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El Estado de la Nueva Granada

 
 

 
Bandera y escudo del Estado de la Nueva Granada

Tras el final de la Gran Colombia, y durante las dos décadas siguientes, el país adoptó el nombre de la República de la Nueva Granada. Este nuevo Estado se rigió por dos constituciones de carácter centralista, afrontó una devastadora guerra civil y asistió a la creación de los dos partidos tradicionales, al tiempo que se preparaba el terreno para la gran revolución socio-económica de mediados del siglo XIX.

El nombre de la Nueva Granada

El nombre de la Nueva Granada se utilizó en la época colonial para designar la división políti­co-administrativa localizada en las tierras septentrionales de Suramérica. La designa­ción de Granada se debe a Gonzalo Jiménez de Quesada, quien encontró una gran similitud entre el paisaje y el clima de este territorio con los del reino de Granada, lu­gar en donde vivió antes de llegar a América. La expresión “nueva”, es característica del mundo utópico del Renacimiento y era utilizada por viajeros y cronistas para aludir a las tierras y pueblos del Nuevo Mundo como una prolon­gación de Europa.

Entre los años de 1831 y 1857 se consolidó el régimen centralista en la Nueva Gra­nada, en la demarcación te­rritorial del antiguo virrei­nato. El régimen surgió de la disolución de la Gran Co­lombia, cuando se consoli­daron los tres Estados nacionales que la componían: Nueva Granada, Venezuela y Ecuador. La decisión de asumir el antiguo nombre colonial fue tomada por los congresistas participantes en la Convención Nacional de 1831. Los límites del nuevo Estado se establecieron según la doctrina del “uti possidetis juris” y fueron los mismos que tenía en la división político-administrativa española.

La década de los treinta en la Nueva Granada (1831-1841)

La estructura jurídica del Estado que sur­gió en la década de los treinta estuvo basada en la Constitución política de 1832, de carácter centralista moderada con inclinaciones federalis­tas. La década se caracterizó por su tendencia hacia el proteccionismo econó­mico, los adelantos en la cultura y la educación, y la divergencia de los grupos políticos, que llevó a la guerra civil de los Supremos, entre 1840 y 1841.


Mapa de la Nueva Granada con la división territorial de las provincias. Publicado por J. H. Colton y Co., Nueva York. 1855. Archivo General de la Nación. Bogotá.

La Ley fundamental de 1831: El primer hecho significativo de este periodo fue la Convención de 1831, convocada por el vi­cepresidente Domingo Caicedo, encargado de liderar el gobierno por el Consejo de Estado. La convención tuvo como objetivo la creación de una constitución y elegir nuevos dignatarios. En ella se aprobó la Ley fundamental de la Nueva Granada, mediante la cual se oficializó la crea­ción del nuevo Estado. Se establecieron los límites según la tesis del "uti possidetis juris", y se acordó pagar en forma proporcional la deuda externa asumida por la Gran Colombia. La ley proclamó igual­mente el fortalecimiento de las relaciones exteriores, de la soberanía del Estado y de los poderes públicos.

Constitución política de 1832

Esta constitución fue sancionada el 1 de mar­zo de 1832, en la cual, el país se denominó oficialmente República de la Nueva Granada; introdujo un régimen centralista, con un ejecutivo débil, un periodo presidencial de cuatro años y un congreso bicameral. Se esta­bleció para los senadores un periodo legislativo de cuatro años y para los representantes a la Cá­mara un periodo de dos. Se dieron las primeras bases para la descentrali­zación administrativa, di­vidiendo el territorio en quince provincias regidas por su respectivo gober­nador: Antioquia, Bar­bacoas, Bogotá, Cartagena, Cauca, Magdalena, Neiva, Panamá, Pasto, Pamplona, Popayán, So­corro, Tunja, Vélez y Veraguas. La constitución pretendió armonizar la tendencia federalista con la centralista, y debilitó el poder del ejecutivo. Como su primer presidente se designó a Fran­cisco de Paula Santander, exiliado en Europa desde 1828 por su presunta participación en la Conspiración Septembrina.

Presidencia de Francisco de Paula Santander

 Francisco de Paula Santander en uniforme de húsar. Grabado de S. W. Reynolds, Londres, 1824, encargado por Francisco Antonio Zea. Casa Museo 20 de Julio, Bogotá.

Santander se posesionó el 7 de octubre de 1832. Su labor estuvo enmarcada dentro del ci­vilismo. Promulgó el respeto por la constitución y las leyes, y se esforzó por consolidar una educa­ción popular y secular. En las diferentes provincias fundó las escuelas lancasterianas y grandes colegios, conocidos como "santanderinos". También reorganizó la Academia Nacional para el fomento de las artes y las ciencias, dio impul­so al Observatorio Nacional, organizó imprentas y auspició periódicos.

Hizo frente a la crisis económica heredada de la Gran Colombia reglamentando la hacienda pública. Fomentó la industria ofreciendo privi­legios especiales, específicamente para la producción de vidrio, hierro, papel y textiles de al­godón. Impulsó, la exportación de productos agrícolas como algodón, café y tabaco. Igualmente, estableció por primera vez la jubila­ción para los empleados públicos y privados, or­ganizó el régimen político y municipal en las provincias y reglamentó el poder judicial. San­tander terminó su mandato en 1837 y posteriormente falleció en Bogotá, el 6 de mayo de 1840.

Presidencia de José Ignacio de Márquez


 José Ignacio de Márquez Barreto. Grabado de Lemercier sobre dibujo de José María Espinosa, 1840. Museo Nacional. Bogotá.

José Ignacio de Márquez ejerció la Presiden­cia durante el cuatrienio 1837-1841. En su admi­nistración impulsó el proteccionismo y la auste­ridad. Organizó el fisco con una eficiente y oportuna recolección de los impuestos y buscó el equilibrio entre ingresos y egresos como fórmu­la de progreso. Para ello fomentó la agricultura y la industria, especialmente la del tabaco. Már­quez también debió afrontar la liquidación de la vieja deuda adquirida durante la Independencia y la Gran Colombia, acordando con represen­tantes de Venezuela y Ecuador la repartición del pago. Esta administración dio, además, especial importancia a la educación y propició la funda­ción de numerosas escuelas primarias y secunda­rias. Márquez debió enfrentar la gue­rra de los Supremos, una de las contiendas civiles más cruentas que ha sufrido el país. La guerra se inició con la sublevación militar de José María Obando y otros caudillos del sur y pronto se ex­pandió a todo el territorio nacional.

La década de los cuarenta (1841-1849)

Tras el fin de la guerra de los Supremos, vi­no una década de estabilidad política y económica. Se hicieron grandes obras para el progreso de la Nueva Granada y surgieron los partidos polí­ticos tradicionales. La estructura jurídica fue la Constitución de 1843, de carácter autoritario y la más representativa del centralismo decimonónico.

Presidencia de Pedro Alcántara Herrán

 Pedro Alcántara Herrán

El presidente Pedro Alcántara Herrán (1800-1872), destacado militar de la guerra de Independencia, finalizó la guerra civil y expidió una nueva constitución po­lítica. Herrán hizo una defensa de la Iglesia Ca­tólica considerándola como la religión única de los granadinos, y acordó el regreso de la comuni­dad jesuita. Dentro de la instrucción pública, fundó escuelas normales en cada capital de pro­vincia y aprobó un plan de estudios enfocado en capacitar a la juventud en las ciencias prácticas y útiles, con el fin de estimular el desarrollo in­dustrial del país. Este gobierno (1841-1845) también dio importancia a las obras públicas, especialmente a la apertura del camino del Quindío, vital para la comunicación con el occidente colombiano.

La Constitución política de 1843: Esta constitución, sancionada durante el gobierno de Alcántara Herrán el 20 de abril de 1843, es considerada la carta más representativa del centralismo y el au­toritarismo del siglo XIX. En ella se estableció un ejecutivo fuerte para implantar el orden y la estabilidad, defendió la religión católica como la propia del pueblo colombiano y recono­ció los principios democráticos del derecho de propiedad, libertad de imprenta, derecho de pe­tición, inviolabilidad del domicilio y de la correspondencia y otros derechos que fueron con­sagrados desde la Constitución de Cúcuta. Tuvo vigencia hasta 1853, cuando se aprobó una nue­va constitución centro-federal.

Presidencia de Tomás Cipriano de Mosquera


 Tomás Cipriano de Mosquera

El general Tomás Cipriano de Mosquera (1798-1878), natural de Popayán, se distinguió en el ejército patriota durante la guerra de Indepen­dencia. Su gobierno (1845-1849) se ha considerado progresista por las importantes obras que realizó: ini­ció la era de los ferrocarriles en Co­lombia con la construcción del fe­rrocarril de Panamá; restableció la navegación a vapor por el río Magdalena, que se había iniciado desde la Gran Colombia, y reabrió el canal del Dique. Además, hizo la reforma mo­netaria, pues circulaban en el país diversas monedas desde la época colonial y la Independencia. Se adoptó como patrón monetario el real de plata y se autorizó la circulación de monedas de plata colombianas y granadinas. Intro­dujo el librecambismo, rompiendo con el proteccionismo de los años treinta y generando la reacción inmediata de los artesanos. Adicionalmente, empezó la construcción del Capitolio Nacional; fundó el Colegio Militar; abrió la Facultad de Ingeniería y Mate­máticas, e implantó en el país el sistema métrico decimal. Esta administración se destaca por la organización de la Co­misión Corográfica, dirigida por el ingeniero italiano Agustín Codazzi, para el levantamiento de la carta geográfica de la Nueva Granada y los mapas para cada una de las provincias.


Ferrocarril de Panamá. Grabado de R. S. Bross, 1861.

Las elecciones de 1849

Las elecciones de 1849 influyeron en la con­formación de los partidos políticos tradicionales y fueron la antesala de la revolución socio-eco­nómica de mediados de siglo. El triunfo del ge­neral José Hilario López, el 7 de marzo de 1849, se produjo en un clima de tensiones políticas y sociales. Los artesanos es­taban en contra del librecambismo del gobierno y votaron por López con el fin de proteger la in­dustria, pues el candidato había hecho pro­mesas para favorecer el proteccionismo aduanero, abolir la esclavitud y entregar los ejidos al pueblo. Este disgusto, a su vez, fue encauzado por las sociedades democráticas, que se convirtieron en el principal “grupo de pre­sión” para la elección de López y el ascenso del liberalismo al poder.


 José Hilario López

Nacimiento de los partidos políticos colombianos

Las ideas del Romanticismo y del socialismo utópico que inundaban a Europa a mediados del siglo XIX influyeron en la Revolución Francesa de 1848 y fueron aprehendidas por algunos gru­pos de intelectuales revolucionarios y artesanos de las ciudades neogranadinas. Un grupo de jó­venes intelectuales fundó la llamada Escuela Re­publicana, simpatizante del socialismo utópico y del radicalismo, mientras que los tradicionalistas ya habían fundado en 1838 las sociedades católicas. Este ambiente romántico y social también llevó a la creación de las sociedades democráticas, organizadas por obreros y por una juventud pro­gresista. Sus miembros portaban ruanas teñidas de rojo para manifestar su entusiasmo, por lo que pronto empezaron a ser conocidos como “rojos”. Este color simbolizaba la libertad mien­tras que el azul, el color mariano de la Iglesia Ca­tólica, se asoció con la tradición. Fue este el con­texto en el que surgieron los partidos Liberal y Conservador, entre los años 1848 y 1849.

El partido Liberal

El doctor Ezequiel Rojas Ramírez, uno de los grandes maestros del benthamismo político o utilitarismo inglés en la Nueva Granada, redactó el 16 de julio de 1848 lo que se considera el pri­mer ideario político del Partido Liberal Colom­biano. Se trataba de una nota titulada “Razón de mi voto” que apareció en el periódico El aviso, en la que se explicaban las razones por las que se de­bía votar por José Hilario López para la Presi­dencia. Esta nota sintetizaba las ideas del autor y del fallecido Vicente Azuero sobre lo que debía ser un gobierno liberal. El liberalismo, según Ezequiel Rojas, defendía la libertad en todas sus manifestaciones: libertad de cultos, libertad de pensamiento, libertad de cátedra, libertad de imprenta, libre empresas y libre comercio. Era partidario de la educación oficial y gratuita, de la inviolabilidad del poder judicial y de la necesidad de organizar el poder electoral independiente­mente de los poderes públicos. Apoyaba la filo­sofía del progreso, la democracia parlamentaria, el espíritu civilista y legalista de la política, la propiedad privada, la descentralización y el for­talecimiento de la autonomía local.

Se oponía al militarismo y atacaba los privilegios de la Iglesia y la influencia del clero en la política. En el dis­curso del 1 de abril de 1849, el general José Hilario López repitió el programa que había redac­tado el doctor Ezequiel Rojas Ramírez.

 José Ezequiel Rojas Ramírez fundador del Partido Liberal Colombiano.

El partido Conservador

El día 4 de octubre de 1849, el periódico La civilización publicó la llamada “Declaratoria políti­ca” del Partido Conservador, redactada por sus ideólogos Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro, con la que se estableció formalmente el partido. Esta denominación de “conserva­dor” ya había aparecido también en la Gran Bre­taña en el año 1832, cuando después de la refor­ma electoral se generalizó su acción política co­mo grupo partidario de la conservación y mante­nimiento del orden social y político establecido. Ambos autores retomaron esta postura para en­frentar las ideas anarquistas de aquella época. El programa del partido expresó su independencia de los grupos políticos presentes en los primeros años de la República, pues consideraba que la mayoría había defendido, en algún momento, principios conservadores. En líneas generales, el partido defendía el orden constitucional, la mo­ral cristiana, la libertad racional, la tolerancia y la propiedad y se oponía a las doctrinas socialistas, materialistas y al ateísmo.

 
Advertencia “A los conservadores” sobre aspirantes a procurador y magistrados, firmada por “Juan Malo”, 5 de octubre de 1853. Biblioteca Nacional. Bogotá.

 
 
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