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Islam: Historia

 
 

El Masjid al-Haram
El Masjid al-Haram "La Mezquita Sagrada", es la mezquita más importante de la ciudad de La Meca y el primer lugar santo del islam. Las mezquitas constituyen el recinto excluyente donde se desarrolla la intensa vida religiosa de los musulmanes.

El islam, con su historia de más de catorce siglos a cuestas, encierra una riqueza no siempre explorada por la cultura occidental. Religión monoteísta e imperio político, millones de personas se encuentran subordinadas a ambos, sosteniendo y recreando una herencia religiosa y cultural de características tan excepcionales como singulares. Todo se inició en el año 610, cuando Mahoma, un mercader caravanero, tuvo en una cueva situada en las cercanías de la Meca una visión del arcángel Gabriel. Esta visión le dictó entonces la orden de predicar la existencia de un solo y único dios, convirtiéndose Mahoma en su mensajero directo.

Desde entonces se irá conformando un corpus de sentencias de carácter ético y moral que, dice la creencia religiosa, le fueron dictadas a Mahoma por el propio Alá (Dios en lengua árabe). Reunidas en un libro sagrado, el Corán, constituyen la base y la guía de todo seguidor del islam, denominados musulmanes, tanto en su vida cotidiana, sus relaciones personales, productivas, jurídicas y culturales.

Sin embargo, los seguidores del islam dividieron aguas en dos tendencias fundamentales: los sunitas y los chiitas, sectores que reclamaban la sucesión de la dirección política del imperio para los sucesores directos del Profeta Mahoma o para el musulmán mejor preparado para ello, respectivamente. También surgieron diferencias según las regiones (en la Península Ibérica, por ejemplo) y las diversas dinastías, como la de los Omeyas y los Abasidas, entre otras, quienes conocieron dramáticas guerras civiles hasta imponer o defender sus hegemonías.

La expansión del islam se realizó en tres etapas
La expansión del islam se realizó en tres etapas: El califato Ortodoxo (632-661); la dinastía de los Omeya (661-750); la dinastía de los Abasidas (750-1258). Tras la muerte de Mahoma, los ejércitos musulmanes extendieron la nueva religión en sus primeros siglos, por medio de conquistas sucesivas.

Aun así, el islam como unidad religiosa alcanzó un desarrollo enorme que abarcó buena parte del oriente y norte de África, penetrando a Europa desde la Península Ibérica y los Balcanes, siendo el Imperio Otomano una de sus más cabales expresiones. En términos políticos, el islamismo fue estructurando una base territorial tan extensa como la que alcanzó su influencia religiosa, codificó una estratificación social, una dirección política, una burocracia estatal y una cultura jurídica basada en el Corán. Pero semejante proceso distó de ser hegemónico y lineal. Por el contrario, estuvo jalonado por diversas tendencias y crisis que a menudo estallaron en divisiones internas y guerras de dimensiones y consecuencias difíciles de medir.
 
Los caminos del Profeta

Los orígenes del islam se pierden en Arabia, hacia el siglo VII, cuando según la tradición el Profeta Mahoma tuvo su primer encuentro con el arcángel Gabriel, quien le ordenó predicar la palabra de un Dios único, corría el año 610. Tras la muerte del Profeta el 8 de junio de 632, se inició una importante carrera por la sucesión, lo que dio como fruto la división de los seguidores de Mahoma en sectores o facciones que reclamaban su herencia. El primero en suceder al Profeta fue Omar, quien a su vez fue sucedido por Uthman ibn Affan, bajo cuyo gobierno va a plantearse la primera guerra civil o "fitna".
 
La crisis sobrevino cuando los parientes directos de Mahoma y buena parte de sus seguidores iniciales cuestionaron el liderazgo de Affan (al no ser pariente directo del Profeta), quien finalmente resultó muerto durante una rebelión. La sucesión cayó entonces en Ali ibn Abi Talib (Alí), primo y yerno de Mahoma. De esta manera comenzaron a delinearse dos sectores: los que sostenían la sucesión de Alí, familiar directo del profeta, y los partidarios de Uthman ibn Affan, quien fue califa por sus condiciones idóneas para dirigir la fe musulmana.

Ali ibn Abi Talib
Ali ibn Abi Talib, primo y yerno de Mahoma. Para los musulmanes sunitas Alí es respetado como el cuarto y último califa bien guiado, mientras que para los musulmanes chiíes Alí fue el primer imán y se le supone a él y a sus descendientes como legítimos sucesores de Mahoma.

Califato Omeya

La expansión de la fe musulmana no tuvo gran oposición durante el primer siglo de vida, dirigido por la dinastía Omeya. No obstante, tres guerras civiles empañaron tal desarrollo, y en ellas quedaron establecidas las diferencias que perdurarían hasta la actualidad. Dichas diferencias establecen dos líneas sucesorias en el califato, cada una de las cuales definen su legitimidad: Los chiitas partidarios de Alí (directo sucesor de Mahoma por consanguineidad) defendían que la sucesión correspondía a los descendientes de Mahoma. Y los sunnitas, quienes creían que el sucesor debía ser el más capacitado, aunque no tuviese lazos de sangre con el Profeta.
 
A la par de estas dos corrientes, pero en número muy inferior, nació la “jariyí” término que designa “el que se sale”, en alusión al abandono del bando de Alí, en 657. Los jariyíes pensaban que la dignidad califal emana de la comunidad, que debe elegir libremente al más digno. Alí fue asesinado el 28 de enero de 661 por un jariyí, a lo cual Mu-Awiya, su gran contradictor, aprovechó para hacerse al poder y ser ungido como el primer califa de los Omeya.
 
La dinastía Omeya, familia árabe que reinó desde 661 al 750 en el mundo musulmán, y posteriormente en la España musulmana durante el Emirato y el Califato de Córdoba entre 756 y 1031, eran los descendientes de Umayya, un árabe musulmán del clan de los Quraysh, el clan de Mahoma. Así pues, el califato Omeya como tal, fue fundado por Mu-Awiya, a partir de entonces, los omeyas controlaron el poder sobre un mundo musulmán dividido, y establecieron su capital en Damasco.

Umayyad o Gran Mezquita de los Omeyas en Damasco, Siria
Umayyad o Gran Mezquita de los Omeyas en Damasco, Siria.

Damasco, actual capital de Siria, era un centro comercial de importancia que quedo fuera de la órbita del Imperio Bizantino en 635, al ser conquistada por los musulmanes. La ciudad se destacaba por sus frutos frescos, vino, lana, lino y seda. En ella se edificó la “Umayyad” o Gran Mezquita de los Omeyas, en el año 705, convirtiéndose en un modelo arquitectónico para las mezquitas posteriores. Sin embargo, la construcción de esta mezquita sobre las ruinas de la Catedral de San Juan Bautista (templo cristiano) fue un acto de insulto para las comunidades cristianas ya muy arraigadas en el continente europeo.

El Califato Omeya acabó con el sistema de elección del califa por un consejo de notables y dio paso a un sistema estrictamente hereditario, desde que el califa Mu-Awiya eligió a su sucesor Yazid I, entre uno de sus hijos, en el año 680. Yazid, como nuevo califa, en su primer año de gobierno enfrentó la segunda guerra civil “fitna”, que concluyó cuando Huseín, hijo menor de Alí (descendiente directo de Mahoma) lo atacó en los alrededores de la ciudad de Kerbala. Las milicias de Yazid destruyeron las fuerzas de Huseín, eliminándolas por completo, pero dejando con vida a su hijo menor Ali Zayn al-Abidin quien se encontraba enfermo y no había participado como tal en la Batalla de Kerbala.

A pesar de esta victoria, la dirección política de los Omeyas se fisuró durante la “segunda fitna”, y a pesar de cierta restauración, terminó debilitándose cada vez más, al grado de desbarrancarse en 750, durante la “tercera fitna”, cuando se entrona a los descendientes del tío del Profeta, al-Abbas. Aunque gobernaron con muchos enemigos en su contra, principalmente los partidarios de Alí (chiitas), los Omeyas fueron competentes para organizar administrativamente un territorio considerablemente mayor que el que controlaron sus predecesores.

Expansión del islam en sus primeros siglos
Expansión del islam en sus primeros siglos

Fueron los Omeyas quienes prosiguieron las conquistas de Mahoma. Durante su califato se dan las últimas grandes expansiones del Imperio islámico: por el oeste se conquista el Magreb (parte más occidental del Mundo Árabe conformada por lo que hoy son los países de Marruecos, Túnez, Argelia, Mauritania y Libia) y la Península Ibérica; por el este se somete totalmente a Irán y se hacen penetraciones en Afganistán Pakistán e India, finalmente en China es detenida la conquista.

Hacia el año 740 el Califato Omeya se hallaba debilitado por las constantes disputas internas, incluso dentro de la propia familia Omeya; y por las pulsaciones externas de los partidarios de Alí (chiitas) y los jariyíes. Finalmente, se adentró en la “tercera fitna”, donde los “Alíes” iniciaron una revuelta en Irak que pretendía restituir el poder califal a los hashimíes, clan de la familia directa de Mahoma. Esta guerra civil dio un resultado inesperado que ungió como califa a Abu al-Abbas as-Saffah, quien se instaló en Kufa, importante centro ceremonial musulmán al sur de Irak. Al-Abbas derrotó a las fuerzas de Marwan II, último califa de los Omeyas en Damasco, en el año 750 en la batalla del río Zab, al norte de Bagdad, terminando públicamente el Califato Omeya, que había gobernado desde 661.

El califa Omeya Marwan II fue asesinado cuando cruzaba el Nilo huyendo a Egipto, marcándose una época de terror donde todo aquel que perteneciera a este linaje era asesinado por los abasidas. Sólo un integrante, Abd al-Rahmán I, muy joven aún, logró escapar a la matanza, y con el tiempo reaparecerá en el otro extremo del mundo islámico, en Al-Ándalus.

Califato Abasida

Abu al-Abbas, primer califa abasida
Abu al-Abbas, primer califa abasida. “As-Saffāḥ” es un título religioso mesiánico que significa el generoso.

Abu al-Abbas fue el primer califa de la dinastía Abasida y fundador del Califato de Abasida. El fin de la hegemonía Omeya significó la clausura de la primera etapa de expansión musulmana, tras ella accedieron al poder los abasidas, una nueva dinastía que defendió la autoridad de Abbas ibn Abd al-Muttalib (566-652), tío del Profeta Mahoma. Los abasidas se mantuvieron en el poder entre los años 750 y 1258, aunque ciertamente sólo en el primer siglo mantuvieron un poder político y religioso real.

Desde entonces, siglo VIII, y hasta mediados del siglo XIII, los Abasidas gobernarán desde Bagdad, la nueva capital imperial. Los sucesivos reinos conocerán una manifiesta superación cultural y económica, como así también el establecimiento de las normas jurídicas y morales que regirán la vida de todo musulmán. Sin embargo, el dominio abasida concluirá drásticamente tras la incursión de los mongoles.

 Bagdad
Concepción artística de la ciudad redonda de Bagdad bajo la dinastía Abasida.

La capital del Califato Abasida fue Bagdad, fundada en 762 por el segundo califa abasida, Al-Mansur “El victorioso”. Bagdad, paulatinamente se convirtió en un centro comercial floreciente, a la vez que en el vasto territorio musulmán surgirán grandes mezquitas y palacios, inequívocos síntomas del afianzamiento de una religiosidad que muy pronto fomentará los estudios coránicos, asentando definitivamente una jurisprudencia islámica que será la base de la organización de la sociedad. Desde entonces no habrá ningún aspecto de la vida social que no se halle reglado por el derecho islámico. También se desarrollaron los campos de la historia, geografía, literatura, medicina, matemáticas y álgebra. La primacía de Bagdad significó un cambio sustancial: el traslado del corazón del islamismo al interior de Asia y no a las estribaciones del Mediterráneo, como cuando el poder se ejercía desde la ciudad de Damasco.

Pero si el mundo cultural y religioso musulmán fue ampliándose, en lo político las cosas fueron distintas. Por lo pronto, un príncipe que sobrevivió a la caída en desgracia de la dinastía Omeya (Abd al-Rahmán I) terminó estructurando un reino independiente en la Península Ibérica. Rápidamente el fenómeno autonomista se multiplicó, y entre los siglos VIII y IX surgieron dinastías como las de los Idrisíes, Aglabíes, Rustemíes, Tulúnidas, Safávidas, Samaníes entre otras, que, si bien reconocían al califato de Abasida como la dirección de todo el mundo musulmán, tenían su buena cuota de independencia organizacional, política y económica.

 Disgregación del Califato de Abasida
Disgregación del Califato de Abasida

Hacia el siglo X, la tendencia independentista cristalizó en una crisis de proporciones, llegando a coexistir tres califatos en un mismo tiempo. En Tunicia primero y en Egipto después, se revelaron los fatimíes chiitas, quienes establecieron su propio califato. Les siguieron los omeyas hispánicos, quienes constituyeron el califato de Córdoba; y apenas sobrevivían los Abasidas, con más esplendor cultural que poder político. Incluso dentro de las fronteras de estos últimos aparecieron varios reinos independientes persas, que influyeron de manera decisiva en el desarrollo cultural de la región.

Invasiones nómadas

Hacia fines del siglo X, el imperio musulmán había perdido parte de su potencia y empuje militar, de la mano de su creciente desmembramiento político. En ese marco es que se darán las invasiones nómadas sobre los territorios del Islam. Entre 1220 y 1225, dirigida por el mismísimo Gengis Khan, se produjo la primera invasión mongol contra el mundo musulmán. La segunda invasión puso a Asia Central bajo su dominio, en el año 1258 Bagdad fue saqueada por completo. El 20 de febrero de 1258 Hulagu Kan, nieto de Gengis Kan, ejecutó al que quedase en la historia como el último califa Abasida de Bagdad, Al-Musta'sim, y a su familia inmediata, quienes tendrán un final horroroso: puestos bajo una alfombra, fueron pisoteados por caballos hasta morir.

Pintura que representa una frase de Hulagu Khan al califa Al-Musta'sim, cuando estaba encerrarlo en su habitación del tesoro sin comida ni agua, al que hablo:
Pintura que representa una frase de Hulagu Khan al califa Al-Musta'sim, cuando lo encerró en su habitación del tesoro sin comida ni agua, al que hablo: "coma de su tesoro, puesto que usted lo ama tanto".

Con la caída de la dinastía Abasida llegará a su fin el período clásico del islamismo, o Edad de Oro, dándose lugar a una serie de gobiernos en reinos independientes al frente de los cuales se hallaban diversas dinastías que no alcanzaron más que un poder local, de ahí en más, la unidad política del Islam será una ilusión.

Al-Ándalus

La presencia musulmana en la Península Ibérica se inició el 27 de abril de 711, cuando un ejército de más de 9.000 hombres apostado en el norte de África atravesó el Estrecho de Gibraltar. Los visigodos, derrotados en la Batalla de Guadalete, se retiraron, y por todo el sur hispano proliferaron las ciudades musulmanas. Desde allí, los musulmanes intentarán penetrar el centro europeo, pero serán derrotados por los francos en 732.

La presencia musulmana en la Península Ibérica replanteó la dominación del mediterráneo que pretendía el Imperio Bizantino. En 825 los musulmanes lograron ocupar la isla de Creta, al mando de Abu Hafs Umar al-­Ballut. Los bizantinos la recuperaron en 961.

Etapas de la dominación musulmana en la Península Ibérica
Etapas de la dominación musulmana en la Península Ibérica

711-756: Emirato dependiente de Damasco. Entre 711 y 716, los musulmanes ocuparon parte de la Península Ibérica. Al­Andalus es gobernada por la dinastía Omeya.
 
756-929: Emirato independiente de Bagdad. Miembros de la dinastía Abasida asesinan a los omeyas. Abd al-Rahmán I escapa y se refugia en córdoba.

929-1031: Califato de Córdoba. En 773 Abd al-Rahmán I creó el Emirato de Córdoba y en 929 Abd al-Rahmán III estableció el Califato de Córdoba, independiente de Bagdad.

1031-1261: Reino de taifas. División política del Califato de Córdoba después del derrocamiento del califa Hisham III. Se trató de 39 reinos muy pequeños.

1238-1492: Reino de Granada. En 1238, Ai-Ahmar "el Rojo” crea la dinastía Nazarí y funda el reino de Granada, último reducto árabe en la Península Ibérica.

Califato Fatimí
 
Las disidencias políticas y religiosas dentro del islam estallaron con fracturas importantes y la fundación de nuevas dinastías. Entre ellas destacó la dinastía Fatimí, que respondía a la rama chiita que proclamaba califas a los descendientes directos del Profeta. El califato Fatimí prolongó su existencia entre los siglos X y XII, estableciéndose en una amplia fracción del territorio norafricano, aunque en su declinación quedará reducido sólo a Egipto. Entre sus grandes obras, se destaca la construcción de la nueva capital, El Cairo, y de numerosas mezquitas.


La dinastía Fatimí reinará en Egipto a partir del año 909, cuando establece su propio califato. El nombre de la dinastía deviene de Fátima, hija del Profeta y esposa de Alí, yerno y primo de Mahoma. A ellos les corresponde la fundación de El Cairo, “La Triunfante”. Posteriormente extendieron sus dominios a Túnez y Siria. A mediados del siglo XI su declinación los llevó a perder la mayoría de sus territorios, confinados sólo a Egipto.

Califato Fatimí

La hegemonía del imperio Fatimí comenzó a declinar en el siglo XI y cayó en desgracia definitivamente en 1171, tras la caída de al-Adid, decimocuarto y último califa, tomó el poder Saladino, quien dispuso la prohibición de la rama chiita del islam en Egipto. Como no podía ser de otra manera, la división política del mundo musulmán estuvo cruzada por intensos debates religiosos. Surgieron entonces diversas escuelas que impusieron sus propias lecturas del Corán. Dichas escuelas, conocidas como “madrasas”, enseñaban teología y la ley del islam.

Tres grandes imperios

Los otomanos migraron desde la estepa de Asia central y primero establecieron un pequeño Estado en Anatolia. Posteriormente, en 1453, los otomanos sitiaron hasta doblegar a Constantinopla, dándole un golpe mortal al Imperio Bizantino, que fue absorbido por los turcos. El expansionismo otomano se dirigió tanto hacia el oriente musulmán como hacia la Europa cristiana, aunque con dispar suerte. De hecho, el Sitio de Viena (1529) fue un fracaso que puso allí un límite claro a las aspiraciones otomanas de alcanzar el centro europeo. La Batalla de Viena (1683) marcaría más tarde el repliegue definitivo de los turcos hacia el Asia menor.

Un siglo más tarde, los musulmanes dominaban un extenso territorio dividido en tres grandes unidades imperiales, una de las cuales eran los otomanos, cuyo poder se extendía hacia la Mesopotamia, el mar Rojo y el Mediterráneo. A los otomanos se sumaban los safávidas, en la región iraní, y el Imperio Mogul, en la India. Por entonces, la unidad política islámica era una ilusión y los sultanatos se multiplicaron en una región que, paradójicamente, era cada vez mayor, aunque los tres grandes imperios que respondían a esa misma religión estaban cada vez más debilitados.

El Imperio Mogol o Mogul
El Imperio Mogol o Mogul fue un poderoso Estado turco islámico del subcontinente indio entre los siglos XVI y XIX.

El Imperio Otomano

Surgido a partir de la debacle de los selyúcidas, una tribu establecida en Anatolia va a fundar un imperio que se prolongaría por vastos territorios y durante más de siete siglos. Será en el siglo XIV, bajo el sultanato de Beyazid I, que alcanzará su máximo esplendor, aunque, a mediados del XV por fin cumplirá su gran anhelo: la toma de Constantinopla, guiada por el sultán Mehmed II, en 1453. Tras la caída del Imperio Bizantino, Constantinopla, rebautizada como Estambul, será el símbolo del poder Otomano y una clara advertencia para todo Occidente.

El Sitio de Constantinopla se inició el 6 de abril de 1453, cuando la artillería otomana descargó su potencia sobre los muros de la ciudad. No obstante, la primera victoria fue para los sitiados, quienes rechazaron con su armada a la de los turcos. Los esfuerzos de resistencia se prolongaron durante los siguientes dos años, pero terminaron siendo vanos contra un ejército que se renovaba y mantenía el asedio. Finalmente, el 29 de mayo de 1453 la ciudad cayó en manos de los turcos. Se admite que con Beyazid I el Imperio Otomano alcanzó su mayor esplendor. Sultán entre 1389 y 1402, durante su jefatura el imperio anexó numerosos territorios, como el de Bulgaria, y numerosos reinos en el Asia Menor.

 Fronteras del Imperio Otomano en sus siglos de mayor expansión
Fronteras del Imperio Otomano en sus siglos de mayor expansión

Entre los siglos XVIII y XIX el Imperio Otomano sufrió grandes desmembramientos territoriales debido a sus constantes guerras con las potencias europeas. Su final llegaría durante la segunda década del siglo XX, en el transcurso de la Primera Guerra Mundial. En 1918 la resistencia turca se colapsa tanto en Asia como en Europa, concluyendo con un armisticio y la definitiva caída del Imperio Otomano, disolviéndose por completo el 10 de agosto de 1920 con la firma del Tratado de Sevres. Este tratado acabó con la presencia otomana en Europa, el sueño del cristianismo durante casi quinientos años. Las condiciones impuestas al Imperio otomano eran tan estrictas, que nunca podría recuperar sus antiguos dominios.

Reforma y siglo XX

Durante el siglo XVIII, Muhammad ibn Abd al Wahhab va a encabezar en Arabia un movimiento reformador que aspiraba devolverle al islam los preceptos originales, renunciando a su vez a las influencias de los movimientos posteriores. Se iniciaba así lo que posteriormente va a conocerse como movimientos fundamentalista, cuna de cierto extremismo islámico tanto en lo religioso-filosófico como en lo político. Su influencia será decisiva en el desarrollo del islamismo moderno, sobre todo en las últimas décadas.

En el XIX, los musulmanes sufrieron una paulatina, pero inexorable erosión de su poder territorial y político en manos del expansionismo europeo, siendo la invasión a Egipto por parte de los franceses, en 1798, el inicio simbólico de este proceso.

Batalla de las Pirámides
Batalla de las Pirámides, óleo de Louis-François Lejeune. Napoleón invade Egipto con su ejército revolucionario y fuerzas mamelucas.

Hacia el siglo XX, la mayoría de las naciones musulmanas eran territorios independientes, con un pobre desarrollo económico. De hecho, con el Occidente capitalista dominando el Oriente Medio, los países musulmanes adquirieron apenas una independencia formal, independencia que se logrará en definitiva en algunas naciones, pero en un proceso que se dará después de la Segunda Guerra Mundial.

Algunos países musulmanes propiciaron una cierta separación de la vida religiosa y estatal. Esto también generó serios conflictos y divisiones que alcanzaron ribetes de confrontación civil, como sucediera con la India, Pakistán y Bangladesh.

El universo islámico tiene en la actualidad una dimensión extraordinaria y una presencia e influencia notoria en Europa, Asia, África y las principales islas del Océano Pacífico. También en el occidente europeo se han asentado grandes comunidades musulmanas, destacándose las de Gran Bretaña, Alemania y Francia.

El islam en el mundo
Distribución de la población musulmana, por porcentajes, en los diferentes países del mundo.

 
 
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