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Nacionalismo

 
 

La creación de una comunidad consanguínea”

El concepto de nacionalismo se basa en la creencia en que existen características que distinguen un grupo de personas de otro. La palabra procede del latín natio, que significa «lugar de nacimiento», de ahí surge la idea de un grupo tribal o social basado en una consanguinidad real o imaginaria. El nacionalismo es el principio político que afirma que las poblaciones con características nacionales comunes deben tener libertad para organizarse en estados soberanos e independientes. El nacionalismo moderno se remonta al siglo XVIII, uno de sus más grandes impulsadores fue el filósofo alemán Johann Gottfried von Herder (1744-1803)

 Johann Gottfried von Herder

“Lo que ha echado raíces en una nación, lo que un pueblo aprecia y reconoce, ¿cómo no va a ser verdadero? ¿Quién podría dudarlo? El lenguaje, las leyes, la educación, la manera cotidiana de vivir, todo lo consolida e insiste en lo mismo. Aquel que no comparta la locura nacional es un idiota, un enemigo, un hereje, un extranjero”. Párrafo de la Carta 46 de las Cartas para el progreso de la humanidad. 1794.

Pronto se puso de moda afirmar que la identidad nacional era el resultado de una combinación de elementos como el origen étnico común, una experiencia histórica y cultural común, y un idioma común. La tendencia emocional al nacionalismo fue en parte una reacción contra la insistencia de los filósofos de la Ilustración en la universalidad de toda experiencia humana y su menosprecio de los acontecimientos históricos locales. Los intentos de Napoleón por someter toda Europa a la hegemonía francesa instigaron el desarrollo de la oposición nacionalista en los demás países.

El “idioma” ha sido con frecuencia un elemento crucial en la formación del sentimiento nacionalista. La nacionalidad inglesa no pudo existir hasta que el idioma anglosajón se combinó con el francés normando, dando origen al idioma inglés; tampoco hubo nacionalidad francesa hasta que se produjo una fusión similar entre el franco-germánico y el latín, de la que surgió el francés. La “religión” puede que no ocupe el lugar preponderante en la formación de la identidad nacional, pero desde luego forma parte de la mezcla. El auge del sentimiento nacional en Europa coincidió con la Reforma religiosa, que acabó con el predominio del latín y fomentó el uso de lenguas vernáculas. Los grandes reformadores protestantes: Martín Lutero (1483-1546) en Alemania, John Knox (1514-1572) en Escocia y Juan Calvino (1509-1564) en Francia, utilizaron sin reparos argumentos nacionalistas.

    
   Martín Lutero                                                         John Knox                                                              Juan Calvino

Los diversos componentes del nacionalismo hacen que los habitantes de un estado tengan la sensación de ser especiales; de este modo, el nacionalismo puede fomentar sentimientos de superioridad y en casos extremos generar chauvinismo, xenofobia y militarismo. No cabe duda  que ha provocado guerras y, por esta razón, también ha tenido grandes contradictores, entre muchos Albert Einstein quien decía: “El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad”.

A continuación, una reseña de las expresiones más representativas de los nacionalismos modernos.

Nacionalismo Revolucionario en  Francia

«Mi país es el mundo y toda la humanidad es mi hermana», declaró el gran ensayista del siglo XVIII Thomas Paine (1737-1809). En una línea similar, Jean Jacques Rousseau comentó: «Ya no existen franceses, españoles, alemanes, y ni siquiera ingleses; sólo existen europeos.» Lo dijeron justo antes de que la Revolución francesa de 1789 ahogara el impulso universalista del racionalismo y la Ilustración en un torrente de nacionalismo popular.

 

El nacionalismo francés era una emoción poderosa porque llevaba implícita la idea insistente de que la revolución era la expresión de la voluntad del pueblo. Que se llamara Asamblea Nacional al nuevo parlamento revolucionario que sustituyó a los viejos Estados Generales fue un síntoma de los pujantes sentimientos nacionalistas. La grande armée (gran ejército) de la Francia revolucionaria, formada mediante levas masivas, fue el primer ejército de la historia de Europa que se aproximó al ideal de un ejército popular. La Revolución francesa dio origen a muchos y potentes símbolos del nacionalismo: la bandera nacional (la tricolor), el himno nacional (la Marsellesa) y las fiestas nacionales.

La Unificación Nacional de Alemania

Otto von Bismarck (1815-1898), el arquitecto de la unificación alemana, fue un gran practicante de la realpolitik (política real), la política considerada como «el arte de lo posible». Según él, los grandes asuntos de Estado no se resuelven soltando discursos y por decisión de las mayorías, sino a base de «hierro y sangre». La guerra fue el instrumento de las ambiciones nacionalistas de Bismarck.

 Otto von Bismarck

Su mayor logro fue la unión de los numerosos principados de Alemania bajo la hegemonía prusiana en la Confederación de la Alemania del Norte (1867). La nueva confederación era la expresión de un nacionalismo reprimido. Se logró derrotando a Austria en la guerra (1866), con lo que se puso fin a la Confederación Alemana dominada por Austria, que se había formado en 1815. Bismarck describía la nueva federación como «la pequeña Alemania», pero de ningún modo era pequeña. En 1864, las tropas prusianas ya habían ganado Schleswig-Holstein para la federación. Y después de derrotar a Francia en 1870, Bismarck añadió Alsacia - Lorena a sus dominios, de modo que cuando se proclamó el Imperio alemán en 1871 no cabía duda de que constituía la mayor potencia de la Europa continental.


 

Irredentismo en Italia

El  irredentismo es una corriente política que propugna la anexión de un territorio considerado como parte de su nación aunque no esté dentro de su espacio geográfico, pero se considera propio por motivos culturales, históricos, lingüísticos, raciales o de otro tipo. Este movimiento surgió en Italia, poco antes de 1880 para recuperar los «territorios perdidos» de Trentino, Istria y el sur del Tirol, incorporados dentro del Imperio Austro-húngaro. En realidad, esta campaña fue la última fase del risorgimento, siendo una lucha nacionalista dirigida por Camillo Cavour (1810-1861) y Giuseppe Garibaldi (1807-1882), que expulsó de Italia a los ocupantes austríacos y unificó el reino en 1861, con Víctor Manuel II de Cerdeña como rey de Italia.

  
Camillo Benso, conde de Cavour                                Giuseppe Garibaldi                           Víctor Manuel II rey de Italia

Venecia fue absorbida por el reino en 1866 y Roma en 1870, pero el risorgimento no se completó hasta el hundimiento del imperio austrohúngaro en la primera guerra mundial y la recuperación de los «territorios perdidos» con el tratado de Saint Germain en 1919. El irredentismo era una forma diluida de una tendencia nacionalista más pura. El término se utiliza para referirse a cualquier campaña similar a la italiana, como en la guerra francoprusiana de 1870, donde Alemania arrebató Alsacia-Lorena a Francia, considerando que así recuperaba una provincia que era alemana en la Edad Media.

La Autonomía Irlandesa

En ninguna parte se aprecia mejor que en Irlanda el papel que la religión puede desempeñar como “levadura del pastel nacionalista”. La conquista y colonización de la católica Irlanda por protestantes ingleses y escoceses en los siglos XVI y XVII, y el sometimiento al dominio de terratenientes protestantes, culminaron en la anexión de este país, a el reino de Gran Bretaña (Escocia e Inglaterra) en 1800, formando el “Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda”. La unión fue facilitada por la decisión del Parlamento Irlandés con un tratado llamado “Acta de Unión”. Una parte de este tratado sería la emancipación católica, pero esta condición fue bloqueada por  el rey Jorge III.

La anexión dio lugar a una larga campaña por la independencia que dominó la política irlandesa en el siglo XIX. Los asuntos económicos, en especial el hambre que sufría el país,también tenían importancia, pero fue la división religiosa lo que aportó pasión a la lucha. Varias generaciones de líderes promovieron campañas para el establecimiento de un gobierno local en Irlanda. Daniel O’Connell logró forzar al gobierno británico a garantizar la emancipación católica en 1829; y casi un siglo después, entre 1919 y 1921,  tuvo lugar una guerra anglo-irlandesa que finalizó con la división de la isla, en una nación irlandesa independiente al sur con mayoría católica, y una provincia del Reino Unido al norte con mayoría protestante.

Esta división jamás ha dejado satisfechos a los nacionalistas. En la lucha por una Irlanda unida participan el partido nacionalista Sinn Fein («Nosotros solos») y la organización terrorista IRA (Ejército Republicano Irlandés).

Pan-nacionalismo

Un potente ingrediente del romanticismo político de comienzos del siglo XIX fue la creencia en que los pueblos de diferentes nacionalidades que hablaran idiomas emparentados estaban unidos en una familia supranacional. Esta idea dio origen a una serie de movimientos cuyos nombres empezaban por el prefijo pan («todo» en griego): pan-helenismo, pan-hispanismo, pan-africanismo, pan-americanismo, pan-eslavismo, pan-germanismo, pan-turquismo, pan-islamismo, etc.

Uno de los más importantes fue el paneslavismo que pretendía unir a todos los pueblos eslavos, y fue utilizado por los nacionalistas balcánicos para ganarse el apoyo de Rusia en sus esfuerzos por librarse de los yugos turco y austrohúngaro. A partir de 1945, la «misión paneslavista» de Rusia sirvió para maquillar la imposición del comunismo en Europa oriental.

 
El apoyo del novelista ruso Fiódor Dostoievski (1821-1881) al paneslavismo era una consecuencia de su actitud xenófoba, que también se manifestaba en la antipatía que sentía por los extranjeros residentes en Rusia, incluyendo alemanes y judíos.

Así mismo, el «pangermanismo» fue utilizado por los nazis para justificar la absorción de Austria y la provincia checoslovaca de los Sudetes (cadena montañosa de Europa oriental) por el tercer Reich. La idea del panafricanismo, también desempeñó una función retórica en las recientes luchas de liberación contra el colonialismo.

Separatismo 

En 1918, el presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson (1856-1924) expuso sus «Catorce puntos» en la conferencia de paz de París. En uno de los primeros puestos de la lista estaba el principio de que todo pueblo tiene derecho a la autodeterminación. No todos los tratados que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial aceptaban este ideal, pero desde entonces ha inspirado movimientos separatistas en todo el mundo, que aspiran la autonomía respecto a la institución política bajo la que están sometidos.

El separatismo se puede definir como un movimiento regional que tiene sus razones políticas, étnicas, lingüísticas, culturales, religiosas, sexistas o demás, para independizarse de un estado federal o nacional. Estos movimientos  han encontrado tierra fértil en Escocia, en la provincia canadiense de Quebec, en el País Vasco, en Cataluña, en Bélgica, entre muchos. Los gobiernos centrales ofrecen una tenaz resistencia a las campañas separatistas, aun cuando éstas exijan el final de un sometimiento que en algunos casos fue impuesto por la fuerza de las armas. Ninguno de estos movimientos ha logrado sus objetivos.

Dentro de la federación canadiense, la provincia de Quebec, francófona y mayoritariamente católica, tiene Iglesia propia y sus propios sistemas legal y educativo. Es territorialmente la provincia más grande de Canadá y cuenta con una población que supera los 8 millones de habitantes. Por su idioma, su cultura y sus instituciones, forma una “nación dentro de Canadá”

 
Mapa Político de Canadá

Sionismo

El sionismo, cuyo nombre se deriva del monte Sión de Jerusalén, fue un movimiento fundado por Theodor Herzl (1860-1904), que en 1897 organizó en Basilea (Suiza) el Primer Congreso Sionista Mundial para abogar por la creación de una nación judía independiente en Palestina. El sionismo era enemigo del «asimilacionismo», doctrina que sostenía que los judíos debían seguir su destino en la nación en la que vivieran. El movimiento sionista ganó fuerza coincidiendo con el avance del antisemitismo en Europa, en las primeras décadas del siglo XX.

 Theodor Herzl 

El sionismo despreciaba la visión liberal de los judíos como un mero grupo étnico. Herzl sostenía que los judíos poseían una identidad cultural histórica que los convertía, utilizando terminología alemana, en un Volko «nación racial», con derecho a su patria bíblica de Palestina, perdida tanto tiempo atrás. El sionismo se presentaba como la correa capaz de sujetar al monstruo del antisemitismo. Se argumentaba que la creación de un Estado judío independiente conseguiría que los judíos se ganaran el respeto de los no judíos, con el argumento de que Palestina era «una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra». La creación del Estado de Israel en 1948 desplazó de sus hogares a cientos de miles de árabes palestinos y dio origen a la lucha nacionalista palestina, dirigida por Yasir Arafat (1929-2004) y la OLP (Organización para la Liberación de Palestina). Todavía no se ha cumplido el objetivo sionista de construir un Estado seguro para los judíos; y tampoco se ha logrado su segundo gran objetivo: reunir en dicho Estado a la mayoría de los judíos del mundo.



 

Fuente: STEWART, Robert. Ideas que transformaron el mundo. 1997.

 
 
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