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Imperio Carolingio: Papado de Roma

 
 

Papado de Roma

En el año 751 el rey lombardo Astolfo dominó Rávena, región al norte de Italia. El papa Esteban II, como líder de Venecia y duque de Nápoles, tomó el poder de gobierno en el ducado de Roma, reconociendo al emperador bizantino como su soberano. Pero como el ducado de Roma había sido parte de Ravena, fue reclamado por AstolfoEsteban II negoció con Astolfo una tregua de cuarenta años, pero Astolfo la rompió a los cuatro meses, y en junio de 752 reclamó jurisdicción e impuestos emprendiendo la marcha a Roma. Ante esto, el papa pidió auxilio al emperador Constantino V, pero este se limitó a mandar una misiva a Astolfo para que restituyera los territorios imperiales de los que se había adueñado, por lo que el papa optó finalmente apelar al rey de los francos, Pipino el Breve (padre de Carlomagno) emprendiendo viaje a Francia.

El rey de los francos envió dos emisarios al papa para escoltarlo. El 6 de enero del 754 Esteban II fue acogido obsequiosamente por Pipino en Ponthión. Esteban volvió a suplicar al rey que eliminara la amenaza de los lombardos. El resultado de este encuentro fue el compromiso de Pipino para otorgar los territorios conquistados por los lombardos al papa.

Creación de los Estados Pontificios

En julio del 754 el papa, aunque enfermo, ungió solemnemente a Pipino en San Denis cerca de París, sellándose así la legitimidad de la dinastía, y confirió al rey y a los suyos el título de "Patricios de los Romanos", que era el título que usaban los exarcas bizantinos. Pipino emprendió camino de Italia y derrotó dos veces al rey Astolfo, en agosto del 754 y en junio del 756. En el tratado de paz impuesto a Astolfo, este tuvo que ceder a perpetuidad veintidós ciudades a la Iglesia de Roma que se añadieron al ducado de Roma y formaron los Estados pontificios.

Estados pontificios

Los emisarios del emperador Constantino V ofrecieron un soborno al rey franco, el cual respondió que esas ciudades pertenecían a "San Pedro" y a la Iglesia de Roma. El abad Fulrad de Saint Denis tomó posesión de las ciudades y colocó las llaves en el altar de San Pedro y el documento conocido como “Donación de Pipino” en el Archivo papal. Sin embargo, el papa siguió considerando al emperador Constantino V como soberano formal del territorio.

Posteriormente, la conquista de Carlomagno sobre los territorios lombardos, hizo que el rey de los francos estuviese en un plano de superioridad, y esto limitó las aspiraciones territoriales de la Iglesia. Finalmente, el papa León III (795-816) rompió con el Imperio bizantino y coronó como emperador a Carlomagno, lo cual supuso que el papa renunciaba a la autoridad del emperador bizantino.

A Carlomagno la coronación imperial le supuso el reconocimiento de su soberanía política sobre Roma: el emperador era el soberano de patrimonio romano, mientras el papa era el que gobernaba el territorio como lugarteniente del emperador. La relación entre el emperador y el papa quedó fijada en 816 con el “pactum ludivicianum”, en el que se definieron los territorios, jurisdicción y autoridad del papa, se reconocieron elecciones papales libres, y la intervención del emperador a petición del papa.

Coronación de Carlomagno
Carlomagno fue coronado Imperator Romanorum por el papa León III (pontífice de 795 a 816) en la basílica de San Pedro durante la Navidad del año 800.

La Constitutio Romana de 824 supuso la afirmación de la soberanía carolingia en los territorios papales, por la que el coemperador Lotario I (817-855) ponía bajo control imperial los actos políticos y administrativos del papa con la presencia permanente de dos missi dominici, así como obligarle a un juramento de fidelidad hacia el emperador antes de su consagración. Su hijo el emperador Luis II (844-875), se aferró a estas prerrogativas al intervenir en las elecciones papales, al ejercer control sobre la política interna de Roma, y al instalar en el territorio a vasallos imperiales.

A pesar de este control imperial sobre el papa, la unción y coronación imperial de Luis II en abril de 850, asentó una constante a lo largo del medievo, que tales ritos sólo podía hacerlos el papa, y en Roma, incluso si había sido ungido rey previamente.

Extinguido el imperio forjado por Carlomagno, el rey de Italia, Berengario II, amenazó los Estados de la Iglesia. El papa Juan XII requirió la ayuda de Otón el Grande, quien sometió a Berengario y entró triunfante en Roma. Y, en la Basílica de San Pedro, el papa restableció la dignidad imperial, coronando a Otón como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico el 2 de febrero de 962, mientras que Otón, por su parte, impuso al papa el “Diploma Ottonianum”, que confirmaba el “Pactum Ludovicianum” (817) y la “Constitutio romana” (824).

Coronación de Otón I
Coronación de Otón I como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, por el papa Juan XII.

Los grandes concilios

El gobierno de la Iglesia católica se basa en la autoridad de los sucesores de los apóstoles, llamados obispos, reunidos en concilio bajo la autoridad del primero de los obispos: el obispo de Roma, llamado Papa.

Casi todos los cristianos, de cualquier iglesia, reconocen la autoridad de los primeros cuatro “grandes concilios ecuménicos”. Ellos definieron el concepto de la Trinidad, la naturaleza de la Virgen María. El Concilio de Nicea (325) refutó las teorías de Arrio, obispo de Alejandría, que negaba la condición divina de Cristo. Posteriormente, como continuaron las discusiones, el Primer Concilio de Constantinopla (381) reafirmó la doctrina y el credo de Nicea. A inicios del siglo V el obispo Nestorio rechazó el título de "Madre de Dios" al referirse a María. El Concilio de Éfeso (431) y el de Calcedonia (451) ratificaron la condición virginal de la Madre.

Primer Concilio Ecuménico: Concilio de Nicea

Después de su victoria contra Licinus, Constan­tino, emperador de Oriente, se esforzó en arreglar los litigios entre los diferentes obispos de Oriente. Estaba en juego la unidad de la Iglesia. Para ello, convocó a un concilio de todos los obis­pos, que, el 20 de mayo de 325 se reunieron en la ciudad de Nicea, en el Asía Menor, cerca de Constantinopla. Es esta asamblea la que la poste­ridad conoce como el Primer Concilio Ecuménico, es decir, de carácter universal.

Constantino y los obispos del Concilio de Nicea
Constantino y los obispos del Concilio de Nicea.

Los arríanos sostenían que el nacimiento de Cristo era pos­terior a la eterna existencia de Dios y, por lo tanto, no podía ser divino. El Concilio de Nicea refutó esta tesis afir­mando: “A quienes digan, pues, que hubo cuando el Hijo de Dios no existía, y que antes de ser engendrado no existía, y que fue hecho de las cosas que no son, o que fue formado de otra substancia o esencia, o que es una criatura, o que es mutable o variable, a éstos anatematiza la Iglesia Católica”. Esta fórmula, a la que después se le añadieron varias cláusulas (y se le restaron los anatemas del último párrafo) es la base de lo que hoy se llama "Credo Niceno", que es el credo cristiano más universalmente aceptado.

Concilio de Calcedonia

Bajo la autoridad del Papa San León I el Magno, fué 
celebrado el 8 de octubre del 451 en Calcedonia (actual Turquía), ciudad de Asia Menor; fue el cuarto de los primeros siete concilios ecuménicos de la cris­tiandad. Rechazó la doctrina del monofisismo, defendida por Eutiques, y estableció la plena humanidad y la plena divinidad de Cristo, segunda persona de la Santísima Trinidad

Concilio de Letrán

Se celebró en 1123, en la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma. Prohibió el matrimonio a los sacerdotes, el mantenimiento de concubinas y la convivencia con mujeres bajo un mismo techo. Restringió los derechos de los judíos y los obligó a vestir de manera identificatoria en la calle.

Basílica de San Juan de Letrán
Erigida en el siglo IV en honor a San Juan Bautista y al evangelista San Juan, la Basílica de San Juan de Letrán es la más importante de las cuatro basílicas mayores, además de ser la Catedral de Roma. Fue edificada bajo las órdenes del Constantino el Grande durante el siglo IV, y fue la primera iglesia que se construyó en Roma.

Concilio de Troyes

Fue convocado en la ciudad francesa de Troyes en 1128, a fin de recono­cer oficialmente a la Orden del Temple. Se encargó a San Bernardo, abad de Clairvaux, y a un clérigo llamado Jean Michel la redacción de una regla durante la sesión, que fue leída y aprobada por los miembros del concilio. La regla del Temple es pues una normativa cisterciense, que presenta grandes similitudes con la regla de Cíteaux. La Orden del Temple fue crea­da y dotada de la regla del “monje soldado” basada en la sencillez, la austeridad, la castidad y la oración. La Orden tuvo varios nombres: la "Milicia de los Pobres Caballeros de Cristo", los "Caballeros de la Ciudad Santa", los "Caballeros del Templo de Salomón de Jerusalén", y la "Santa Milicia Jerosolimitana del Templo de Salomón". Con el tiempo se difundió el nombre de "templarios".

Doctores de la Iglesia

Doctor de la Iglesia es un título que el papa o un Concilio Ecuménico otorgan a ciertos santos para reconocerlos como maestros de la fe para los fieles de todos los tiempos. Han ejercido una influencia especial sobre el desarrollo del cristianismo, sentando las bases de la doctrina eclesial. Los cua­tro Padres de la Iglesia de Roma son: Ambrosio, Jerónimo de Estridón, Agustín de Hipona y Gregorio Magno.

Doctores de la Iglesia
Ambrosio de Milán                   Jerónimo de Estridón                   Agustín de Hipona                     Gregorio Magno

San Ambrosio de Milán (340 - 397) fue un destacado obispo de Milán y un importante teólogo y orador.

Jerónimo de Estridón (340 – 420), llamado san Jerónimo por los católicos y ortodoxos, tradujo la Biblia del griego y el hebreo al latín.

Agustín de Hipona o san Agustín (354 – 430), llamado el “Doctor de la Gracia”, algunos lo consideran el máximo pensador del cristianismo del primer milenio.

Gregorio Magno (540 - 604), Gregorio I o también San Gregorio, fue el sexagésimo cuarto papa de la Iglesia católica. Fue el primer monje en alcanzar la dignidad pontificia, y probablemente la figura definitoria de la posición medieval del papado como poder separado del Imperio romano.

Roma, el trono de San Pedro

La razón de que tanto Pedro como Pablo murieron en Roma es uno de los motivos por los que, a partir del siglo XI, la Iglesia de esa ciudad fue reconocida por la Iglesia de Occidente como cabeza de las demás iglesias católicas romanas. El hecho de haber albergado a dos apóstoles le confiere a Roma mayor autoridad, frente a otras ciudades que sólo habrían tenido a uno, y la convierten en residencia del Papado.

Sin embargo, hay dudas acerca del entierro de Pedro en Roma. El Evangelio de Juan, redactado a fines del siglo I, cuando Pedro ya había muerto, no señala el lugar de su martirio, pero alude claramente a que fue ejecutado en la cruz (Juan 21). Que el lugar es Roma puede deducirse por los versículos finales de la primera carta de Pedro, que dice estar escrita en "Babilonia". La identificación entre Babilonia y Roma aparece en el Apocalipsis (14.8; 16) y en la literatura judía apocalíptica y rabínica.

Insignias papales

Insignias papales

El Vaticano y la Santa Sede

En 1860, el ejército del rey de Italia Víctor Manuel II conquista los Estados Pontificios, dejando a la Santa Sede solamente la posesión de Roma y su región costera, durante el papado de Pío IX. Diez años después, Víctor Manuel toma Roma y la proclama nueva capital de su reino, quedando la Santa Sede anexionada al reino de Italia.

El 11 de febrero de 1929 se firman los Pactos de Letrán entre la Santa Sede, y Benito Mussolini, primer ministro del Reino de Italia. Con estos acuerdos se crea el Estado de la Ciudad del Vaticano, con 44 hectáreas de superficie y se le reconoce su soberanía. El concordato garantizó además la total independencia del Papa.

Ciudad del Vaticano
Vista aérea de la Ciudad del Vaticano que abarca 108,7 hectáreas y que cuenta con aproximadamente una población de 900 habitantes.

La Santa Sede es la jurisdicción episcopal del obispo de Roma, conocido como el papa, y es la sede episcopal preeminente de la Iglesia católica, constituyendo su gobierno central, en tanto la ciudad del Vaticano es el Estado que la alberga. La Santa Sede tiene personalidad jurídica propia y es ella, en rigor, la que mantiene relaciones diplomáticas con los demás países del mundo.

San Pedro

Según el Evangelio de Mateo (16:13-20), Jesús le dijo al apóstol hasta entonces llamado Simón: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del Infierno no prevale­cerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del Reino de los Cielos y lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos". San Pedro es considerado el primer Papa de Roma.

Jesús entrega las llaves a San Pedro

Las órdenes religiosas

Las órdenes religiosas nacieron como una consecuencia de la vida monástica en comunidad de aquellos monjes que, siendo primero ermitaños, pasaron a reunirse con otros monjes similares a ellos para compartir la vida religiosa. Cada una de estas comunidades adoptó una regla de convivencia y un nombre. La aspiración común que tenían estas congrega­ciones era la de llevar una vida apostólica semejante a la de los discípulos de Jesús, ya sea siguiendo un modelo activo a través del trabajo, o bien contemplativo, como "vida con­sagrada". Las órdenes cobraron fuerza hacia finales del siglo XI.

LA ORDEN DE SAN BENITO: Fue fundada por Benito de Nursia (480-543), de acuerdo con la regla dictada por éste en 529 para la abadía de Montecasino. Benito de Nursia con­tribuyó decididamente a la evangelización cristia­na europea, por lo que se lo ha declarado Patrono de Europa. Siguiendo su ejemplo e inspiración, diversos fundadores de órdenes religiosas han basado la normativa de sus monasterios en la Regla dejada por Benito, cuyo principio funda­mental es "Ora et labora", es decir, "reza y trabaja".

Abadía de Monte Casino
La Abadía de Monte Casino en Roma, donde San Benito de Nursia estableció su primer monasterio alrededor del año 529.

ORDEN DEL MONTE CARMELO: La Orden de los Carmelitas, devotos de la Virgen del Carmen, surgió alrededor del siglo XII, cuando San Bartolo del Monte Carmelo y un grupo de ermitaños se retiraron a vivir en el monte Carmelo.

LA ORDEN CISTERCIENSE: Ateniéndose a la rigurosa observancia de la regla benedictina, los monjes del monasterio de Citeaux elabo­raron una reforma que dio pie a la creación de una nueva orden: la del Císter. A diferencia de los de otras órdenes, los abades de sus monasterios gozaban de una gran autonomía en la organización del estudio, la oración y el trabajo.

LOS FRANCISCANOS: La llamada Orden de los Frailes Menores o Franciscanos data de 1209, año en que San Francisco de Asís obtuvo de Inocencio III una aprobación no escrita de la regla sencilla que elaboró como guía para sus primeros acompa­ñantes. Esta regla fue confirmada por el papa Honorio III, en 1223. La pobreza y la devoción contempla­tiva rigen a esta orden. 
Las celdas en que vivían los franciscanos eran extremadamente auste­ras, procurando con ello cumplir con la prédica de humildad atribui­da a Cristo. En la celda sólo tenían cabida las actividades del descanso y la meditación. En invierno, los monjes toleraban los rigores del frío y, en verano, los del calor.

Franciscanos
La orden franciscana fue la primera en llegar a los territorios americanos conquistados por los españoles.

LOS AGUSTINOS: La Orden de San Agustín fue fundada por el papa Inocencio IV en 1244 para unificar una serie de comunidades de mon­jes en la Toscana (Italia) que siguieran la Regla de San Agustín, dictada por San Agustín de Hipona. Los frailes llevan un hábito negro ceñido con correa. Entre los agustinos famosos figura Martín Lutero, fray Gregorio Mendel y el poeta Fray Luis de León.

 
 
 
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