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Revolución Francesa: Inicios

 
 

Asamblea de Notables

Para hacer frente a los graves problemas económicos y sociales por los que atravesaba Francia, el rey Luis XVI reunió la Asamblea de Notables (asamblea consultiva conformada por representantes de la nobleza y el clero), con el fin de encontrar una solución. Durante la asamblea se planteó que la única manera de salvar a la monarquía de la bancarrota era a través del aumento de impuestos, los que, a partir de ese momento, también se cobrarían a la nobleza y al clero. Como era de esperarse, estos se rehusaron a aceptar esta reforma fiscal.

Convocatoria de los Estados Generales

Ante esta situación, el 5 de mayo de 1789, el rey se vio obligado a convocar a los Estados Generales en el Palacio de Versalles, que no se reunían desde 1614 (hace 175 años), representados por los tres estamentos que conformaban la sociedad francesa (nobleza, clero y estado llano). Compuestos por 1.139 diputados (270 de la nobleza, 291 del clero y 578 del Tercer Estado), el número de representantes del Estado Llano era casi igual al de los otros dos estamentos juntos.

Con la convocatoria de dichos Estados, se pretende frenar la crisis que sufre la monarquía absoluta francesa y cuyos factores son la creciente demanda de reformas políticas, la coyuntura económica negativa que sume a las clases urbanas populares y a los campesinos en la carestía y la miseria, y la llamada "revuelta de los privilegiados" que lidera principalmente la nobleza de toga de los Parlamentos (tribunales de justicia), que se opone a las reformas fiscales de los sucesivos ministros de Hacienda del rey, que buscan acabar con el caos del fisco estatal.

Tradicionalmente, cada estado tenía derecho a emitir sólo un voto, lo que siempre ponía en desventaja al estado llano. Pero, en esta ocasión, los representantes del Tercer Estado exigieron que el voto fuera individual. Como la nobleza y el clero se negaron a cumplir con esta exigencia, los diputados del Tercer Estado decidieron abandonar la asamblea y, el 17 de junio de 1789, se declararon constituidos en Asamblea Nacional. El 19, el clero votó por la reunión. Esto era ya una revolución, puesto que la constitución de los Estados Generales no podía ser legalmente modificada  más que con el consentimento de la nobleza y el rey.

El 20 de junio, el Tercer Estado encontró la cámara cerrada y se le anució que Luis XVI vendría a presidir una sesión real. El Tercer Estado reunido en un salón del Juego de la Pelota, 
del Palacio de Versalles, presentó juramento de  no separase hasta darle a Francia una constitución. Este compromiso de unión realizado entre los 577 diputados del tercer estado y al que se le unieron representantes del clero, se conoce como el Juramento del Juego de la Pelota.


Sala del Juego de la Pelota en el Palacio de Versalles, Francia.

Asamblea Nacional Constituyente

Como la principal medida que se habían propuesto los diputados del tercer estado era elaborar una constitución, el 9 de julio de 1789 cambiaron el nombre de Asamblea Nacional, por el de “Asamblea Nacional Constituyente”. La elaboración de una constitución significaba el fin del absolutismo, ya que convertiría a Francia en una monarquía constitucional. Es decir, el rey ya no podría actuar solo, sino que estaría limitado por el poder de una cámara de representantes elegidos por el pueblo. 
El 11 de julio, por considerarlo responsable de la escalada revolucionaria en el país, Luis XVI destituye a Jacques Necker, director general de Finanzas y ministro de Estado estimado por el pueblo por sus intentos reformistas, y nombra en su lugar a Louis Charles Auguste Le Tonnelier, barón de Breteuil.


Ademas de ello, Luis XVI quiso disolver la Asamblea, pero el pueblo de París –apoyando a los constituyentes- se amotinó y, el 14 de julio de 1789, asaltó la Bastilla, prisión más famosa de Francia que simbolizaba la autoridad del Antiguo Régimen.

 Asamblea Constituyente

La Toma de la Bastilla

La Bastilla era una poderosa fortaleza que dominaba los barrios populares del este de París, símbolo de la autoridad  arbitraria de la monarquía absoluta. En su origen se construyó como una fortificación contra los ingleses, durante la guerra de los cien años, pero Richelieu (cardenal de la iglesia católica) la convirtió en prisión del Estado. Entre sus paredes pasaron algún tiempo pensadores como Voltaire, Diderot y el marqués de Sade; y todo aquel que desagradara al rey o a su corte.

 La Bastilla

En la mañana del martes 14 de julio de 1789, el pueblo parisino se toma la Bastilla, que custodiaba a siete prisioneros, tras cuatro horas de combate. Los atacantes buscaban principalmente apoderarse de las armas y municiones que allí se almacenaban. Aunque la guarnición de la cárcel se defendió, matando a un centenar de asaltantes, terminó fácilmente por rendirse ante casi el millón de parisinos que atacaban quienes se apoderaron de 30.000 fusiles. A tres oficiales y tres soldados se les dio muerte. La guarnición de la Bastilla fue apresada y llevada al ayuntamiento de París, aunque algunos fueron asesinados en su camino, como El gobernador, el marqués Bernard-René Jordan de Launay, comandante de la guardia carcelaria quien fue apuñaleado con bayonetas y luego recibe un balazo. Después de su muerte su cabeza es aserrada por un carnicero. Esta se clava en una pica, y se exhibe por las calles de París. La Bastilla fue demolida durante la revolución. Este día, 14 de julio –día de la Bastilla – se celebra como fiesta nacional en Francia.

 Toma de la Bastilla

Ignorando la caída de la Bastilla, Luis XVI ese mismo día en horas de la tarde, dio orden a sus tropas de evacuar la capital. La insurrección parisina se extendió por toda Francia, el pueblo se organizó en municipios para conseguir un propósito de autogobierno y crearon cuerpos de guardias nacionales para su propia defensa, de acuerdo al principio de soberanía nacional. En las áreas rurales, frente a la resistencia de la nobleza que se negaba a perder su poder local, muchas fincas y castillos fueron quemados.

La caída de la Bastilla en manos de los revolucionarios parisinos supuso simbólicamente el fin del Antiguo Régimen y el punto inicial de la Revolución francesa.