultura griega está presente en las raíces mismas de la vida romana, tanto política como religiosa. Las tradiciones legales romanas estaban en manos de los patricios, y todos los asuntos relativos al derecho recaían sobre el Pontifex Maximus, que era siempre un patricio. Los patricios aplicaban el derecho pontificial según convenía a sus intereses sectoriales. Como los plebeyos nunca sabían de qué manera iban a ser juzgados, la codificación de la tradición en forma de leyes fue una reivindicación popular. El resultado fue la Ley de las XII Tablas, primer cuerpo legal conocido y estructurado.


Alegoría de las XII Tablas en un libro de derecho del siglo XVI

El sistema legal romano fue complicándose cada vez más, ya que los tribunos de la plebe, a través de los Comitia Tributa, elaboraban plebiscitos -éste es el origen de los actuales plebiscitos- sobre los más variados asuntos, al mismo tiempo que el Senado, a través de las resoluciones llamadas Senatus Consultum, creaba más y más jurisprudencia.

El Coliseo romano

En 29 a.C., el cónsul Estatilio Tauro levantó un anfiteatro en el Campo de Marte. Casi por completo de madera, el edificio quedó destruido en el incendio de Roma del año 64. En su reemplazo, la construcción del Coliseo romano comenzó bajo el mandato del emperador Vespasiano, en el año 70, y fue continuado por su hijo Tito, quien lo inauguró en el 80, aún inconcluso. Fue terminado en el 82 por Domiciano, su otro hijo. Allí, ávidos de carreras de cuadrigas y luchas de gladiadores y fieras, unos 50.000 espectadores consumían el "pan y circo" con que los dirigentes del Imperio entretenían a la "plebe" para que olvidara sus conflictos y reivindicaciones reales.


Vista actual del Coliseo romano

El anfiteatro –unión de dos teatros- fue una innovación arquitectónica. Su construcción requirió diez años de trabajo. Mide 49 m de altura y su perímetro exterior alcanza los 517 m. Los tres pisos inferiores, apoyados sobre arcos, forman un gigantesco pasillo abovedado. Es uno de los iconos más conocidos de Roma. En 2003 el gobierno italiano encaró la reconstrucción del entoldado y de la arena oval, los corredores subterráneos del hipogeo y el armazón de madera bajo la arena.

El Arte de la Oratoria

El ejercicio de la política como actividad específica –fruto del modelo democrático acuñado en la polis griega- se tradujo, entre otras derivaciones, en el desarrollo de la oratoria, habilidad que se transfirió a Roma, donde fue convertida en arte. El discurso se volvió una herramienta que los políticos debieron aprender a usar. Las instituciones del Imperio Romano, mucho más complejas que en las ciudades-estado griegas, generaron oradores que se convirtieron en un modelo aún vigente en muchos escenarios actuales. Los discursos de Cicerón aún son considerados por muchos como paradigma.


Marco Tulio Cicerón es considerado uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República romana

La poesía latina

Publio Virgilio Marón, más conocido como Virgilio, es el máximo representante de la poesía romana. Gran conocedor de la poesía griega, se mantuvo siempre en contacto con los círculos culturales más notables. Su obra mayor “La Eneida”, se convirtió en el canto emblemático del imperio. La escribió en el siglo I a.C., por encargo del emperador Augusto, con el fin de glorificar con un origen mítico una Roma que comenzaba a constituirse en imperio. Acorde con esta finalidad, Virgilio elaboró una continuación de la “Iliada”, el célebre poema mítico de Homero, tomando como punto de partida la guerra de Troya y su destrucción, y colocando la fundación de Roma como un acontecimiento ocurrido a la manera de los legendarios mitos griegos. Precisamente, el nombre de Eneida proviene de Eneas, héroe troyano que huye de su ciudad incendiada por los aqueos y llega a Italia.


Virgilio: Jean-Joseph Taillasson (1745-1809): Virgilio leyendo la "Eneida" a Augusto y a Octavia (Virgile lisant l’Énéide à Auguste et Octavia). National Gallery de Londres.
 

Fuente: Grandes Civilizaciones de la Historia. Editorial Sol 90.

 
 

Edad Antigua