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Actividades Económicas: La Agricultura

 
 

La agricultura es la explotación metódica de los suelos. Gran parte de los productos agrícolas son consumidos más o menos directamente, sobre todo en las zonas en las que predomina la agricultura de subsis­tencia. En otros lugares, los productos agrí­colas son utilizados en una amplia gama de industrias, desde las de obtención de alimen­tos derivados y fibras textiles, hasta las del sector químico y manufacturero.

La aparición de la agricultura supuso la primera gran revolución en la historia de la humanidad. Cuando consiguió controlar el crecimiento de las plantas y almacenar los ex­cedentes de esa producción, el hombre se convirtió, de animal recolector de los produc­tos que la naturaleza le ofrecía, en director de su producción. Los excedentes, por su parte, dieron origen al comercio.

La investigación de los orígenes de la agri­cultura ha revelado que existieron varias zonas primarias, en las cuales los hombres comenzaron a cultivar la tierra de forma inde­pendiente, y también a domesticar animales.

Tipos de agricultura

Agricultura tradicional y de subsistencia

A pesar de la rápida modernización de la agricultura que tiene lugar en muchos países, son mayoría los agricultores -casi todos en países en vías de desarrollo- que para sub­sistir siguen dependiendo de los sistemas tra­dicionales de agricultura. El terreno es admi­nistrado con el objeto primordial de facilitar al propietario y a quienes dependen de él sus necesidades básicas, y tales actividades reci­ben el apropiado nombre de agricultura de subsistencia.

Los agricultores tradicionales, o paleotécnicos, utilizan el esfuerzo humano o animal para las grandes tareas agrícolas de la labran­za y la recolección. Los sistemas tradicionales pueden ser clasi­ficados de acuerdo con las funciones de la finca -arable, para ganado o mixta-, o bien según el tiempo en que un campo o parcela es labrado normalmente de acuerdo con el cultivo local. Los sistemas de barbecho dependen prin­cipalmente, para la conservación de la fertili­dad, del período de descanso concedido al suelo al mantenerlo inactivo.

La agricultura itinerante

Es un sistema agrícola tradicional y todavía muy difundido, en el que se cultivan claros temporales en el bosque, junto con otros tipos de vegetación, durante varias estacio­nes, para abandonarlos después, cuando su fertilidad disminuye, y sustituirlos por nuevos claros abiertos en otros lugares. Con este sis­tema, el rendimiento decae con gran rapidez, a menudo en un 50 % al tercer año, de modo que el período de cultivo en cada lugar es breve. Una vez abandonados, estos campos temporales son repoblados por vegetación sil­vestre hasta que de nuevo son despejados para su cultivo.

La vegetación es eliminada por siega e in­cendio. La eliminación puede ser parcial, ya que a veces se planta a un lado y a otro, en­tre tocones de árboles abatidos o entre los es­combros resultantes después del fuego. Las cenizas que permanecen en la superficie del suelo aportan materias nutritivas inmediata­mente aprovechables para lo que se planta. Por lo tanto, el fuego actúa como un tosco proceso de fertilización productor de elemen­tos nutritivos que, en circunstancias normales, contienen los campos de cultivo.


La agricultura itinerante se practica en todas las selvas tropicales del mundo. Consiste en roturar un terreno, o eliminar la vegetación por el fuego para abrir un claro. El fuego deja el suelo cubierto de cenizas, que actúan como fertilizantes. No obstante, los nutrientes se agotan en poco tiempo y es preciso abandonar el claro cultivado para abrir otro nuevo más lejos.
 

Esta forma de explotación de la tierra pre­senta una particular importancia en las selvas tropicales, cuyo suelo es incapaz de acumular nutrientes; la única forma de reemplazarlos es dejar que la vegetación invada de nuevo la zona cultivada. Como en el caso anterior, la productividad de la agricultura itinerante es baja, y las tribus que practican esta última en la actualidad defienden celosamente terri­torios que en apariencia, y en relación con su importancia numérica, son desproporciona­damente extensos.

El método de la tierra quemada se practica todavía en amplias zonas de los trópicos, principalmente en el África tropical, la cuen­ca del Amazonas, Papúa Nueva Guinea y partes de Camboya, Thailandia y Laos. En otro tiempo corriente en los bosques templa­dos, en Europa fue practicado desde la prehistoria hasta entrado el siglo XX.

La rotación de cultivos

Este sistema se desarrolló principalmente en las regiones templadas de Europa. Como su nombre indica, se basa en la rotación o alternancia de cosechas de barbecho a breve plazo y el empleo de abono animal, y evolu­cionó gradualmente a partir de finales de la prehistoria. Su característica principal fue la incorporación de rebaños de animales do­mésticos, especialmente vacas y caballos, como animales de tiro y suministradores de carne, leche y estiércol. La producción se centró en el trigo, la cebada, el centeno y la avena, y el instrumento clásico fue el arado arrastrado por buey o caballo.

En los primeros tiempos históricos se em­pleó un ciclo de rotación de dos campos en el que éstos eran alternativamente plantados con cereales y barbechados, y al ganado se le permitía pacer en ellos después de la cose­cha. Pero gradualmente surgieron rotaciones de tres campos o más complejas que integra­ban las temporadas de barbecho en cosechas sucesivas que implicaban a su vez el cultivo de cereales, el de tubérculos y los campos de pasto. Esta rotación de tres campos fue la base del sistema señorial que constituiría el fundamento de la agricultura europea hasta el siglo XVIII. Combinaba felizmente una alta productividad con la conservación de la ferti­lidad del suelo.

Horticultura de parcela fija

En este tipo de cultivo es característico el uso continuado de pequeñas parcelas, a me­nudo parte tradicional de la organización agrícola, tanto en las zonas tropicales como en las templadas. La producción suele enfo­carse hacia el cultivo de árboles, en particular frutales, y a menudo en asociación con horta­lizas. Se concede especial atención a cada planta, y son característicos los métodos ma­nuales de propagación, plantación y recolec­ción. Sus productos son consumidos directa­mente por quienes los producen o son vendi­dos en las ciudades y pueblos vecinos.

En los trópicos esta horticultura todavía se practica ampliamente. Se cultiva una gran va­riedad de árboles, arbustos y plantas trepado­ras y herbáceas, y la productividad suele ser elevada. Generalmente, estos productos sólo facilitan una parte del alimento necesario para la población, y las cosechas de granos y tubérculos son obtenidas por cultivo itineran­te lejos de los poblados. En las regiones templadas, la horticultura tradicional ha dejado paso por lo general a la jardinería moderna con fines comerciales. No obstante, en el Mediterráneo subsiste una variante comercial centrada en el cultivo del olivo, la viña y diversos árboles frutales.

El sistema «padi-húmedo»

El sistema llamado «padi-húmedo» se limita al sur y al este tropicales de Asia (India hasta China e Indonesia), donde sustenta a la ma­yor concentración mundial de población ru­ral. Nunca se ha llegado a establecer en los trópicos de África o América. La palabra padi procede del malayo y significa arroz, y cuando se habla de «padi-húmedo» se alude a un sistema único de cultivo, basado en el su­ministro y exacta regulación de agua a una serie de terrazas o campos encharcados en los que se ha plantado manualmente arroz u otro grano.

El sistema tuvo su origen en el sureste de Asia, y su capacidad extraordinaria para sus­tentar a la población se debe al cuidado con el que se distribuye el agua y se preparan y mantienen los campos mediante labores ma­nuales.

En ciertas regiones del globo, que registran las densidades de población más altas, la eco­nomía se basa en el sistema de cultivo padi. En China, en el valle de Yang-tse-kiang, la densidad de población rebasa en algunas par­tes los 730 hab./km2, y en la región norcentral de Java, en Indonesia, se alcanzan valores de hasta 1.900. La escasa mecanización así como la utilización masiva de mano de obra son ca­racterísticas de la agricultura de estas regio­nes superpobladas.

Otros tipos de cultivo

El cultivo de cereales en seco, al contrario de lo que sucede con el sistema empleado para el arroz, afecta al mijo, al arroz en tierras altas, al maíz y al trigo. Estas cosechas aportan la base fundamental de la alimenta­ción, dominada por los hidratos de carbo­no, en la India occidental, el norte de China y gran parte de Latinoamérica y de África. En las zonas más secas, donde la lluvia no es constante ni predecible, los campesinos suelen dedicarse sobre todo al cultivo mix­to, con la intención de evitar una pérdida total en años de sequía. Generalmente, no hay sistemas efectivos de almacenaje, y el hambre es una amenaza siempre pre­sente.

La agricultura comercial moderna


Las técnicas agrícolas se caracterizan, en el mundo desarrollado, por un elevado grado de mecanización, un volumen de mano de obra consecuentemente bajo (de un 3 % en Gran Bretaña) y, en general, un uso intensi­vo del terreno. Al igual que los sistemas tra­dicionales, los sistemas agrícolas modernos pueden ser divididos en arables, de ganadería o mixtos. Dentro de estas amplias divisiones, sin embargo, las variaciones de tamaño, de función y de técnicas son ordinariamente considerables, lo que hace difícil esbozar una clasificación más precisa.


La agricultura moderna, mecanizada y científica, permite la disminución de la mano de obra y un mejor aprovechamiento del terreno.

Debido a la gran diversidad de la agricultura comercial, a veces es útil trazar una distin­ción entre las fincas pequeñas y las grandes. Las pequeñas adolecen de una falta de flexi­bilidad; se requiere un alto nivel de beneficio por hectárea y como resultado queda restrin­gido el número de opciones.

En cambio las grandes explotaciones, orga­nizadas a gran escala y con inversiones consi­derables que en ocasiones sólo comienzan a producir beneficios transcurridos varios años, tienen una alta rentabilidad.

El cultivo industrial de cereales se concen­tra en las latitudes templadas. La cosecha principal es el trigo, si bien la cebada, la ave­na y el maíz pueden predominar en ciertas regiones. El trigo es el cultivo más difundido, sobre una base extensiva de monocultivo, en las zonas semiáridas, y cubre hoy un sexto del área total cultivada en el mundo. Las fincas son gran­des, a menudo superiores a las 800 hectáreas, y están muy mecanizadas. El grano es vendi­do preferentemente para alimentar el ganado con él.

El cultivo de los productos comerciales tro­picales depende en casi su totalidad de la demanda del mundo desarrollado. Esta de­manda no suele ser fija, y los precios fluctúan alarmantemente, lo que provoca graves con­secuencias para los países que dependen to­talmente de la exportación de productos agrarios comerciales. Estos últimos presentan una gran variabilidad y abarcan desde el cau­cho y el cacao, que se cosechan permanente­mente, hasta el azúcar, de cosecha anual, pa­sando por el café, el plátano, el algodón o el yute.

 
 
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