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Tragedia de Armero "Lo que el lodo se llevó"

 
 

El miércoles 13 de noviembre de 1985 se convirtió para los colombia­nos la remembranza de una fecha horrible y dolorosa en el calendario. Un cráter del volcán Nevado del Ruiz hizo erupción y al causar su deshie­lo parcial produjo un alud de lodo y piedras que se precipitó sobre regiones de Tolima y Caldas, sepultó a la ciudad de Armero y ocasionó estragos en Chinchiná y otras poblaciones.


Así amaneció Armero el 14 de noviembre de 1985, las casas vistas son la parte alta del pueblo, el casco urbano quedó sepultado

Por lo menos 22.000 personas murieron o desaparecieron, otras 5.000 resultaron heridas, 10.000 quedaron sin hogar y centenares de animales se ahogaron a lo largo de 25.000 hectá­reas de llanura de Tolima y Caldas que el lodo cubrió.

La tragedia natural más grande ocurrida en Colombia había sido anunciada. El 10 de diciembre de 1984 se reactivaron las “fumarolas” del cráter Arenas. Este había estado activo toda su vida, pero desde 1595 no había hecho erupción. A este fenóme­no siguieron una serie de raras manifestaciones que se produje­ron con cierta periodicidad tales como temblores, lluvia de cenizas, ruidos, torrenciales precipitaciones y un olor perma­nente a azufre originado por los gases emanados del volcán. Así, los 50.000 habitantes de Armero y poblaciones aledañas comenzaron a observar con temor lo que hasta entonces habían visto como un legado de la naturaleza, uno de los atractivos turísticos más importantes de Colombia.


Nevado del Ruiz emanando vapores. Foto tomada en Septiembre de 1985, dos meses antes de la tragedia.

Tolimenses y caldenses que se encontraban en la zona de riesgo, delimitada por Ingeominas y censada por la Defensa Civil, vivían permanentemente en zozobra y en estado de alerta. Hacia las 5 p.m. de aquel fatídico día 13 de noviembre de 1985, se inició una lluvia de ceniza que aunque disminuyó notoriamente hacia las 6 de la tarde, se prolongó por 4 horas. A las 9 y 20 p.m. se produjo la gran explosión de gas del cráter Arenas del volcán Nevado del Ruiz. A ésta le sucedieron otras. Diez minutos más tarde se escuchó el ruido de la explo­sión en el valle. Se trataba, según descripción de sobrevivientes, de un aterrador rugido. Fue entonces cuando se comunicó la primera alerta.

La más fuerte de las explosiones alcanzó a ser divisada por el capitán Juan Manuel Cervera, piloto de una empresa aérea de transporte de carga. En declaraciones a los medios de comunica­ción, Cervera dijo que vio una enorme llamarada roja y que resolvió virar hacia Bogotá porque la arena cubrió totalmente los vidrios del aparato y él quedó sin ninguna visibilidad.

Las explosiones y el calor del cráter Arenas causaron el deshielo y el represamiento en las cabeceras de los ríos y quebradas que nacen en las estribaciones del Nevado del Ruiz, especialmente los denominados Lagunilla, Gualí, Azufrado y Molinas, en el Tolima, y las quebradas Nereidas y Río Claro, en jurisdicción de Caldas.


Zonas afectadas por la erupción del Nevado del Ruiz. El mapa muestra el recorrido que siguió el lahar desde el volcán hasta Armero.

La avalancha se deslizó por los 48 kilómetros que separan a Armero del volcán, con una velocidad de 300 kilómetros por hora. La avenida arrancó rocas, tierra, árboles y vegetación de las paredes del cañón del río Lagunilla. Un aguacero torrencial cayó sobre la zona. Hacia las 11 y 25 p.m. más de 450 millones de metros cúbicos de material mezclado cayeron sobre la región. En solo 5 minutos el alud cobró más fuerza y convirtió a Armero en una inmensa playa de fango y en la tumba más profunda del mundo.

El drama quedó atrás para quienes murieron. En cambio, la tragedia apenas comenzaba para los sobrevivientes. En estado de shock, semidesnudos, cubiertos por una espesa capa de fango que se les fue secando semejándolos a momias, la mayoría de los sobrevivientes sufrieron heridas de gravedad y muchos de ellos quedaron mutilados.

La más dantesca de las escenas la constituyó la tragedia de quienes, aún vivos, quedaron atrapados en la masa de lodo. Este fue el caso de Omayra Sánchez, de 13 años, quien después de 60 horas de trabajo infructuoso de los socorristas para salvarla, murió el 16 de noviembre de un ataque cardíaco. Se convirtió en el símbolo interna­cional de la angustia y la impotencia. Algunos días después de haber ocurrido la catástrofe, las autoridades encargadas de la operación de salvamento estimaron que por lo menos mil vícti­mas vivientes continuaban todavía atrapadas en el fango.

 
Omaira se convirtió en el símbolo de la impotencia humana ante las tragedias naturales. Solo unas pocas estructuras se mantuvieron en pie en la ciudad de Armero tras la avalancha que la arrasó. 

Estremecidos ante la noticia del cataclismo países del mundo entero expresaron su solidaridad con los sobrevivientes. Tone­ladas de alimentos, medicinas, ropa, sábanas, cobijas y carpas fueron enviadas a las poblaciones de Mariquita, Honda, Chinchiná, Ibagué, Lérida y Guayabal, localidades que se convirtie­ron en los centros más importantes de atención y de emergencia para los sobrevivientes.

A nivel nacional y con el concurso internacional se organiza­ron "teletones" para recaudar fondos destinados a cubrir las necesidades de reordenamiento de los damnificados de la trage­dia. El padre Rafael García Herreros celebró su ya tradicional "Banquete anual del Millón", esta vez no solo en Bogotá, sino en 25 ciudades del país. Con la colaboración de varios medios de comunicación se logró captar cerca de mil millones de pesos para la construcción de la nueva Armero.

La movilización internacional no se hizo esperar. Todo tipo de aeronaves, procedentes de Venezuela, Estados Unidos, In­glaterra, Francia, España, Italia y otras naciones fueron inmediatamente puestas a disposición del Socorro Nacional, la Cruz Roja y la Defensa Civil, entidades encargadas de la operación salvamento. Se militarizó la zona de emergencia y se encomendó a las Fuerzas Armadas la repartición y el control de las donaciones. Declarados territorios militares, Armero, Chinchiná y otras poblaciones afectadas por el cataclismo, fueron celosamente vigiladas ante la aparición de bandas de saqueadores que arrasa­ron con lo que el lodo no se llevó.

 
El Ejército Nacional prestó ayuda a las victimas de la avlancha que destruyó Armero. En la foto, un soldado apoya el rescate de uno de los heridos. Armero, Tolima, 15 de noviembre de 1985. Diario El Espectador

Entretanto, el gobierno nacional estudiaba diversas fórmulas para la reubicación de los damnificados. Así fue como el 24 de noviembre se decretó la emergencia económica y social en Colombia, con una vigencia de 35 días, para enfrentar la calami­dad pública derivada del desastre en Tolima y Caldas.

Se exoneraron del pago de impuesto todas las donaciones para aliviar la emergencia y se creó el Fondo de Reconstrucción "Resurgir", encargado de financiar y coordinar con dinero del presupuesto nacional y de otros entes estatales, los auxilios a los damnificados.

Para el 30 de noviembre, apenas cuando la gente estaba saliendo del shock, Armero fue bendecido desde un avión Hércules. La bendición fue impartida desde el aire por el cardenal Alfonso López Trujillo, quien más tarde ofició una misa campal en el parque Murillo Toro de Ibagué, con asistencia del Presidente Belisario Betancur.

En la playa de lodo, ya completamente seca, yacen los restos de hombres, mujeres y niños víctimas de la tragedia del 13 de noviembre. Sobre ellos la vida comenzó a brotar de nuevo. Semillas de arroz y sorgo comenzaron a retoñar y los técnicos agrícolas a hablar de la futura fertilidad de la tierra. Algunos sobrevivientes, buscando encontrar sus propias raíces, se atre­vieron a regresar. Pero ningún colombiano podrá olvidar jamás la catástrofe de este negro noviembre.

Referencia: "1985 Colombia y el Mundo". Círculo de Lectores.

 
 
 
 
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