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Mayas: Organización social

 
 

La sociedad maya

A principios del período preclásico, los mayas habían avanzado en una organización social basada en el clan como unidad social. Para pertenecer a un mismo clan, to­dos los miembros debían identificar­se con un mismo antepasado de ca­rácter mítico, que en muchos casos era un animal.

Es muy probable que el origen de muchos apellidos del Yucatán tengan su origen en esta norma Chan (Serpien­te), May (Venadillo). Uk (Piojo), y Balam (Tigre), entre otros. La jerarquización de la sociedad su­maba varias estratificaciones de carácter piramidal, estando en el ex­tremo superior una casta gobernante y los sacerdotes encargados de los ri­tuales y ceremonias.

Como todas las sociedades prehispánicas, la maya había estructurado una definida relación social entre sus integrantes, basada en una detallada jerarquización. Nobles, sacerdotes y guerreros conformaban una elite que dominaba los aspectos centrales de la administración, la guerra, el saber y el culto, mientras la mayor parte de la población se ocupaba de las tareas productivas, tanto agrarias como artesanales. Una legión de esclavos se hallaba en el último escalón de la sociedad, mientras que a su cabeza se erguía la figura del jefe supremo, único que tenía una pareja relación con hombres y divinidades.

Una sociedad jerarquizada


Pintura mural de dignatarios mayas en Bonampak, Chiapas, México.

Estructurada en clases con específicas funciones políticas, religiosas y económicas, la sociedad maya estaba atravesada por una escalonada condición social en cuya cumbre estaban los sectores privilegiados y en la base el campesinado y los esclavos. Además, las clases estaban divididas en castas relacionadas tanto a la actividad desarrollada así como también al parentesco, dado que la mayor cercanía con algún ancestro fundador otorgaba privilegios.

La clase dominante estaba integrada por los "mehenob" un equivalente maya del noble o del señor español. Pertenecientes a las familias reinantes, en su rama familiar exhibían una relación directa con los pioneros invasores del territorio y fundadores de la civilización maya.

A la cabeza de cada ciudad-Estado maya se hallaba el jefe supremo o "Gran Señor", Halach Uinic (hombre verdadero). Era el soberano absoluto, la máxima autoridad política. Se encargaba de dictar leyes, administrar justicia y organizaba el comercio. Gobernaba asesorado por el Gran Consejo, integrado por los principales jefes de aldea y sacerdotes. Además, se consideraba un ser divinizado entre los morta­les, hacía de intermediario entre los dioses y los seres humanos. Vivía en un palacio rodeado de sirvientes y esclavos. Músicos, bailarines y una especie de bufones amenizaban sus momentos de esparcimiento. Ah cuch caboob: miembros del consejo asesor, estos siempre estaban acompañados por ayudantes mensajeros, los kuleloob.

 Elegante y colorido atuendo de un corpulento noble maya

La casta sacerdotal constituía la segunda en importancia jerárquica y su influencia era notoria en todos los aspectos de la sociedad. De hecho, era un sumo sacerdote quien secundaba al jefe supremo. El sumo sacerdote (Ahuacán) poseía los secretos de la ciencia astronómica, redactaba los códices -libros- y organizaba los templos. Por debajo de él estaban los ahkin, encargados de elaborar los discursos religiosos; los chilán o adivinos, y los ahmén, que eran los hechiceros/curanderos. Los sacerdotes eran la clase más culta, ya que sabían leer y organizaban el calendario mediante la astronomía y las matemáticas. Además, se dedicaban al estudio de la arquitectura.


Sacerdotes mayas vestidos con pieles de jaguar y adornados con plumas de quetzal, caminan gesticulando ante un enorme templo

Nobles y guerreros constituían un tercer sector de importancia. Los primeros haciendo de funcionarios y administradores de la ciu­dad-Estado. Los segundos, ocu­pados en la defensa y expansión. Los comerciantes mantenían estrecha relación con los sectores más acomo­dados y compartían buena parte de sus costumbres.

Los artesanos y los campesinos constituían la clase inferior, llamada ah chembal uinicoob. Ellos debían trabajar y además pagar tributos a los altos dignatarios civiles y religiosos. Por lo general, los campesinos se encontraban en las selvas, agrupados en pequeñas comunidades. Vivían a bastante distancia del centro de las ciudades, pero cerca de los terrenos de cultivo.

 Agricultores mayas

La mayor parte de la población maya estaba formada por el campesinado y los trabajadores urbanos, quienes debían pagar a sus gobernantes un tributo en trabajo o productos. Vivían de la agricultura y la caza. El pueblo se ocupaba de las más variadas y pesadas tareas productivas, como las agrícolas, la caza y la artesanía dirigi­da a la vida y que­haceres cotidianos. Pese a la distancia, iban periódicamente al centro urbano, donde compraban bienes traídos desde el exterior, que intercambiaban por alimentos y trabajo. En los meses en los que no trabajaban en las labores agrícolas, acudían a ejecutar las tareas encomendadas por los dirigentes. Su trabajo permitió la construcción de pirámides, templos, palacios y otros monumentos que caracterizan a sus centros urbanos. También asistían a ceremonias religiosas, efectuaban sacrificios personales y recibían la administración de justicia.

Las clases dirigentes

Nobleza maya

En la ciudad vivían los nobles, denominados ahau, de quienes salía la máxima autoridad política y los chama­nes más poderosos. Además de velar por el bie­nestar de su pueblo, los mayas creían que sus ahau les permitían comunicarse con los dioses. Los ahaucan o sacerdotes también hacían parte de los sectores más influyentes. Se consideraban de sangre y de sus integrantes salían los jefes para la guerra. Del Halach Uinic (jefe supremo) dependían los caciques o administradores de los centros subsidiarios, quie­nes a su vez ejercían autoridad en sus localidades, presidían las asambleas locales, mandaban los hombres a la guerra, adminis­traban justicia y hacían cumplir las disposiciones de los sacerdo­tes.

La autoridad del monarca era indiscutida y se lo consideraba como el intérprete de los dioses, además de ser el único mortal que podía servirles de nexo con los hombres y mujeres de la Tierra. Entre los mayas, era práctica común que los altos cargos políticos recayeran sobre los miembros de la nobleza local de cada una de las ciudades. De su seno se elegía un “Halach Uinic”, a la sazón, la mayor figura dirigente. Como todo monarca que se precie el “Halach Uinic” residía en un lujoso palacio, siempre rodeado de una nutrida corte de consejeros y asistentes, también ellos miembros de la nobleza o de la conducción militar. El cargo de monarca era hereditario y en algunas ciudades, como Palenque y Tikal, si no había descendencia masculina que tomara el trono, se le permitía hacerlo a las hijas. También era usual que un hermano mayor asumiera el poder. Como fuere, estas argucias permitían que el poder quedara siempre dentro del linaje principal.

El gobierno de los centros secundarios estaba en manos de los “Bataboob”, jefes de las aldeas, que cumplían funciones civiles, militares y religiosas. Eran los encargados de mantener los lazos y obligaciones entre los campesinos y el centro ceremonial, especialmente en lo referido al trabajo tributario y el servicio militar. Eran elegidos por el sumo sacerdote de entre los miembros de la nobleza. Los bataboob constituían la nobleza hereditaria o almehenoob. No pagaban impuestos y eran como una corte real. Los funcionarios menores también gozaban de privilegios mientras ejercían sus cargos, quienes administraban la justicia y ordenaban el cobro de tributos por parte de sus funcionarios. Además contaban con los “Tupilis”, guardianes quienes velaban por el orden público y el cumplimiento de las leyes. El jefe de la ciudad solía estar rodeado de una nutrida pléyade de servidores, quienes satisfacían los pedidos del monarca y de sus colaboradores, todos ellos exentos de trabajo físico.

Otra de las maneras en que los dirigentes mayas legaban para las generaciones futuras  la historia de su intervención en los asuntos públicos era por medio de “discos” conmemorativos. Esculpidos en piedra, representaban simbólicamente a las más altas jerarquías y a los acontecimientos más notables de sus reinados.

Disco maya

El consumo de alcohol y de algunas sus­tancias naturales que producían efectos alucinógenos era de exclusiva prerrogati­va de las clases dirigentes. De igual manera sucedía con el tabaco. En térmi­nos rituales, los mayas creían que estas sustancias permitían la comunicación con los dioses y con sus antepasados, una mediación reservada para los sacerdotes.


Reproducción de una talla del templo de Palenque, México, que figura a un sacerdote maya fumando en pipa

Los guerreros mayas

En tanto federación de ciudades-Estado, la civilización maya mantuvo una sólida estructura militar en cada una de sus administraciones más importantes, siendo frecuentes las rivalidades no sólo con pueblos vecinos, sino entre algunos integrantes de la propia federación. Los ejércitos estaban conformados por combatientes pagados, tanto en tiempos de paz como de guerra. Armados con arcos, flechas, hachas y lanzas, sus principales tácticas ofensivas fueron el ataque sorpresivo y la emboscada.

Los mayas y la guerra


Guerreros mayas en pleno combate. Reconstrucción de la sala de la guerra del templo de los Murales en el yacimiento de Bonampak

La estrategia militar que caracterizó a los mayas no fue, precisamente, de una sofisticada elaboración. Por el contrario, se limitaban a caer por sorpresa sobre sus enemigos o a tenderles emboscadas. En cualquiera de los dos casos, los mayas guardaban un especial silencio a la hora de los preparativos, pero una vez iniciada la operación recurrían a los gritos de guerra y al repicar de tambores, por lo general golpeando sobre caparazones de tortugas, para infundir temor entre sus enemigos. La indumentaria guerrera de los mayas tendía a causar un efec­to amenazador entre sus riva­les. Por lo general, los soldados de elite utilizaban trajes de colores fuertes y muy especialmente negros y rojos. El resto de los hombres se pintaban el cuerpo con esos mismos tonos.

También a la hora de los enfrentamientos bélicos los mayas exhibían una prolífica estratificación de mandos. A la cabeza de las tropas se hallaba el propio soberano, quien marchaba con sus ropajes elegantes y adornos de plumas y jade en su casco. Por lo general también iba envuelto en una piel de jaguar, no sólo como símbolo de su poderío, sino también como protección contra los dardos y flechas enemigas. El ejército estaba compuesto por una enorme mayoría de soldados comunes, llamados "holcanes", quienes recibían una pequeña paga que les aseguraba el sustento.

La protección que utilizaban los mayas consistía en una especie de vendas alrededor de brazos y piernas y pequeños sacos acol­chados con algodón en rama. Los jefes utilizaban morriones de madera con adornos de pluma. Las armas predilectas de los mayas eran las lanzas con puntas de pedernal, hachas pequeñas de metal, y el arco y la flecha. Los arcos siempre eran de un tamaño menor al que lo portaba y las flechas, cargadas en un carcaj, eran de caña, punta de pedernal, y alcanzaban un largo de poco más de un metro.

 Guerrero maya en el siglo XVI

Las operaciones bélicas propiamente dichas las dirigía un funcionario especialmente designado para ello: el "nacom", sobre quien recaía la responsa­bilidad directa. Era la suprema autoridad militar, que se elegía cada tres años en relación con sus hazañas militares. Durante su mandato tenía completamente prohibido mante­ner relaciones sexuales, comer carne y beber alcohol.

En el último nivel estaban los esclavos o pentacoob. Podían ser prisioneros de guerra (destinados a los sacrificios humanos), se compraban en las poblaciones vecinas o eran ladrones y asesinos que adquirían esa condición.

Referencias:
MONTENEGRO González, Augusto. Civilización. Norma
Grandes Civilizaciones de la Historia. Sol90

 
 
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