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Jenófanes (580-475 a.C.)

 
 

Jenófanes
Jenófanes, grabado del siglo XVII.

Natural de Colófon, de donde huyó cuando tenía unos 25 años, al ser tomada la ciudad por los medos. Vinculado a la escuela milesia por origen y por la estructura de su cosmología, tradicionalmente se lo ha considerado fundador de la escuela eleática y del monismo.

En su doctrina aparece claramente la contraposición entre verdad y apariencia, certeza y opinión. No hay certeza, todo son opiniones. Lo cierto no lo supo ningún hombre, ni habrá nadie que lo sepa.

El primer principio de las cosas es la tierra, de la cual salen y a la cual vuelven todas las cosas. Lo viviente nace del fango, es decir, de la tierra mezclada con el agua. La Tierra es limitada y no está rodeada por el aire, ni por el cielo. Los astros se forman de las exhalaciones desprendidas de la Tierra bajo el calor del Sol, las cuales ascienden en forma de pequeñas centellas que se acumulan, inflaman y desaparecen diariamente. El mundo estrena cada mañana un nuevo Sol. La Luna es una nube densa, con luz propia, que se forma y se extingue cada mes. El arco iris es una niebla aparente de varios colores.

Jenófanes combate el politeísmo y proclama la existencia de un dios único, eterno, inmóvil, inmutable, inalterable, inteligentísimo, que está por encima de todos los dioses, no se parece en nada a los hombres y mueve todas las cosas con su pensamiento. Proclama una vida más austera que la común en su tiempo, critica duramente las costumbres de sus contemporáneos, su afición por el lujo, los placeres y los deportes que anteponen la fuerza bruta a la sabiduría y la virtud.