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Los Australopithecus

 
 

Evolución de los Australopithecus

Los Australopithecus habitaron en el oriente de África hace unos cuatro o cinco millones de años. Éstos pueden ser considerados nuestros antepasados, pero también nuestros primos porque de ellos evolucionaron varios géneros, entre ellos el Homo.

El sudafricano Raymorid Dart llamó australopitecos («mono meridional») a los seres extinguidos cuyos restos encontró por primera vez en 1924 en su patria. La mayor parte de los monos meridionales se adscriben hoy al macizo Australopithecus robustus o al más esbelto Australopithecus africanus.

 Taung cráneo y Raymond Dart (1893-1988)

Desde los primeros hallazgos de australopithecos por Dart, los investigadores reunieron los restos fósiles de más de 400 individuos de este más antiguo género de la familia Homo. Dart y sus colegas encontraron cráneos, dientes y otros huesos de «monos meridionales», con una edad de dos a tres millones de años, en otros cuatro lugares sudafricanos.

Louis y Mary Leakey excavaron en el desfiladero de Olduvai, Tanzania, el primer cráneo de australopiteco de 1,75 millones de años, de toda una serie de diversas antigüeda­des, en 1959, y lo llamaron, en principio, Zinjanthropus («hombre del Zinj, region de África»): se trataba de un ser, probablemente macho, con una ancha y ruda cara y dientes enormes que le proporcionaron el mote de «hombre cascanueces» (con una edad de cerca de dos millones de años). Mary Leakey descubrió a principios de 1978, en la aldea de Laetoli (Tanzania), las huellas petrificadas, de casi cuatro millones de años de edad, de un ser de marcha erguida, de aproximadamente 1,20 m de estatura, cuyo pie, bastante ancho, estaba dotado ya de dedos de aspecto humano.


El 17 de julio de 1959 hallaron el basto cráneo del "hombre cascanueces" Zinjanthropus, que parece ser un Australopithecus robustus

Los científicos se toparon también en el caso de los «monos meridionales» con una abundancia desconcer­tante de restos óseos. No ha de sorprender, pues, que entre los científicos se dirima una larga polémica sobre dónde hay que ordenar qué hallazgo. Después de muchas discusiones parece resultar una clasificación, según la cual hubo tres especies de «monos meridionales». La especie más antigua, el Australopithecus afarensis de Lucy, se desarrolló probablemente hace seis millones de años y ya caminaba muy bien erguida — según se desprende de los hallazgos en el triángulo de Afar— hace cuatro millones de años. Puede ser que los monos meridionales de Afar fueran descendientes de un grupo de ramapitecos todavía desconocido. Eran recolectores, de alimentación vegetariana, al parecer, pasaban las noches encaramados en los arboles. De ellos se desarrollaron otras especies: el ligero Australopitecus africanus, de cara pequeña, (alrede­dor de 3 y 2 millones de años a.C.), hallado en los yacimientos de cuevas sudafricanas, pero este últi­mo tiene una cara más robusta, inclinada hacia adelante, y unos dientes molares más grandes. Sus manos ya no sostenían el cuerpo, pudiendo empuñar piedras o bastones, su alimentación, vegetales y carne de animales cazados o hallados muertos; el más pesa­do Australopitecus robustus, también llamado Australopithecus boisei (el «mono meridional robusto», al que también se adscribe ahora el zinyanthropus, el «hombre cascanueces» de Leakey), la cara del Australopithecus robustus (entre 2 y 1 millón de años a.C.) tiene un perfil cóncavo, desarrollaron una potente dentadura y unas mandíbulas fuertes, arrugas en la frente, una cresta ósea en el extremo superior del cráneo, unida a unos músculos fuertes, y un cerebro más grande que el de los demás australopitecos, incluyendo el Australopithecus boisei (entre unos 2,7 y 1,7 millones de años a.C.), una especie igualmente robusta descubierta en África oriental.

Una compa­ración detallada de las especies muestra que existe una clara conexión entre ellas, y es posible que el Australopithecus afarensis sea un antepasado co­mún tanto del Australopithecus africanus grácil co­mo de las formas más robustas. Sin embargo, se ignora si alguno de estos marchadores erectos con cerebros pequeños pertenece a la línea evolutiva que conduce hasta los humanos modernos. Las tres especies de australopitecos tenían cerebros que, con sus 450 a 550 centímetros cúbicos de capacidad, no alcanzaban apenas un tercio del de los hombres modernos. El tipo grácil tenía la mejor rela­ción entre cerebro y peso corporal. El «mono meridio­nal robusto», de apenas 1,50 metros de estatura y 50 kg de peso, era vegetariano; su esbelto pariente (1,20 m, 25 kg) comía carne y fruta.

 
 
 
 
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