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Política en el siglo XX

El marxismo-leninismo

Las ideas marxistas fueron puestas en práctica en Rusia tras la victoria de la Revolución bolchevique de 1917, la cual acabó con el gobierno autoritario del Zar. Para entonces, Rusia era un país mayoritariamente rural, su industrialización aún era in­cipiente.

El marxismo había sido elaborado para sociedades capitalistas que de­bían hacer el tránsito al comunismo, y como Rusia no cumplía con esta característica, la ideología de Marx-Engels sufrió su primera interpreta­ción, la cual fue llevada a cabo por Vladimir llich Lenin (1870-1924), el líder de la Re­volución de 1917. Lenin compartía la teoría marxista de que una revolu­ción socialista debía ser un movimiento proletario, pero al carecer de estos, involucró a los campesi­nos en su proyecto político.

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Política en la Edad Media

La alta Edad Media

La Edad Media heredó buena parte de la tradición política romana, la cual fue adaptada con dos elemen­tos novedosos:

  • La tradición germánica. La mayor parte de estos pueblos que comenzaron a entrar en el Imperio romano, hacia el siglo III, eran germanos nómadas y guerreros. La actividad económi­ca y comercial romana fue rem­plazada por la agricultura y el trueque germano, lo que trajo consigo un fraccionamiento de la vida social y una disgregación de los poderes. El espíritu de ciu­dadanía que había caracterizado a los romanos, retrocedió ante la carencia de convicción patriótica de los germanos.
  • La ideología del cristianismo. El cristianismo dio lugar a profun­dos cambios del antiguo orden imperial, especialmente a partir de la conversión de Constantino, porque al perder como emperador su carácter sagrado, la fun­ción imperial vio disminuido su prestigio y autoridad. Además, en un rápido proceso, el cristia­nismo se convirtió en la religión oficial del Imperio, lo que pene­tró la mayor parte de sus estruc­turas estatales.
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Política en la Edad Contemporánea

El ascenso de la burguesía: liberalismo, nacionalismo y socialismo

La Revolución francesa

El proceso iniciado por la Revolución francesa tuvo repercusiones tras­cendentales en la historia política de Europa. Se trató de una ruptura con un orden político que venía desde la Edad Media, el cual, a pesar de los cambios propiciados por el huma­nismo y la Reforma, no había logra­do desligarse por completo de aquel antiguo orden en el que lo político estaba íntimamente ligado a la mo­narquía y a la religión.

Los antecedentes inmediatos a la Re­volución francesa se encuentran en las ideas de progreso que difundió la Ilustración y en el crecimiento de una burguesía económicamente poderosa y descontenta debido a su marginamiento en las decisiones políticas. Esta situación llevó a que se levantara en contra de los regímenes absolutis­tas europeosEl proceso estalló en 1789 y se dio en tres etapas: una primera que fue hasta el Imperio napoleónico, la se­gunda hasta la Revolución de 1830, y la tercera hasta la Revolución de 1848.

“La Libertad guiando al Pueblo”. Eugéne Delacroix, Óleo sobre tela, 1830.

El ideario político que desató el pro­ceso revolucionario francés, además de la Ilustración, fue aportado por el impacto de la independencia de las colonias inglesas en Norteamérica, en 1776. El fundamento se basaba en tres palabras: libertad, representatividad y democracia, las cuales eran los nuevos ideales que recorrían el continente. El impacto de estas tres palabras se entiende desde la necesi­dad que tenían los burgueses de opo­nerse a lo que se conocía como Antiguo Régimen, es decir, el con­junto de las condiciones políticas, económicas y sociales generadas por las monarquías absolutistas.

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Marxismo

“Cuando la economía lo determina todo”

 Karl Marx

Toda la obra y el pensamiento de Karl Marx (1818-1883) se basan en su convicción de que toda actividad humana está determinada por la economía. Aunque le interesaba mucho la política, Marx creía que la actividad política —lo mismo que la religión, la moral y la cultura— adopta una forma u otra, según el sistema económico en el que ha surgido. Y a lo largo de todos los siglos de la historia humana —pero sobre todo en el sistema económico del capitalismo— se repetía una misma pauta: la lucha de clases y la explotación de una clase por otra.

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Imperialismo

“Poder, prestigio y rapiña”

El principal motivo para la formación de los imperios ha sido económico. Roma dependía de los campos de trigo del Mediterráneo oriental, y los imperios europeos en el Nuevo Mundo surgieron durante el Renacimiento debido a la incansable búsqueda de una ruta marítima a las riquezas de Oriente, una búsqueda que dio como resultado el descubrimiento accidental de América. Sin embargo, las disputas por África en las últimas décadas del siglo XIX parecían a veces una simple competición entre las potencias europeas por el prestigio y poder que confería la adquisición de territorios en ultramar. Y la búsqueda de materias primas y mercados quedaba a menudo camuflada por las actividades de los misioneros cristianos. Sean cuales sean sus motivos, el imperialismo lleva siempre aparejado, de una forma o de otra, el sometimiento de los pueblos nativos al dominio extranjero y a la interferencia en sus costumbres.

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Socialismo

“Economía y desigualdad”

Las raíces del socialismo moderno se remontan al interés de la Ilustración por el progreso humano y su respuesta a los problemas sociales y desigualdades económicas, puestos de relieve por el auge del industrialismo. “La felicidad es una idea nueva en Europa”, escribió en 1791 el revolucionario francés Louis de Saint-Just (1767-1794). Para el inglés Jeremy Bentham (1748-1832), padre del utilitarismo, la búsqueda de la felicidad no es una empresa individual, sino colectiva. Los utilitaristas sostienen que lo más importante de toda legislación es si aumenta o reduce «la mayor felicidad del mayor número de personas». Según los socialistas, para lograr este objetivo los gobiernos tienen que intervenir en los asuntos sociales y económicos, declarando la guerra a las injusticias, las desigualdades y las diferencias de clase que son el resultado inevitable del capitalismo industrial.

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Nacionalismo

La creación de una comunidad consanguínea”

El concepto de nacionalismo se basa en la creencia en que existen características que distinguen un grupo de personas de otro. La palabra procede del latín natio, que significa «lugar de nacimiento», de ahí surge la idea de un grupo tribal o social basado en una consanguinidad real o imaginaria. El nacionalismo es el principio político que afirma que las poblaciones con características nacionales comunes deben tener libertad para organizarse en estados soberanos e independientes. El nacionalismo moderno se remonta al siglo XVIII, uno de sus más grandes impulsadores fue el filósofo alemán Johann Gottfried von Herder (1744-1803)

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Conservadurismo

“Mirando atrás para ver el futuro”

Siempre han existido conservadores, personas que prefieren la seguridad del mundo tal como es a las nuevas maneras, aún no probadas, de hacer las cosas. Pero los orígenes del conservadurismo como fuerza política moderna se pueden remontar al movimiento contrarrevolucionario que se desarrolló en oposición al programa reformista de la Ilustración y la Revolución francesa. Uno de sus teóricos fue Edmund Burke (1729-97), en sus Reflexiones sobre la Revolución en Francia (1790). Burke era contrario a la idea de planificar la sociedad según un programa. Sostenía que las sociedades crecen orgánicamente a partir del pasado. En el lenguaje algo místico que les gusta usar a los conservadores, decía que toda sociedad era «una asociación, no sólo entre los vivos, sino entre los vivos, los difuntos y los que aún no han nacido».

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Liberacionismo

“La liberación de los oprimidos”

  

Desde que existen gobernantes han existido opresores. De hecho, durante la mayor parte de la historia, las masas han estado oprimidas por unos pocos ricos y poderosos. La política de liberación de la era moderna —sobre todo en las democracias supuestamente liberales de Occidente— pretende que los políticos incluyan en sus programas la causa de los oprimidos. El objetivo es conquistar la igualdad de estatus personal y legal, y las mismas oportunidades económicas y de empleo para todos los colectivos de la sociedad.

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Liberalismo

Progreso y razón”

La base del liberalismo es la negativa a aceptar las demandas de la autoridad sólo porque las haga la autoridad. Los liberales no aceptan que las instituciones o las ideas tengan derecho a ser respetadas u obedecidas por el mero hecho de estar establecidas y consagradas por la costumbre. El liberalismo, que aspira al progreso en los asuntos humanos, hace hincapié en el poder de la razón humana para estudiar los problemas y encontrar soluciones. Además, el liberalismo es, por naturaleza, incluyente. Pretende integrar a todos en el gran proyecto del desarrollo moral, intelectual y material de la humanidad. Los padres del liberalismo son la revolución científica del siglo XVII y la Ilustración del siglo XVIII, y sus hermanos el laicismo y la democracia.

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