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Segunda Guerra Mundial: Desarrollo

 
 

La guerra relámpago: ofensiva alemana

El poderosísimo ejército alemán (la Wermacht) ocupó rápidamente toda Polonia, que desapareció repartida entre Alemania y la Unión Soviética por el acuerdo de agosto. Este país se aprovechó del des­concierto mundial para ocupar (sin ninguna justifi­cación, ni solicitud revolucionaria interna) las repú­blicas de Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania.


Guerra Relampago

Tras aplastar la resistencia polaca, Alemania se aprestó a vencer a sus enemigos occidentales. En la primavera de 1940, Hitler inició la guerra relámpago: ataques rápidos por sorpresa. Repitiendo su táctica de ataques por sorpresa y acciones combinadas de las panzers (unidades de tanques blindados), la aviación y la infantería. El ejército aleman invadió los países neutrales de Dinamarca y Noruega el 9 de abril de 1940 en la operación Weserübung bajo las órdenes del general Nikolaus von Falkenhorst violando su neutralidad y sorprendiendo a todo el mundo para controlar los accesos al mar del Norte y evitar que por el mismo motivo las potencias aliadas intenten invadir ambos países. Dinamarca es ocupada en 48 horas sin que se produzcan combates, mientras la penetración en Noruega se efectúa mediante desembarcos en Oslo, Kristiansand, Bergen, Trondheim y Narvik. Con este ataque por sorpresa, logra el control de varios sitios estratégicos de la costa noruega. En junio, la resistencia noruega será anecdótica por lo que el país caerá definitivamente en manos alemanas. En mayo invaden Holanda, Bélgica y Luxemburgo. La ofensiva ale­mana tendía un cerco a Francia y cerraba a Gran Bretaña el acceso al continente.


Ofensiva alemana

El mayor éxito alemán fue la victoria sobre Francia. Mientras los franceses se escudaban tras fortificaciones construidas junto a la frontera con Ale­mania (la línea Maginot), Hitler atacó desde Bélgica. A diferencia de 1914, en 1940 la resistencia se derrumbó. Francia pidió el armisticio y un régimen colaboracionista, dirigido por el anciano mariscal Philippe Pétain (héroe de la Primera Guerra Mundial), se instaló en Vichy (22 de mayo), ya que París estaba ocupado por los alemanes. Las costas atlánticas y del Canal de la Mancha fueron ocupadas y administradas por este país, en tanto que el centro y sur formaban una Francia diezmada y cola­boradora de Alemania, pero conservaba el imperio colonial francés bajo el gobierno de Vichy, así lla­mado por fijar la capital en esa ciudad. Muchos franceses rehusaron someterse y lucharon clandes­tinamente en suelo patrio o se unieron al general Charles De Gaulle, quien organizó en Gran Bretaña los grupos de Resistencia de la "Francia Libre".


Antes de dirigirse a París, para realizar su visita relámpago, Hitler hizo una parada en Soissons. En la foto aparece Hitler, el arquitecto Albert Espeer (izquierda) y el escultor Arno Breker el 23 de junio de 1940 posando frente a la torre Eiffelde París.

Tras la derrota de Francia, Alemania se concentró en la batalla aérea de Inglaterra, único contendiente que no había sido vencido. Los primeros ataques se concentran en los muelles de la urbe londinense, en el East End, a lo largo del río, donde la densidad de población es muy elevada. El daño fue grave, con la incursión del 7 de septiembre de 1940; alrededor de 300 bombarderos alemanes asuelan la ciudad durante más de hora y media arrojando su mortal carga de bombas. Toda la zona del Docklands se encuentra en llamas con cientos de incendios iluminando el cielo. Cuando se hace de noche, el fuego se puede observar desde 20 km de distancia, y su luz sirve de guía a una segunda oleada de bombarderos alemanes que inician su ataque sobre las 19:30 h GMT. Los bombardeos nocturnos duran más de ocho horas, sobresaltando la ciudad con el estruendo ensordecedor de cientos de bombas que caen a tal ritmo que apenas existe pausa entre ellas. La defensa civil se ve obligada a trabajar toda la noche sin descanso, en medio de intensos bombardeos, rescatando sin cesar víctimas del fuego y los escombros. Mientras, en el aire, se llevan a cabo una serie de feroces combates aéreos con el resultado de 88 aviones alemanes derribados, 15 de ellos en el estuario del Támesis, por 22 aviones caídos de la RAF (Royal Air Force).

Inglaterra, sola frente a Alemania, resistió heroicamente bombardeos diarios de la aviación alemana y de los largos cañones que desde el conti­nente arrojaban bombas V-2. Toda la población civil de Londres y otras ciudades padeció tal acome­tida sin rendirse. En el Reino Unido se había formado un Gobierno de concentración dirigido por el primer ministro Winston Churchill, quien mantuvo unido al pueblo en aquel período, quizá el más difícil de la historia inglesa, en el que sólo hubo "lagrimas, sudor y sangre". Entre tanto, Italia entraba en la guerra. Las tropas italianas fueron enviadas por Mussolini a los Balcanes y con ayuda alemana ocuparon Yugoslavia y Grecia. Los regímenes dictatoriales de Eslovaquia, Hun­gría, Rumania y Bulgaria se aliaron con Alemania, que ocupó Yugoslavia, mientras Japón se apoderaba de las colonias europeas en Oriente. En África, fuerzas combinadas de Alemania e Italia, dirigidas por el mariscal Rommel, avanzaron desde la colonia italiana de Libia hacia el Canal de Suez; los ingleses los detuvieron con dificultad.

Foto de propaganda alemana en la que se muestra a un Heinkel He 111 sobrevolando Londres

En 1941, todo el continente europeo estaba dividido en dos grandes zonas sometidas a regímenes totalitarios: la oriental, controlada por la URSS, y el resto, en manos de las Potencias del Eje o de gobiernos simpatizantes. La democracia había sido casi erradicada del continente salvo en el Reino Unido, algunos países neutrales (Irlanda, Suecia y Suiza) y Finlandia, que estaba en guerra contra la URSS.

La invasión de la URSS

La decisión de Hitler de invadir la Unión Soviética a pesar del Pacto de No Agresión, en junio de 1941, fue un grave error táctico. Convencido de la inminencia de la rendición británica, Hitler creyó que la URSS se derrum­baría al primer asalto. Esperaba obtener de este modo acceso al petróleo del mar Caspio, e incluso pensaba en invadir Oriente Próximo y la India desde Asia Central.


Sin previa declaración de guerra y entusiasmado por los triunfos relámpagos, Hitler ordenó atacar a Rusia (22 de junio de 1941). En esta invasión, conocida como Operación Barbarroja, tres millones de soldados alemanes invadieron la URSS en un frente de más de seis mil kilómetros. Los soviéticos retrocedieron, y los alemanes avanzaron hasta cercar por el norte, Leningrado (anti­gua Petrogrado o San Petersburgo) y las inmediaciones de Moscú, pero el Tercer Reich había extendido los frentes más allá de sus capacidades logísticas. Al igual que ocurriera durante la invasión napoleónica, la meteorología se alió con los rusos, que movilizaron todos sus recursos. Asimismo, los tanques del Ejército Rojo frenaron el avance alemán en esta ciudad, que vivió en conti­nuo asedio hasta el 27 de enero de 1944.

 Operación Barbarroja

La brutalidad de la ocupación alemana (en especial, de las tropas de las SS), que consideraban a los eslavos "infrahombres", impidió a los nazis aprovechar el descontento de muchos soviéticos contra la dictadura estalinista. Por ello, se formaron varios grupos armados de oposición a la ocupación alemana en Estonia, Lituania, Letonia, Ucrania y Bielorrusia. Al finalizar 1941, Alemania e Italia triunfaban en Europa y el conflicto se hacía mundial al intervenir Japón y Estados Unidos.

La ofensiva japonesa en el Pacífico y la intervención de Estados Unidos

El gobierno del presidente Roosevelt venía ayudan­do a Gran Bretaña en su lucha contra Alemania, mediante el suministro de víveres y armas. El 14 de agosto de 1941, el presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, y el primer ministro del Reino Unido, Winston Churchill, reunidos en aguas de la bahía de Placentia, al sudoeste de Terranova, proponen en un documento denominado "Carta del Atlántico" una serie de principios para la colaboración internacional con el objetivo de mantener la paz y la seguridad, lo cual revela­ba el compromiso mutuo de ambos gobiernos, pese a la declarada neutralidad de los Estados Unidos. Igualmente, China recibía ayuda norteamericana en la lucha que sostenía contra la invasión japonesa, lo cual hizo más críticas las relaciones entre los gobiernos de Washington y Tokio.

El 7 de diciembre de 1941, el gobierno del primer ministro Tojo satisfizo su afán militarista y expansionista. Sin declaración de guerra previa, oleadas de aviones japoneses cazas, bombarderos y torpederos atacan la base aérea y naval de Pearl Harbor, en la isla de Oahu (Hawái), destruyendo la flota norteamericana amarrada en puerto. Más de dos mil militares y muchos civiles estadounidenses mueren o sufren graves heridas en el ataque. Además se producen cuantiosas pérdidas entre las naves atracadas. La agresión provocará la entrada de EE.UU. en la contienda al lado de los aliados. El sorpresivo ataque indignó a la opinión pública; el Congreso de los Estados Unidos declaró que existía un estado de guerra contra el Japón. Gran Bretaña también declaró la guerra a Japón, mientras Alema­nia e Italia se la declaraban a Estados Unidos. Va­rios países de América Latina también entraron en el conflicto, colaborando con los aliados. Sin duda, la guerra ya era mundial.


Atque a Pear Harbor, 1941

Los japoneses ocuparon las colonias británicas, francesas, holandesas y norteamericanas. Con extraordinario armamento y sorpresivos ataques, se adueñaron del archipiélago de Indonesia, la Indochina francesa, Thailandia y las colonias inglesas de Birmania y Malaca, así como las Filipinas, Guam y otras islas norteamericanas. Hacia media­dos de 1942, la expansión japonesa llegaba hasta la mitad del Pacífico y amenazaba tomar a Australia. Los japoneses lanzaron ofensivas y llegaron a controlar buena parte del Pacífico. La toma de la base estratégica de Singapur, en 1942, supuso un durísimo golpe para los británicos, quienes vieron peligrar su imperio en India. Muchos pueblos colonizados vieron en esta derrota el principio del fin del dominio europeo en Asia.

La contraofensiva de los aliados

La batalla de Stalingrado

El 23 de agosto de 1942, el ejército alemán se acercó a la ciudad de Stalingrado. Ese mismo día la ciudad fue bombardeada masivamente durante muchas horas. Según los testigos, el cielo estaba negro de tantos aviones. Más de 40 mil de personas murieron ese día y 80 mil resultaron heridas o quemadas. La mitad de la ciudad fue destruida, las llamas subían por cientos de metros en el aire y el río Volga, cubierto de petróleo, ardía.

La decisiva batalla de Stalingrado, entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943, fue uno de los hitos más importantes de la Segunda Guerra Mundial. Más, a partir de ese momento, al que se sumó más tarde la batalla de miles de tanques y tropas rusas en Kursk, signó la derrota definitiva de Alemania, que empezó a retroceder hasta quedar apretada en su propio territorio.


En Rusia, los alemanes cometieron el mismo error de los que en siglos anteriores pretendieron dominarla: olvidarse del inmenso espacio ruso y del crudo invierno. Así, en el invierno de 1942 los rusos lograron rechazar a los alemanes en el frente de Stalingrado. En 1942, el Tercer Reich, en el apogeo de su poderío, dominaba un territo­rio muy extenso, pero sus tropas luchaban desde África hasta el Volga. La entrada de Estados Unidos en el conflicto hizo impensable un rápido final. El 2 de febrero de 1943, concluye definitivamente la batalla de Stalingrado con la capitulación de las tropas alemanas cercadas en la zona norte de la ciudad, mandadas por el general Karl Strecker, ante las tropas soviéticas que encabezan los mariscales Konstantin Rokkossovsky y Andrey Yeremenko; la derrota alemana en manos de los soviéticos significa el primer revés que recibe la hasta entonces invencible Wehrmacht y también un viraje decisivo en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.


Soldados rusos en las trincheras.  El invierno es el aliado más importante para la URSS de Stalin

En el frente egipcio, el general Montgomery al comando de las fuerzas inglesas, logró salvar el Canal de Suez, venciendo a Rommel en la batalla de El Alamein (noviembre de 1942). Por la misma fecha tuvo lugar un desembarco norteamericano, dirigido por el general Eisenhower, en Argelia, colonia francesa. Todas las colo­nias francesas de África se unieron a los aliados y Rommel se vio cercado en Egipto.

El desembarco de Sicilia

Del norte de África, los aliados pasaron a Italia. En 1943, tropas aliadas desembarcaron en Sicilia y comenzaron la invasión de Italia. El régimen fascista de Mussolini se derrumbó e Italia pidió la paz (septiembre de 1943), el Duce fue arrestado e Italia pidió el armisticio. Pero los nazis intervinieron, entablando batalla en Monte Cassino, deteniendo el avance angloame­ricano y liberando a Mussolini. Éste fundaría una república fascista en el norte de Italia que resistiría hasta el final de la guerra, tras las líneas de defensa alemanas. 
Finalmente, los aliados victoriosos pudieron entrar en Roma (junio de 1944). Mussoli­ni, que había sido liberado por los alemanes, no logró salir de Italia.

Desembarco anfibio en las playas de Sicilia. Soldados norteamericanos.

El 28 de abril de 1945, el ex dictador y líder de la República Social italiana, Benito Mussolini, y su amante, Claretta Petacci, capturados en la localidad de Dongo por las fuerzas partisanas italianas cuando pretendían, por todos los medios, huir a Suiza, mueren ametrallados en Giulino de Mezzegra (Italia) por orden del Comité de Liberación Nacional a través de Walter Audisio, apodado "coronel Valerio", miembro comunista de la resistencia, cuando teóricamente éste les estaba trasladando en auto a Milán. Poco después, en Dongo, son fusilados los integrantes del Gobierno de la República Social italiana también capturados con Mussolini, entre los que destacan Alessandro Pavolini, secretario general del Partido Fascista, y Fernando Mezzasoma, Paolo Zerbino y Augusto Liverani, ministros de Cultura Popular, Interior y Comunicaciones respectivamente. Todos los cadáveres, colgados de los pies, son expuestos en la piazza le Loreto de Milán y escarnecidos y agredidos públicamente.


Mussolini es finalmente ejecutado el 28 de abril de 1945 junto a su amante, Claretta Petacci. El cuerpo de Mussolini será posteriormente trasladado a Milán donde será expuesto públicamente colgado boca abajo de la estructura de una gasolinera. Allí el cuerpo ya sin vida de Mussolini, su amante y otros fascistas, será sometido a golpes y todo tipo de vejaciones, de tal manera que los cuerpos son apenas reconocibles. Mussolini es el segundo cuerpo empezando por la izquierda.

 
 
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