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Actividades Económicas: La Minería

 
 

La actividad minera está asociada a la existencia de unos recursos naturales no renovables y a la extracción de los mismos; otros sectores de la economía, como la industria y la agricultura, demandan para su desarrollo una buena proporción de recursos mineros, presionando así sobre los territorios que los poseen. En las últimas décadas, América Latina se ha convertido en la región receptora de buena parte de la inversión transnacional en minería, pero, adicionalmente, en un espacio geográfico fuertemente transformado y de conflictos ambientales deri­vados del modelo de minería que ha desarrollado.

La actividad extractiva se realiza bajo dos formas: La minería tradicional o pequeña minería, con poca tecnolo­gía, alta utilización de mano de obra y en ocasiones con mano de obra infantil. Genera fuertes impactos en el ambiente y en la salud de los trabajadores. Algunos ejemplos de esta tipología son la mine­ría del oro y la de carbón. La gran minería, desarrollada por empresas transnacionales, es altamente tecnificada, utiliza poca mano de obra. Aunque sus empresas matrices les exigen programas de manejo del medio ambien­te, también generan impactos ambientales. Aportan regalías a las regiones donde realizan la extracción de recursos mineros.

En el período de la posguerra se produjo un rápido crecimiento en la demanda general de minerales, ya que entre 1958 y 1970 la pro­ducción de todas las industrias extractivas au­mentó en un 214 %. Este crecimiento ha acu­ciado la búsqueda de nuevas fuentes de riqueza mineral y ha alentado varios progre­sos en los métodos y técnicas de prospección. Los adelantos en la interpretación de las fotografías aéreas y en la creación de instru­mentos para la aviación permiten hoy efectuar prospecciones generales sobre zonas muy am­plias. Los equipos de tierra pueden realizar detalladas mediciones de la radiactividad, densidad de las rocas y magnetismo en aque­llas localidades que parecen justificar un es­crutinio más detallado. Finalmente, cabe efectuar sondeos para examinar muestras y evaluar el potencial económico de ciertos lu­gares. Esta secuencia de operaciones ha transformado la prospección en una tarea sis­temática capaz de lograr éxitos espectacula­res en todos los lugares. Así, aunque a largo plazo el suministro natural de minerales es obviamente finito, los cálculos de las reservas han sido sometidos a frecuentes revisiones.

En este punto es necesario distinguir entre un depósito (una concentración de minerales) y un recurso. Un depósito sólo será explotado si la extracción puede quedar justificada sobre una base económica o políti­ca. Por lo tanto, en términos económicos los recursos pueden ser definidos como aquellos depósitos adecuados para una explotación provechosa dadas las condiciones existentes; los recursos potenciales o reservas son aqué­llos que sólo serán explotados si disminuyen los costes o aumentan los precios.

Factores económicos

En condiciones de perfecta competencia, el margen de beneficio determinará qué depósi­tos han de ser explotados. La extracción de cualquier mineral dependerá, por consiguien­te, del precio que sea posible obtener, de los costes de producción en la mina, y del coste del transporte del mineral al mercado. Como se sabe, para las unidades de producción el beneficio es igual al precio menos el coste de producción y transporte.


Mina de explotación a cielo abierto, Marmato, Caldas, Colombia. Este pueblo ha vivido de la minería durante décadas, excavando el interior del subsuelo, y extrayendo el oro de forma artesanal.  Sus reservas se estiman en unas 5.3 millones de onzas troy de Oro, equivalentes a 164.9 toneladas de metal

Los precios

Reflejan la escasez y el valor de un artículo: los diamantes son escasos y ca­ros, pero arenas y gravas son corrientes y re­lativamente baratas. Cuando un mineral es abundante existe entre las empresas una ten­dencia a mostrarse más selectivas en la elec­ción de los depósitos que han de explotar.

Los niveles de precio de numerosos mine­rales son más notables por sus cambios fre­cuentes. Cuando los precios son altos, el suministro se ajusta a los nuevos niveles de demanda, pero entre tanto cabe que los clientes busquen materias sustitutivas. Un leve descenso en la demanda es acompañado entonces por un exceso en la producción y un rápido declive en el precio. Los centros mar­ginales dejan de producir, los suministros son limitados, y los precios suben de nuevo. Estos acontecimientos son especialmente nocivos para aquellos países subdesarrollados que dependen de los minerales que exportan.

Costes de transporte

Las minas situadas cerca de sus mercados se hallan en una posición ventajosa respecto a la competencia. Cuando los pre­cios son bajos, como en el caso de la grava, sólo resulta rentable explotar los depósitos más próximos, mientras que en el caso del cobre y el hierro es rentable su traslado a ciertas distancias.

Coste de producción

La minería depende también de la forma de explotación. La perforación, posiblemente el sistema más eficiente de producción, única­mente es practicable para extraer del subsue­lo productos líquidos o gaseosos. Algunos minerales pueden extraerse disueltos pero otros no, y en ese caso es preciso recurrir a la minería de pozo, que requiere inversiones considerables, o bien a la excavación de su­perficie. En este último caso, la explotación puede automatizarse por completo.
El desarrollo de los recursos minerales en regiones remotas e inhospitalarias ha centrado la atención en dos elementos de los costes de producción: la mano de obra y la infraestructura. En los países subdesarrollados, la compañía minera necesitara adiestrar a una mano de obra local para utilizar las excavadoras o las palas mecanicas, necesitara importar mano de obra con salarios elevados.

Cambio tec­nológico

Los progresos en la ingeniería pue­den afectar profundamente a la explotación mineral. Se han descubierto reservas desco­nocidas gracias a la introducción de nuevas técnicas de prospección, en tanto que los recursos de las plataformas continentales pue­den ser hoy explotados utilizando los recien­tes adelantos en plataformas perforadoras. Por parte de la demanda, el progreso técnico en otras industrias manufactureras puede conducir a una nueva evaluación de las reser­vas existentes. Un ejemplo de ello es el in­vento del proceso siderúrgico del acero en 1879, debido a Thomas-Gilchrist. Al facilitar la utilización de menas de hierro con un ele­vado contenido de fósforo, el proceso permi­tió la rápida explotación de los depósitos de Lorena, Laponia y Bergslagen (este último en Suecia). En época más reciente, la utiliza­ción de la energía atómica ha creado una nueva demanda de uranio.

Consideraciones políticas

Generalmente, hay cinco razones por las que los gobiernos tratan de dominar las fuerzas del mercado: mantener o alentar el empleo en la minería, conservar una balanza de pagos favorable, salvaguardar una reserva estratégica de meterias primas, restaurar o proteger el medio ambiente, o bien compensar el gasto nacional en otras esferas. Entre las formas de intervención, figuran los acuerdos internacionales de precios, las tarifas o cupos, y los impuestos o subsidios.
El control directo estatal puede adaptarse por lo menos de tres formas. La primera implica una propiedad total, o nacionalización. Otros tipos de intervención son la propiedad mayoritaria del gobierno en una empresa privada, o el empleo de compañías privadas bajo contrato con el estado.

Desarrollo económico y minero

Cada vez más el aumento de la demanda mundial en cuanto a minerales ha sido correspondido por una mejora en los suministros de los países subdesarrollados de África, de Asia meridional y Latinoamérica y de otras regiones subdesarrolladas, tales como el norte de Canadá y Australia occidental. Por lo tanto, es oportuno investigar hasta qué punto la explotación de estas nuevas fuentes va a inducir un crecimiento económico a mayor escala. Cabe con­siderar tres tipos de desarrollo. El primero, inversión en los equipos y la infraestructura de minas, necesita poca preparación. Las principales nacio­nes consumidoras suelen estar dispues­tas a invertir grandes capitales, siempre y cuando un depósito sea adecuado para la explotación.

El segundo tipo, crecimiento en la eco­nomía nacional, es de una evaluación más difícil. Como mínimo, una gran re­serva de mineral garantiza una afluen­cia de divisas en el país productor. Ade­más, en ciertos casos el equipo y la in­fraestructura utilizados en la extrac­ción de minerales son obra de fabri­cantes situados en el mismo país. El tercer tipo de crecimiento econó­mico tiene lugar cuando los procesos de manufactura se efectúan en la región minera. Generalmente, esto abarca la construcción de elementos de re­finado que es un medio de añadir valor a la materia primaria. Diversos factores sugieren la improbabilidad de que se produzca un cambio radical con respecto a esta norma. La ventaja ini­cial de los países desarrollados y la escasez de capital, mano de obra espe­cializada y mercados locales en las na­ciones menos afortunadas, sólo pueden ser superadas con un coste muy elevado. Por lo tanto, aunque el descubri­miento de depósitos minerales pueda aportar una valiosa fuente de ingresos, tan sólo dará lugar a un desarrollo es­trictamente localizado.

Efectos en el medio ambiente

En au­sencia de controles efectivos una mina o una cantera pueden contaminar el paisaje que las rodea. La minería de pozos causa profundas cicatrices en la superficie, y las perforaciones pueden ocasionar amplios daños y perjuicios. En ambos casos los productos de de­secho suelen ser amontonados de for­ma desagradable, o bien diseminados con el correspondiente detrimento a largo plazo de la vida vegetal y la agri­cultura. Las fundiciones pueden ser también agentes de contaminación si hay desprendimiento de productos quí­micos nocivos que van a parar a los ríos o a la atmósfera. Para el país subdesarrollado, estos peligros pueden pa­recer un precio pequeño que pagar a cambio de la inversión extranjera, pero la situación es muy distinta en aque­llos países de densa población y en los que el ingreso nacional es elevado, y al mismo tiempo la opinión pública otorga una alta prioridad a la necesi­dad de la conservación del medio am­biente. Los gobiernos pueden responder con una legislación que excluya las in­dustrias extractivas de las zonas urba­nas o paisajísticas, y que obligue a nuevos controles en aquellas explota­ciones que están permitidas. Entre es­tas medidas puede figurar el vallado con árboles, un impuesto para asegurar una restauración adecuada, unas protecciones para evitar ulteriores hundi­mientos, y leyes para evitar la conta­minación producida por sustancias químicas. Las políticas de este tipo im­plican inevitablemente unos costes de operación inevitables, que son general­mente absorbidos por las compañías mineras. Estas últimas pueden replicar con la explotación de minas y canteras en otros países, hecho que a veces cau­sa preocupaciones en los círculos gu­bernamentales en las épocas de rece­sión económica.

 
 
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