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Expedición Botánica: Ciencia e Ilustración

Carlos Linneo
Pierre-Narciso Guérin. Retrato alegórico de Carlos Linneo. Grabado por Acorie Baron y Pedritt. Colección J.A. Amaya, Bogotá.

Los grandes descubrimientos científicos de los siglos XVII y XVIII y los aportes de los teóricos del racionalismo hicieron que monarcas y filósofos manifestaran una pasión notable por las ciencias, que llegaría a las colonias americanas.

Antecedentes:

En el siglo XVIII, o “Siglo de las Luces”, la conquista de las ciencias naturales se convirtió en una verdadera obsesión. Botánicos, matemáticos, químicos y naturalistas opinaban que la Ilustración, centrada en la razón y la ciencia, libraría a la humanidad de toda vinculación espiritual y de los valores tradicionales. Así, la ciencia fue considerada el único camino para descifrar los secretos de la naturaleza, llegar al conocimiento verdadero y al progreso de la sociedad.

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Política en la Edad Media

La alta Edad Media

La Edad Media heredó buena parte de la tradición política romana, la cual fue adaptada con dos elemen­tos novedosos:

  • La tradición germánica. La mayor parte de estos pueblos que comenzaron a entrar en el Imperio romano, hacia el siglo III, eran germanos nómadas y guerreros. La actividad económi­ca y comercial romana fue rem­plazada por la agricultura y el trueque germano, lo que trajo consigo un fraccionamiento de la vida social y una disgregación de los poderes. El espíritu de ciu­dadanía que había caracterizado a los romanos, retrocedió ante la carencia de convicción patriótica de los germanos.
  • La ideología del cristianismo. El cristianismo dio lugar a profun­dos cambios del antiguo orden imperial, especialmente a partir de la conversión de Constantino, porque al perder como emperador su carácter sagrado, la fun­ción imperial vio disminuido su prestigio y autoridad. Además, en un rápido proceso, el cristia­nismo se convirtió en la religión oficial del Imperio, lo que pene­tró la mayor parte de sus estruc­turas estatales.
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La Primera Internacional Obrera

 Asociación Internacional de Trabajadores (AIT)

Ante las crecientes demandas del movimiento obrero mundial, se funda en Londres el 28 de septiembre de 1864 la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) ó Primera Internacional Obrera. La AIT será, al menos en sus objetivos, la primera tentativa consciente y coherente de organizar a la clase obrera a nivel internacional, para luchar contra el sistema económico capitalista. Agrupó inicialmente a los sindicalistas ingleses, anarquistas y socialistas franceses e italianos republicanos. Sus fines eran la organización política del proletariado en Europa y el resto del mundo, así como un foro para examinar problemas en común y proponer líneas de acción. Colaboraron en ella Karl Marx y Friedrich Engels. En 1872 el Consejo General de la AIT se traslada desde Londres, donde estuvo ubicado desde sus inicios, a Nueva York, disolviéndose oficialmente en 1876.

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Política en el siglo XX

El marxismo-leninismo

Las ideas marxistas fueron puestas en práctica en Rusia tras la victoria de la Revolución bolchevique de 1917, la cual acabó con el gobierno autoritario del Zar. Para entonces, Rusia era un país mayoritariamente rural, su industrialización aún era in­cipiente.

El marxismo había sido elaborado para sociedades capitalistas que de­bían hacer el tránsito al comunismo, y como Rusia no cumplía con esta característica, la ideología de Marx-Engels sufrió su primera interpreta­ción, la cual fue llevada a cabo por Vladimir llich Lenin (1870-1924), el líder de la Re­volución de 1917. Lenin compartía la teoría marxista de que una revolu­ción socialista debía ser un movimiento proletario, pero al carecer de estos, involucró a los campesi­nos en su proyecto político.

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Internacionalismo

"Una perspectiva global"

El internacionalismo es un concepto relativamente reciente. En sentido estricto, se refiere a la unión de todas las naciones en una empresa colectiva que exija acción cooperativa. Ha ganado fuerza desde que el mundo se ha encogido —gracias, sobre todo, a los modernos métodos de comunicación rápida— hasta convertirse en una «aldea global». Durante la mayor parte del siglo XX, las sangrientas divisiones de Europa y la guerra fría que desde 1945 enfrentó al capitalismo occidental con el bloque oriental comunista impidieron que la atención de Occidente se centrara en la cuestión internacional más importante: la abismal disparidad económica entre las naciones ricas y las pobres.

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Marxismo

“Cuando la economía lo determina todo”

 Karl Marx

Toda la obra y el pensamiento de Karl Marx (1818-1883) se basan en su convicción de que toda actividad humana está determinada por la economía. Aunque le interesaba mucho la política, Marx creía que la actividad política —lo mismo que la religión, la moral y la cultura— adopta una forma u otra, según el sistema económico en el que ha surgido. Y a lo largo de todos los siglos de la historia humana —pero sobre todo en el sistema económico del capitalismo— se repetía una misma pauta: la lucha de clases y la explotación de una clase por otra.

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Imperialismo

“Poder, prestigio y rapiña”

El principal motivo para la formación de los imperios ha sido económico. Roma dependía de los campos de trigo del Mediterráneo oriental, y los imperios europeos en el Nuevo Mundo surgieron durante el Renacimiento debido a la incansable búsqueda de una ruta marítima a las riquezas de Oriente, una búsqueda que dio como resultado el descubrimiento accidental de América. Sin embargo, las disputas por África en las últimas décadas del siglo XIX parecían a veces una simple competición entre las potencias europeas por el prestigio y poder que confería la adquisición de territorios en ultramar. Y la búsqueda de materias primas y mercados quedaba a menudo camuflada por las actividades de los misioneros cristianos. Sean cuales sean sus motivos, el imperialismo lleva siempre aparejado, de una forma o de otra, el sometimiento de los pueblos nativos al dominio extranjero y a la interferencia en sus costumbres.

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Socialismo

“Economía y desigualdad”

Las raíces del socialismo moderno se remontan al interés de la Ilustración por el progreso humano y su respuesta a los problemas sociales y desigualdades económicas, puestos de relieve por el auge del industrialismo. “La felicidad es una idea nueva en Europa”, escribió en 1791 el revolucionario francés Louis de Saint-Just (1767-1794). Para el inglés Jeremy Bentham (1748-1832), padre del utilitarismo, la búsqueda de la felicidad no es una empresa individual, sino colectiva. Los utilitaristas sostienen que lo más importante de toda legislación es si aumenta o reduce «la mayor felicidad del mayor número de personas». Según los socialistas, para lograr este objetivo los gobiernos tienen que intervenir en los asuntos sociales y económicos, declarando la guerra a las injusticias, las desigualdades y las diferencias de clase que son el resultado inevitable del capitalismo industrial.

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Nacionalismo

La creación de una comunidad consanguínea”

El concepto de nacionalismo se basa en la creencia en que existen características que distinguen un grupo de personas de otro. La palabra procede del latín natio, que significa «lugar de nacimiento», de ahí surge la idea de un grupo tribal o social basado en una consanguinidad real o imaginaria. El nacionalismo es el principio político que afirma que las poblaciones con características nacionales comunes deben tener libertad para organizarse en estados soberanos e independientes. El nacionalismo moderno se remonta al siglo XVIII, uno de sus más grandes impulsadores fue el filósofo alemán Johann Gottfried von Herder (1744-1803)

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Conservadurismo

“Mirando atrás para ver el futuro”

Siempre han existido conservadores, personas que prefieren la seguridad del mundo tal como es a las nuevas maneras, aún no probadas, de hacer las cosas. Pero los orígenes del conservadurismo como fuerza política moderna se pueden remontar al movimiento contrarrevolucionario que se desarrolló en oposición al programa reformista de la Ilustración y la Revolución francesa. Uno de sus teóricos fue Edmund Burke (1729-97), en sus Reflexiones sobre la Revolución en Francia (1790). Burke era contrario a la idea de planificar la sociedad según un programa. Sostenía que las sociedades crecen orgánicamente a partir del pasado. En el lenguaje algo místico que les gusta usar a los conservadores, decía que toda sociedad era «una asociación, no sólo entre los vivos, sino entre los vivos, los difuntos y los que aún no han nacido».