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Revolución Industrial: Segunda fase

 
 

A partir de 1840, se inició la segunda fase de la Revolución Industrial, denominada por muchos autores la “Revolución Técnica”. Entre finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, la economía inglesa había avanzado velozmente debido, entre otras cosas, a la construcción y mejoramiento de las vías de comunicación, tales como la construcción de numerosos canales y carreteras que unían los centros de producción con los lugares de consumo y con los puertos de exportación. De este modo, la creciente circulación de bienes abarató el precio de los productos. En 1755 había un canal de 16 km de longitud; para 1825, en plena Revolución Industrial, los canales sumaban 750 km y, 15 años después, ya había 4.900 km, sin contar con los ríos navegables.

Los avances técnicos y el desarrollo económico, comenzaron a transformar las costumbres y las relaciones entre las personas, de manera especial a partir de la década de 1840. En esta época, el aspecto más sobresaliente se centró en la revolución de los transportes y de las comunicaciones en general, pues de este modo, las distancias se redujeron considerablemente.

El ferrocarril

 Locomotora Rocket, construida por George Stephenson en 1814.

Uno de los primeros inventos de esta revolución técnica fue el tren, el cual sustituyó a la diligencia. La primera locomotora movida con una máquina de vapor se inventó en 1814, pero su velocidad era de sólo seis kilómetros por hora, es decir, menos veloz que un caballo. En 1835, ya se habían construido locomotoras con más fuerza y velocidad, así se inició el gran auge de los ferrocarriles en Europa y en Estados Unidos.

Algo similar ocurrió con la navegación a vapor. En 1803, el primer modelo del barco movido por vapor, ideado por el ingeniero norteamericano Robert Fulton, fue probado el 9 de agosto de 1803 en el río Sena, en Paris. Sin embargo, Fulton no encontró ayuda del gobierno francés para construir su barco en grandes dimensiones, por tanto, se trasladó a Estados Unidos, donde recibió apoyo. En 1807 construyó el Clermont, barco equipado con una máquina de Watt. El 20 de julio de 1807, realiza la primera prueba de lo que sería el primer barco a vapor comercialmente viable, que fue llamado coloquialmente el Clemont, pero al que también se le conoció como “el monstruo de Fulton” por la “sorpresa y miedo” que experimentaron quienes lo vieron surcar las aguas del río Hudson, en Nueva York, quienes nunca habían visto algo semejante.

A partir de este momento se construyeron máquinas de vapor en diferentes países del mundo, por lo cual las travesías se multiplicaron y los itinerarios se alargaron. Hacia 1837 fue posible contar con barcos correos transatlánticos, y poco después se establecieron líneas regulares entre Europa y los otros continentes.

La última gran máquina de vapor

 El Titanic

A finales del siglo XIX, Inglaterra y los Estados Unidos competían por obtener el liderazgo mundial en la construcción de enormes barcos de lujo, destinados al transporte de pasajeros a través del Atlántico. El más famoso de estos barcos fue el Titanic, un transatlántico de lujo de 46.000 toneladas, el más grande jamás construido y la más grande máquina de vapor. Era el orgullo de Inglaterra y signo de su poderío tecnológico. Sin embargo, en su viaje inaugural, desde Liverpool hasta la ciudad de Nueva York, el Titanic chocó contra un iceberg, a 153 kilómetros al sur de los Grand Banks de Terranova (Canadá), poco antes de la medianoche del 14 de abril de 1912 y se hundió en menos de tres horas. De las 2.220 personas que viajaban a bordo, murieron 1513. A partir de entonces no se volvieron a construir estos barcos monumentales y muy pronto el vapor fue sustituido por el petróleo para impulsarlos. El 1 de septiembre de 1985, en el Océano Atlántico, a 640 km al sur de Terranova, en el transcurso de una misión secreta financiada por la Marina Estadounidense para localizar el submarino nuclear USS Scorpion, hundido en el Atlántico Norte, los oceanógrafos Robert Ballard y Jean-Louis Michel descubren a 3.821 metros de profundidad, mediante el sumergible no tripulado Argos, los restos del trasatlántico británico Titanic.

Descubrimientos e Inventos

La acumulación de riquezas y las nuevas necesidades de consumo, dieron lugar a un clima propicio para la investigación e invención de nuevos artefactos que mejoraron las condiciones de vida de las personas. Hasta ese momento, nunca se había dado en la humanidad una época tan pródiga de la creatividad. La mayor parte de estos inventos y descubrimientos tienen vigencia en la actualidad.

Expansión de la Revolución Industrial

La Revolución industrial, que comenzó en Inglaterra, se extendió más tarde por otros países a medida que estos contaron con los requisitos necesarios.

Francia:
Después de Inglaterra, el siguiente país que inició la Revolución Industrial fue Francia. A finales del siglo XVIII, este país vivía casi exclusivamente de la agricultura, pues el comercio estaba frenado por los altos impuestos. Pero, a comienzos del siglo XIX, bajo la influencia inglesa, comenzaron a aparecer las primeras máquinas. De manera semejante a lo que ocurrió en Inglaterra, el proceso fue lento en un principio, no era fácil hacer la transición de una economía tradicional a otra dinámica, industrial y comercial. Sin embargo, el proceso de industrialización francés se benefició gracias a la Revolución Francesa, porque a partir de esta, quedó mucha mano de obra libre la cual fue empleada en las fábricas. Además, Napoleón, como un político visionario, se preocupó por fortalecer el proceso de industrialización.

Alemania:
En este país la Revolución Industrial comenzó hacia la década de 1840. En ésta época, Alemania no era un país unificado, estaba conformado por 36 estados, y su economía todavía se basaba en la explotación de la tierra. Para dar paso a la industrialización fue necesario decretar la abolición de la servidumbre entre 1807 y 1811; de esta manera se liberó mano de obra para el trabajo en las fábricas. A continuación se llevó a cabo la unión aduanera, apertura de las fronteras entre los 36 estados, lo cual recibió el nombre de Zolverein. En 1835 empezó a funcionar el primer ferrocarril, y en 1850 había 6.000 kilómetros de vía férrea. Más tarde, los recursos industriales, la capacidad técnica y, sobre todo, la creación del Imperio alemán (1871), convirtieron al país en una gran potencia industrial.

Estados Unidos:
En Norteamérica las primeras máquinas entraron hacia 1780. Las mercancías que provenían de Inglaterra eran buenas y baratas, por lo cual los estadounidenses las preferían antes que a las de producción nacional. Por esta razón, muchas fábricas cerraron, de manera que el desarrollo industrial de este país fue lento en un comienzo. Pero, posteriormente a la década de 1820, se inició el despegue industrial, de manera especial en los estados del norte, mientras que en los estados del sur continuaron desarrollando una economía agraria utilizando mano de obra esclava para la explotación de la tierra.

Japón:
A partir de la revolución Meiji (1868), Japón entró en un proceso de modernización que incluyó la Revolución industrial.

Fuente: Mijailov, M.I. “La Revolución Industrial”. 1978. Contextos Sociales.

 
 
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