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Bogotá: Urbanismo colonial

 
 

El urbanismo colonial


Calle típica de la arquitectura colonial (1538-1819) que subsiste en el centro histórico de la ciudad

El trazado urbano de San­ta Fe, en el momento de su fundación, correspondió con los esquemas de las ciuda­des nuevas fundadas en el período de la Conquista. El modelo hispano aplicado en América tenía su centro en la plaza, el espacio público más importante. Las cuadras o manzanas, delimitadas por calles rectas, eran terrenos destinados para el reparto de solares a los habitantes, cuya jerarquía se determi­naba según la proximidad o lejanía de la plaza. Para la Iglesia y la Corona, institucio­nes dominantes, se reserva­ban lugares destacados en el marco de la plaza. En los alrededores de la ciudad se disponían reservas de tierras para fines comunes llamadas ejidos. El desarrollo inicial de Bogotá se produjo a lo largo de la calle Real del Comer­cio, hoy carrera Séptima, la que unía la plaza de Las Hierbas, hoy parque Santander, con la Plaza Mayor. El paso de los ríos San Fran­cisco y San Agustín, límites naturales de la fundación, dio origen a la construcción de puentes, que permitieron la comunicación entre los diversos barrios de la ciudad y favorecieron su expansión tanto al norte como al sur.

Ese crecimiento gradual fue determinado por el in­cremento en la población y en las actividades admi­nistrativas y económicas. El asentamiento de numerosas órdenes religiosas propició una intensa actividad edifica­dora de conventos e iglesias para alojar a sus miembros, a los estudiantes de sus escuelas y colegios y a los feligreses en las innumerables fiestas del calendario religioso. Los puntos extremos de la ciu­dad fueron la recoleta de San Diego al norte, edificada a comienzos del siglo XVII, y el convento de San Agustín y la iglesia de Santa Bárbara, en el límite sur de la ciudad.

Pocos eventos especia­les marcaron el desarrollo urbano entre 1650 y 1750. Plazuelas y atrios abiertos en las cercanías de los templos enriquecieron el espacio público. La plazuela de San Carlos, hoy llamada Rufino José Cuervo, se construyó a fines del siglo XVII enfrente de la iglesia de San Ignacio, que formó parte del con­junto conventual y educativo de la comunidad jesuítica. La plazuela de Las Nieves, delante de la iglesia del mis­mo nombre, hoy plazuela de Caldas, data de la misma época. A fines del siglo XVIII, se dieron al servicio dos paseos arbolados llamados alamedas. El primero, actual carrera 13, se inició en la plazuela de San Victorino y se prolongó hacia el norte en una longitud de 3 kilómetros. Esta alameda fue el límite occidental de Bogotá convir­tiéndose en uno de los ejes importantes en el desarrollo de la ciudad. Posteriormente se dio al servicio una segunda alameda en dirección occi­dente, actual calle 13, la cual se comunicó con el camino que conducía a la población vecina de Fontibón, para continuar el recorrido hacia Honda y, por el río Magda­lena, hacia el mar.


Urbanorama de Santa fe por Joseph Aparicio Morata, 1772.

Al finalizar el período co­lonial, la ciudad de Santa Fe era un conjunto urbano ordenado, con su trazado en cuadrícula, esbozado tres siglos antes por los conquistadores españoles. Las torres de las iglesias se destacaban por encima de las demás edificaciones como puede apreciarse en el urbanorama dibujado en 1772 por Joseph Aparicio Morata, dibujo que muestra la silueta de Bogotá contra el telón de fondo de los cerros de Monserrate y Guadalupe, puntos de referencia obligados para la ciudad.