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Insurrección comunera de 1781

 
 

Comunero El comunero Francisco de Medina

El Movimiento Comunero de 1781, constituye uno de los levantamientos armados anticoloniales de mayor trascendencia, ocurridos a lo largo del S.XVIII en el Nuevo Reino de Granada.

La alta carga tributada que pesaba sobre las colonias españolas y la difícil situación económica que en ellas se vivía dieron lugar a rebeliones e insurrecciones. Este fue el preámbulo de los alzamientos nacionalistas que llevarían a la independencia de las colonias en el siglo XIX.
 

La decadencia de la producción minera y la crisis fiscal hicieron que los pocos ingresos que se obtenían en los virreinatos fueran utilizados, casi en su totalidad, para el pago de la burocracia colonial. Como era lógico, esto generó una difícil situación económica y social. Los recursos beneficiaban muy poco a la corona española, que decidió entonces, llevar a cabo una reforma fiscal.

El comisionado del rey, o visitador regente Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, hizo una nueva reglamentación del impuesto de la Armada de Barlovento que se sumó al de la alcabala, o impuesto de las ventas. El 12 de octubre de 1780 se publicó la instrucción de los nuevos impuestos, en la que se legitimaban también los impuestos de guías y tornaguías.

Como era de esperarse estas reformas generaron levantamientos en los pueblos suramericanos, desde el Alto Perú hasta el oriente neogranadino, conocidos como los “movimientos antirreformistas de Suramérica”.

Rebeliones comuneras

Manuela Beltrán y la protesta del Socorro

El 16 de marzo de 1781 era un día normal de mercado en el Socorro (Santander). La población sin embargo protestaba contra los nuevos impuestos. En este ambiente, la cigarrera Manuela Beltrán se encaminó al estanco, arrancó y rompió el edicto que legitimaba los impuestos y la manera de pagarlos. Los socorranos se amotinaron con ímpetu revolucionario al grito de “Viva el rey” y “Muera el mal gobierno”. Al frente de ellos estaba José Delgadillo, que tocaba un tambor mientras gritaba al alcalde José de Angulo y Olarte, que no pagarían ninguna de las contribuciones.

Estampilla de Manuela Beltrán
Estampilla de correo aéreo que circuló en 1981, con ocasión de "Comuneros 81", el Bicentenario de la revolución comunera.

La sublevación comunera se intensificó con los días y, a pesar de que el cabildo del Socorro prometió la supresión de algunos impuestos, no fue posible apaciguarla. Así comenzó en la plaza del Socorro, entonces pueblo de la provincia de Tunja, un gran movimiento de protesta contra las autoridades coloniales que tuvo eco en Simacota, Mogotes y Charalá. A ellos se fueron sumando los pueblos de San Gil, Barichara, Vélez, Chita, Sogamoso, Villa de Leiva, Tunja, y otras regiones del oriente del virreinato, una región esencialmente comercial.

Dirigentes

Los dirigentes comuneros del Socorro eran Miguel de Uribe, Pablo e Ignacio Ardila, Manuel Serrano, Isidro Molina, Roque Cristancho y José Delgadillo. Ellos nombraron como jefe supremo del movimiento al criollo Juan Francisco Berbeo. También nombraron como capitanes comuneros a los criollos Salvador Plata, Antonio Monsalve y Francisco Rosillo. A estas masas integradas por comerciantes, artesanos, criollos, mestizos e indígenas armados de machetes, macanas, picas y demás herramientas del campo, llegaron a unirse más de 20 mil hombres de los pueblos del oriente neogranadino.

Comuneros
"La rebelion de los comuneros". Ignacio Gomez Jaramillo. Mural fresco del Capitolio Nacional. 1938-1939.

Marcharon hacia Santafé para expresar su descontento por el mal gobierno colonial. En cada pueblo recibían el apoyo de las gentes, que se unían a la causa. En Güepsa el indio Ambrosio Pisco, descendiente del zipa Bacatá,  fue proclamado por los indígenas  como “señor de chía”. Pisco prometió la defensa de las salinas de Zipaquirá y Nemocón y la supresión del tributo indígena. Las masas comuneras pasaron por Nemocón y el 16 de mayo llegaron a Zipaquirá.

Las Capitulaciones de Zipaquirá

Las autoridades santafereñas acordaron nombrar una comisión especial para negociar con los comuneros, integrada por el oidor Vasco y Vargas, Eustaquio Galavís, alcalde de Santafé y el arzobispo Antonio Caballero y Góngora. Ellos debían suspender la reforma tributaria y defender a la capital de una toma por parte de los manifestantes. La comisión llegó a Nemocón el 26 de mayo de 1781 para discutir con los jefes comuneros. Estos presentaron un pliego de 36 peticiones o Capitulaciones, redactadas por dos miembros del cabildo de Tunja: el peruano Agustín Justo de Medina y el tunjano Juan Bautista de Vargas.

Arzobispo Antonio Caballero y Góngora
Arzobispo Antonio Caballero y Góngora

Estas Capitulaciones apelaban a la defensa de las tradiciones jurídicas de los pueblos, la supresión y rebaja de impuestos, la libertad de cultivos, el libre comercio del tabaco, el mejoramiento de caminos y puentes, el acceso de los americanos a los altos puestos administrativos, la devolución de los resguardos a los indígenas, la  devolución de las salinas a los indios, la supresión del cargo de visitador, el destierro de Gutiérrez de Piñeres y otras reformas fiscales, económicas,  sociales y eclesiásticas.

Al igual que los comuneros españoles de Villalar lo habían hecho en el siglo XVI, los criollos apelaron a la tradición jurídica y política peninsular, según la cual el rey no podía imponer impuestos sin el consentimiento de los súbditos reresentados en los cabildos. Después de varias y acaloradas discusiones se llegó a un acuerdo que fue aceptado y firmado por ambas partes, con la bendición del arzobispo Caballero y Góngora.

Sin embargo, las Capitulaciones de Zipaquirá fueron anuladas al poco tiempo por las autoridades españolas y los dirigentes del movimiento fueron castigados, con excepción de Berbeo, quien fue nombrado Corregidor de San Gil y del Socorro y juró fidelidad al rey, restableciendo el impuesto de la alcabala en su jurisdicción.

Un “héroe” neogranadino

Antonio Galán

El mestizo José Antonio Galán, natural de Charalá (1749), inició un movimiento revolucionario contra el  gobierno español  y fue el auténtico héroe del movimiento insurreccional de los comuneros de 1781. Galán fue nombrado capitán de los Comuneros por el comandante Berbeo y comisionado para interceptar la fuga del visitador Gutiérrez de Piñeres por la vía de Facatativá, Villeta y Guaduas hasta Honda y el río Magdalena,  en las Cuevas, cerca de Facatativá, Galán se enfrentó el 27 de mayo de 1781 a un grupo de 80 soldados coraceros españoles comandados por Vicente Santacruz. En este, su primer triunfo, tomó prisionero a Santacruz y lo libero al día siguiente para que informara a las autoridades de Santafé lo ocurrido.

Con su empuje revolucionario, Galán incitó a los pueblos del valle del Magdalena en contra de las autoridades españolas, repartiendo los fondos de la administración de rentas, imponiendo elevadas multas a los vecinos acomodados contrarios a la rebelión, ofreciendo la libertad a los negros esclavos y provocando a los indios a rebelarse contra el gobierno para recobrar las tierras de los resguardos y no pagar los tributos.

Centenario de los comuneros
"José Antonio Galán", Manuel Briceño. Centenario de los Comuneros. Impreso por Silvestre y Compañia, Bogotá, 1881. Dibujo de Alberto Urdaneta.

En Guaduas venció al alcalde José Acosta, quien le entrego lo que le pertenecía al Gobierno. Allí, y en Villeta, también repartió las tierras y los bienes de los principales señores entre los pobres. En la mina del “Mal Paso” libertó a los esclavos que ahí trabajaban. Luego se tomó Ambalema, ciudad que convirtió en el centro de sus operaciones militares, nombró nuevas autoridades y organizó a sus capitanes para la revolución, enviando comisiones al Espinal, Tocaima, Coyaima, Purificación y otras regiones.

Desde su centro de operaciones en el valle del Magdalena José Antonio Galán quiso hacer una revolución social incitando a los campesinos a invadir las tierras de las grandes haciendas, amotinarse en las aldeas y asaltar los depósitos de tabaco. Canalizó el ambiente de subversión social de los negros palenqueros y cimarrones que se habían sublevado en las haciendas de Honda, Mariquita, Antioquia y Cauca. Sus consignas fueron: “Se acabó la esclavitud” y “La tierra es para el que la trabaja”.

El final de Galán y otros jefes comuneros

Galán y sus compañeros fueron perseguidos por las autoridades virreinales y capturados como bandidos del reino. El 13 de octubre de 1781, fue capturado en Chaguanete y conducido a Santafé, en donde fue sometido a juicio. La sentencia de muerte e infamia fue pronunciada por la Real Audiencia de Santafé. Los reos debían ser ejecutados y luego descuartizados para escarmiento de los revolucionarios comuneros. Así, el 18 de febrero de 1782 fueron arcabuceados Antonio Galán, Lorenzo Alcantuz, Isidro Molina y Manuel Ortiz. Sus cadáveres fueron descuartizados y sus miembros separados y puestos en escarpias en diversos lugares del país, la cabeza de Galán fue enviada a Guaduas, su mano izquierda a San Gil, su pie derecho a Charalá y el izquierdo a Mogotes. La cabeza de Manuel Ortiz fue expuesta en el Socorro, la de Isidro Molina en Santafé y la de Lorenzo Alcantuz en San Gil. La casa de Antonio Galán fue sembrada de sal, todos sus bienes confiscados y su descendencia declarada infame y execrable.

Martirio de Galán
"Martirio de Galán" óleo de Ignacio Gómez Jaramillo, 1957. Museo Nacional de Colombia.

Significado de esta rebelión

Aunque el movimiento insurreccional comunero fracasó, se  difundió en otras regiones del Nuevo Reino de Granada dando lugar a los alzamientos Comuneros de Guarne y Sopetrán en Antioquia, de Pasto y de Neiva. La insurrección de esencia reformista económica y social evidenció las debilidades del gobierno español y abrió el camino a posteriores rebeliones, convirtiéndose en el antecedente de la Revolución de Independencia de Colombia.

Escudo  comunero Escudo comunero

 

 
 
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